Opinión


La oferta culposa y la verdad sospechosa

La oferta culposa y  la verdad sospechosa | La Crónica de Hoy

Quizás mañana o pasado mañana; a lo más hasta el miércoles, todo depende de cual sea el acomodo conveniente de los datos y detalles, minuto a minuto, en la oferta presidencial de entregarle al pueblo la verdad verdadera, una y única; sólida y firme, porque nos ha dicho el Señor Presidente con semblante severo y palabra estremecida, toda la verdad os será dada en los primeros días de la próxima semana.

Tal nos prometió en el nombre de la transparencia, de la responsabilidad y de todas las virtudes de la nueva era, pero con eso nos abrió dos ventanas: una al porvenir cierto y otra a la cierta falsedad durante la pasada incertidumbre, porque si la realidad se exhibirá desnuda y espléndida la próxima semana, eso, ese simple hecho, nos confirma cómo nos han traído a rastras por el pantanoso predio de las mentiras, desde las patrañas de Alfonso Durazo, el más inepto de todos, hasta la altiva indignación por el mal gusto de los estadunidenses y sus intromisiones en los asuntos mexicanos (como si no fueran una tradición tolerada desde el gobierno), en los tiempos de la más acusada servidumbre —cooperación se le llama en el esponjoso lenguaje de Relaciones Exteriores (Felaciones, dicen otros)—, en materia migratoria cuyo rigor ya es hasta interplanetario: no se conforma la IV-T con expulsar a los emigrantes “transcontinentales” a Europa, la India y demás, sino hasta a los marcianos, si pudieran llegara a nuestras tierras, según ha dicho el soez Garduño, jefe del INM, en tono dizque humorístico.

Pero la verdad no es en sí misma esquiva ni huidiza.

Se le reconozca, proclame o exhiba no es asunto de ella, es cosa de quien la quiera usar en carga o en descarga de sus acciones o sus testimonios. La verdad no se esconde, alguien la quiere esconder. Y el mecanismo para hacerlo es la mentira. Y la mentira y la manipulación, ahora y en la hora de nuestra muerte, son la herramientas principales del lenguaje político.

Y cuando la mentira se pronuncia desde el poder, como escudo o espejo, como se quiera en cada caso, a veces tiene consecuencias. Quizás el grado de estas determine la verdadera madurez democrática de un sistema político. Mientras más primitivo sea un sistema, más permite, tolera y hasta fomenta la mentira. Y si no, pregúntele al compañero Evo.

Cuando ésta tiene consecuencias (a ­Bill Clinton le hicieron un juicio político por mentiroso, no por lujurioso), y en el reciente caso mexicano ya conocido como el fiasco de Culiacán, las mentiras o el ocultamiento de algunas verdades parciales, ha sido la constante.

Tanto como para hacer necesaria —una semana después— esta aparentemente comprometida confesión y oferta al mismo tiempo. Confesión de insuficiencia; promesa de satisfacción plena. Eso hizo el Ejecutivo.

Yo, personalmente, dudo mucho de la futura veracidad. Será tan falsa como los evangelios o cualquier verdad histórica. Pero bien contada.

Si la exhibición de la verdad del lunes o el martes o el miércoles o cuando sea, va a estar llena de gráficas y dibujitos; si no trae consigo la develación de los verdaderos compromisos con el gobierno de Estados Unidos (y eso es imposible), si no nos explica cuántos agentes extranjeros operan en nuestro territorio, si no desnuda la verdadera condición de subordinados del ICE, la DEA, la CIA y el Departamento de Estado, hasta para sudar las calentura por sus pedidos de extradición; por no hablar de la Casa Blanca, cuyo inquilino llama de inmediato para exigir explicaciones y quien sabe cuánto más, si todo eso no se nos dice humildemente, de nada servirá la palabra presidencial.

Será incompleta, por tanto no será relevante excepto para su propaganda.

Y si no acarrea el conocimiento del error original del caprichoso diseño de la Guardia Nacional y la Seguridad Pública en manos de incapaces, improvisados y falsarios, entonces nadaremos en agua de borrajas.

No se debe ofrecer transparencia, se debe ser transparente. Cuando se necesita lo primero, es porque se incurre en la opacidad. Nadie necesita prometer a futuro, cuanto su conducta lo exhibe en pasado.

Pero algunos hablan del beneficio de la duda. Nunca he sabido las benéficas consecuencias de dudar, excepto cuando se piensa como Cartesio y se busca la realidad hasta en la existencia misma.

Cuando mucho, a las personas se les debe dar la oportunidad de presentar sus puntos de vista. Y eso hará el Señor Presidente en los próximos días y todos estaremos atentos. Unos quedarán encantados, otros en el desencanto,  eso aún no se sabe.

Por ahora, como confesión y promesa, están estas palabras cuyo contenido nos debe servir como guía en el infalible método de reparar los daños políticos. Este no es un acto democrático, es un intento de controlar los daños. No pretende informar, pretende calmar las aguas. como siempre.

Leamos:

“…hicimos el compromiso de hacer toda la relatoría del caso Culiacán, minuto a minuto, toda la verdad, y se va a presentar aquí al pueblo de México…

“…Ya hicimos ese compromiso, la semana próxima, no el fin de semana, los primeros días de la semana próxima, martes, miércoles vamos a estar presentando todo el informe…Ya se está trabajando en la investigación, en el relato, pero queremos que sea exhaustivo porque es nuestra responsabilidad, transparencia completa, no ocultar nada, decir toda la verdad…”

Ya veremos dónde se confeccionaron el paquete de la verdad, si en el departamento de archivo o en el de maquillaje y vestuario. Ya veremos si son capaces de ofrecer la verdad desnuda o quedamos todos con “la verdad sospechosa”, porque como dijo don Juan Ruiz de Alarcón, aquel dramaturgo genial, mejicano (con j) en el Siglo de Oro de las letras españolas:

 

“…Y agora, antes que reviente,

 dime, ¡por Dios!, qué fin llevas

en las ficciones que he oído,

siquiera para que pueda

ayudarte, que cogernos

en mentira será afrenta…

“…calla, no me digas nada,

que en ofensa averiguada

no sirven satisfaciones (sic).

“Ya, falsa, ya sé mi daño,

no niegues que te he perdido.

Tu mudanza me ha ofendido,

no me ofende el desengaño.

“Y aunque niegues lo que oí,

lo que vi confesarás,

que hoy, lo que negando estás,

en sus mismos ojos vi…”

 

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Pero alguien no estará atenta a la conferencia matutina del lunes. Ni a las siguientes: la realidad, ajena a explicaciones y fabricaciones y truculencias de control de medios o “benditas redes sociales”.

Y la realidad nos entregó esta noticia cuya naturaleza no necesita siquiera explicación: el esplendido, quirúrgico, profesional, inteligente, exacto, limpio, maravilloso y demás, “operativo” tepiteño con el cual el secretario García Harfusch se estrenaba en el cargo, se desinfló como un globo pinchado.

Y mientras la regenta de la ciudad, la señora Sheinbaum se quejaba de la actuación del Juez Delgadillo Padierna (para variar) y su decisión de soltar al 80 por ciento de los detenidos en el fuerte golpe a la Unión de Tepito, el Señor Presidente defendía el honor del ya dicho juez, sobrino de la señora de cuyo nombre no quiero acordarme y el elástico señor Bejarano, atribuyendo el problema a una cuestión “técnica” (¿quien sabe el significado de esto?), no a una siembra de evidencias o una fabricación de culpables.

“…como es el mismo juez del caso de Rosario Robles y como se apellida Padierna (dijo el SP), y etcétera, etcétera, etcétera, pues entonces vámonos por la fácil, por encimita, por lo superficial, por el escándalo, por lo amarillo, por la nota roja. Entonces, ya no es así”.

Pues será el sereno, pero en Culiacán se liberó a un narcotraficante. A sangre y fuego. Aquí, la justicia —sin disparar ni un solo tiro—, pone en la calle a veintisiete delincuentes. Y ya basta con el latiguillo ese de presuntos delincuentes. Con tantos antecedentes penales ya no se es presunto, se es reincidente.

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Y sólo unas líneas para recordar a la querida Enriqueta Basilio. Su espléndida figura en la escalinata al fuego del estadio, es otra imagen inolvidable del 68 mexicano. Un momento luminoso.

 

 

 

Twitter:@CardonaRafael

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

elcristalazouno@hotmail.com

 

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