Opinión


La mejor educación para los más pobres

La mejor educación para los más pobres | La Crónica de Hoy

La masificación del sistema educativo mexicano fue espectacular. En 1950, el país tenía una matrícula de 3 millones de alumnos, para el año 2000 se incrementó hasta 30 millones. En ese lapso de tiempo el número de docentes se disparó, de 90 mil, a 1 millón 100 mil.

Este crecimiento acelerado tuvo efectos de diversa naturaleza sobre la educación. La cantidad siempre golpea a la calidad. Hubo nuevos problemas, menos recursos, más demanda de estudios, aumento de los rezagos, no pocos descuidos y muchas improvisaciones. Pero el efecto estructural más notable, como sucedió en otros países de la región latinoamericana, fue la declinación de los aprendizajes y la segregación interna del sistema educativo (Tedesco, J. C. 2010).
La expansión no fue uniforme y pareja. En las ciudades, hubo división. Las zonas urbanas clasemedieras fueron las que ganaron, frente a las colonias populares. Surgieron modalidades alternativas a la modalidad estándar: la educación indígena se encerró en una dinámica de autodesgaste y surgieron, junto a ella, las escuelas comunitarias de Conafe. Los niños más pobres del país recibieron desde entonces la más deficiente de las educaciones.
Estos fenómenos fueron similares a los que experimentaron países como Argentina, Colombia y Chile. Pero cada país tiene una historia particular. En México, con Conafe, se crearon unos servicios educativos distintos a los de una escuela regular. La enseñanza no está en esas escuelas en manos de maestros profesionales sino de jóvenes estudiantes de preparatoria a quienes se les paga mediante una beca, con el agregado de que, tras un año de trabajo en las escuelas comunitarias del joven voluntario, esa beca se extiende por un año más, a fin de que pueda continuar sus estudios superiores.
A lo largo de los años las escuelas crearon una aureola romántica en su alrededor. La leyenda las envuelve. El esfuerzo heroico de los jóvenes, los riesgos que corren diariamente al trabajar en las zonas más recónditas y, a veces, las más peligrosas, el esfuerzo generoso que realizan, todo ello ha contribuido a tejer la mitología de las escuelas comunitarias.
Todos los mexicanos debemos sentirnos orgullosos de ese esfuerzo colectivo. Pero la nueva política de equidad plantea nuevas exigencias: Andrés Manuel López Obrador ha dicho muy claramente, a la población más olvidada y más sufrida, a esa población hay que ofrecerle lo mejor de los servicios públicos. De otra manera la equidad no se logra, se queda en mera promesa.
En la época de la Cuarta Transformación no debe haber duda que las modalidades de educación como la indígena y la comunitaria, deben ser revisadas y, en su caso, reformuladas para asegurar que la mejor educación la reciban los que menos tienen.

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