Opinión


La polarización interminable

La polarización interminable | La Crónica de Hoy

Pablo Xavier Becerra Chávez

 

Después de las “mañaneras” más complicadas en el casi un año de realizarlas, como resultado de los cuestionamientos de la prensa por el fallido operativo de Culiacán, y ante declaraciones de molestia de un militar retirado, el presidente López Obrador puso sobre la mesa el tema de un golpe de estado.

El 2 de noviembre escribió un tuit que iniciaba así: “¡Qué equivocados están los conservadores y sus halcones!”  Y a continuación decía que el derrocamiento y asesinato de Madero fue posible porque el mártir de la primera etapa de la Revolución mexicana no tuvo una base social que lo apoyara. A continuación remataba: “Ahora es distinto…la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado” (subrayado mío).

Después de decir que en México ya no hay oportunidad para Huerta, Franco, Hitler o Pinochet, AMLO recomendaba la lectura de la fábula de Esopo “Las ranas pidiendo rey”, en la cual el descontento de las ranas ante un leño que flotaba en el agua las hace pedir a Zeus un nuevo rey. La respuesta del dios griego fue enviarles una gran serpiente que devoró a las ranas. Para López Obrador tal vez la fábula más adecuada sea la de la rana y el escorpión. Por más que el escorpión le promete a la rana no picarla para que ambos puedan cruzar el río, finalmente no puede superar su naturaleza y ocurre el desenlace trágico.

Días antes había recurrido al episodio del derrocamiento de Madero para rescatar la frase atribuida a su hermano Gustavo con la que fustigó a la prensa de su tiempo que criticaba al gobierno: “muerden la mano de quien les quitó el bozal”. La comparación de la prensa crítica actual con la que criticó a Madero (y que según AMLO provocó su derrocamiento) ha sido la constante a lo largo del año de gobierno actual, de ahí sus conceptos de “prensa fifí”, conservadora, “hampa del periodismo”, etc. Además, al recordar esa frase comparó explícitamente a los periodistas con perros, a los que su gobierno de manera magnánima les ha quitado el bozal de la censura. Esta visión de que su gobierno ha iniciado la vida democrática de México (solamente con él inicia la libertad de prensa) es recurrente en el presidente. Al día siguiente, ante un nuevo cuestionamiento sobre esa frase, la respuesta presidencial fue peor porque dijo que no había querido comparar a los periodistas con ningún animal y que él respetaba a los perros, de lo cual se deduce que a los periodistas no los respeta (o, por lo menos, no tanto como a los perros). 

La alerta del supuesto golpe de Estado y el insulto permanente a la prensa son dos muestras de la forma cotidiana que tiene el presidente de polarizar el ambiente político. La naturaleza de peleador callejero y de provocador permanente, como la naturaleza del escorpión, se impone a cada momento. Todos los días en sus conferencias mañaneras AMLO anuncia alguna decisión y de inmediato arremete contra sus adversarios, aclarando que no son enemigos (sin darse cuenta que ambos términos son sinónimos).

En su primer informe el presidente se ufanó de que su gobierno inauguraba una nueva época en la vida política del país, a la que ha llamado la “cuarta transformación”, que supuestamente da paso a un nuevo régimen que cambiará la economía, la sociedad, la política e incluso la moral. En este nuevo régimen supuestamente se ha roto la complicidad entre el poder económico y el político creada por tres décadas de neoliberalismo. Todo iba bien hasta que se refirió a los opositores, a los que calificó sin matices como “conservadores”. Para el presidente la oposición en su conjunto está “moralmente derrotada”, porque, como lo dijo Juárez, el triunfo de la reacción es “moralmente imposible”.

Para López Obrador no existen opositores que sean legítimos interlocutores del gobierno y cuyas críticas y propuestas merezcan atención y respeto. Toda la oposición es conservadora y representa lo peor del neoliberalismo que él derrotó en su gesta electoral del año pasado. 

En esta peculiar visión, la prensa misma forma parte de sus adversarios. Así lo dijo con toda claridad en su mañanera del 6 del presente mes, cuando periodistas de una misión internacional para la defensa de la libertad de expresión le cuestionaron su trato a los periodistas y le preguntaron si estaba dispuesto a dejar de utilizar expresiones estigmatizadoras hacia ellos. AMLO negó por completo que utilizara expresiones contrarias a la prensa, cuando lo contrario es fácilmente constatable en los videos de las mañaneras, y dijo que él no consideraba enemigos a los periodistas sino adversarios. Ante la insistencia de que respondiera si estaría o no dispuesto a cesar sus expresiones que estigmatizan a la prensa, respondió que no, porque nunca lo ha hecho. Este episodio muestra la facilidad con la que el presidente miente a pesar de la existencia de las evidencias de su comportamiento. 

Una ventaja de las conferencias mañaneras es que queda evidencia videograbada de lo que el presidente dice todos los días. Los ataques a los periódicos y otros medios que “no se portan bien” con el presidente, han sido vistos en directo y pueden ser consultados en cualquier momento, por lo que resulta absurdo negarlos. El encontronazo que tuvo con un reportero de Proceso el 22 de julio pintó de cuerpo entero su visión autoritaria sobre la prensa. Cuestionó la calidad moral de la revista porque “no se ha portado bien” con su gobierno y ante la réplica del periodista que le dijo que la labor de la prensa no es portarse bien con el poder, AMLO respondió que la obligación de los buenos periodistas es apoyar los procesos de transformación, como lo hicieron, según él, durante el periodo juarista. Por lo tanto, los periodistas que lo critican son enemigos de la transformación que él encabeza.

 

*Profesor-investigador del Departamento de Sociología de la  Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana

 

 

Imagen de la conferencia matutina del presidente López Obrador en Palacio Nacional.

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