Opinión


La pobreza laboral sigue imparable

La pobreza laboral sigue imparable | La Crónica de Hoy

La pobreza laboral es definida por el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), como la condición en la que una persona que se encuentra ocupada, percibe ingresos por debajo del valor de la canasta alimentaria; una categorización eufemística para referirse a las personas que trabajan y a quienes se les pagan salarios de hambre.

El propio CONEVAL estima de forma trimestral el Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza, en el marco del cual se calcula el porcentaje de personas trabajadoras en la condición señalada. Así, el dato más reciente que se da a conocer para el indica que el porcentaje creció de 35.6% de las personas ocupadas con ingresos inferiores al valor de la canasta alimentaria en el primer trimestre de 2020, a 39.4% en el primer trimestre de 2021.

Cade destacar que ese indicador creció en 26 de las 32 federativas durante el último año, con una disminución de -4.8% el valor real de los ingresos laborales en el país. Así, las entidades donde más creció la pobreza laboral son la Ciudad de México, Quintana Roo y Baja California Sur; que son a su vez tres de las entidades con economías más terciarizadas en la República Mexicana.

Dado que la inflación reportada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía

(INEGI) para los meses de abril y mayo de 2021 fueron de 4.67% y de 6.08%, respectivamente, lo esperable es que, en el segundo trimestre se esté registrando un nuevo incremento en el indicador de la pobreza laboral.

Las peores consecuencias las están enfrentando las mujeres, pues la reducción de la fuerza laboral registrada en el último año, de acuerdo con el INEGI, se registró en un 80% entre la población femenina; porcentaje que equivale a poco más de 1.6 millones de mujeres que salieron del mercado del trabajo.

De acuerdo con el CONEVAL, el ingreso promedio per capita en el país en el primer trimestre del 2021 asciende a $4,456.58 pesos mensuales, es decir, un promedio de 148.55 pesos por día. Pero en ello, las brechas salariales entre hombres y mujeres persiste pues para los primeros, el ingreso per capita mensual fue de $4,787.4, mientras que para ellas se ubicó en $3,930.86 pesos: una brecha absoluta de poco más de 856 pesos mensuales, lo que equivale 28% menos para las mujeres.

En el Palacio, los discursos son siempre triunfalistas. Se anuncia que este año el PIB del país crecerá entre el 5% y el 6% de manera anualizada. Pero dados los indicadores del primer trimestre y lo que va del segundo, la aceleración de la economía tendría que darse de manera mucho más intensa.

Es un hecho que la presidencia de la República ha perdido un tiempo híper valioso al dedicarse desde el inicio del proceso electoral a tratar de mantener la mayoría en el Congreso para su partido, dejando de lado la atención a las políticas públicas que más urgen para darle contenido al más que ya vacío eslogan relativo a que primero van los pobres.

Eso es totalmente falso. No ha habido la voluntad del Gobierno Federal de replantear sus políticas económicas y sociales; y siguiendo los más draconianos manuales neoliberales, ha sometido a la población a la penuria de una “austeridad” mal entendida que antes de estar anclada en una visión progresista respecto al desarrollo, parece sacada de alguno de los pensamientos de Ebenezer Scrooge en el famoso Cuento de navidad, de Dickens, o de Harpagón, en El Avaro, de Moliere.

Aun creciendo al ritmo ilusorio que plantea el gobierno federal, eso no garantiza que se recuperarán los empleos; que se pagará mejor; que los negocios que quebraron podrán reabrir; que las personas tendrán acceso a la seguridad social. Todo ello implica un rediseño del gobierno y un rediseño del Gabinete. Y eso no va a ocurrir mientras siga operando la lógica del Tartufo como criterio de toma de decisiones en el país.

 

Investigador del PUED-UNAM

www.mexicosocial.org

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