Cultura


La memoria es la salvación de la muerte, señala Mario González

El poeta habla de su libro Nebde, del cual dice tiene el oleaje de los recuerdos. Ganó el premio de Poesía en el Concurso Literario sobre la Salud y Cultura de la Prevención en 2013.

La memoria es la salvación de la muerte, señala Mario González | La Crónica de Hoy

La memoria es ese juego de espejos que sólo se entiende gracias a la reflexión, señala Mario González Medrano.

Nebde es el poemario del joven poeta Mario González Medrano, quien nació en la Ciudad de México en 1986. Hay que decir de Mario fue galardonado en la categoría de Poesía en el Concurso Literario sobre la Salud y Cultura de la Prevención en 2013. Este poeta que estudió en la Sociedad de Escritores de México (Sogem) también ejerce la crítica literaria en diversos diarios y revistas. Algunos de sus textos se incluyeron en la antología Después del viento. Trece homenajes a Jesús Gardea, editada por el Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes, en Chihuahua. Conversamos con este escritor sobre su más reciente libro y sobre cómo la lectura y la tradición poética habitan en él.

— ¿El universo de Nebde está en los sueños o en la realidad?

— Comparte ambos. Hay personajes, como la madre, que sueña, y pareciera que ella sí vive, al menos lo más feliz de su vida, en el sueño, en ese letargo al que nos lanza el cansancio y en su caso la tristeza de una desaparición. Por otro lado, el sujeto poético, ese que puedo ser yo, pero también es una ficción, habita la realidad; para él, asirse de la realidad, de una verdad insoslayable, es fundamental, Aunque el telón de fondo de su mundo a veces parece tener el color y el ritmo del sueño.

— A lo largo del poemario la memoria juega un papel importante, ¿qué es la memoria para el poeta de Nebde?

La memoria es la salvación de la muerte. Es no ir a la nada. Para mí, la memoria, ese juego de espejos, sólo se entiende gracias a la reflexión, al mejor entendimiento de la realidad. Sin ser memorioso, busco que Nebde tenga el oleaje de los recuerdos, que su sonido sea el del mar golpeando la costa. La memoria es, aquí, el recuerdo en la mente del asesino, así de tortuosa, pero también con sus astillas de placer.

— En otro momento hay un salto hacia el ambiente marino y de pronto el lector vuela como ave, ¿por qué?

Creo que en esta pregunta se cifran las dos anteriores; por una parte, lo líquido tiene que ver con el sueño. Sin duda, ya Bachelard ha explicado mucho mejor esto, y lo que yo intento es poner a mis personajes en constante confrontación con el espejo líquido (aunque esta sea una imagen muy gastada). Por otra parte, esto también quiere saldar una deuda, mejor dicho, quiere entablar un diálogo con el gran poeta que fue José Gorostiza, quien hace una reflexión mucho más filosófica sobre el agua y su vaso que la contiene. En cuanto al aire, ese salto al vacío que representa al viento se muestra como una alegoría del pensamiento y la libertad. Todos estamos contenidos por el aire, como el agua en el vaso, pues somos, vuelvo a Gorostiza, peces del aire altísimo. Entonces, aquí hay una cercanía con Contemporáneos, porque también está la presencia de Xavier Villaurrutia, en el tono, quizá el ritmo, las atmósferas.

— ¿Qué poetas o tradiciones te inspiran?

— Hay mucho de algunos poetas de Contemporáneos, a quienes hay que leer siempre porque pertenecen a nuestra tradición. Una presencia constante en mis lecturas ha sido Antonio Gamoneda, uno de los más constantes y reflexivos poetas de la segunda mitad del siglo XX. En ese mismo sentido, muchos de los coetáneos de él me han inspirado: José Ángel Valente, Gabriel Celaya y Ángel González.

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