Opinión


La providencia y el animalito

La providencia y el animalito | La Crónica de Hoy

Iban los niños gozosos a “la doctrina”.

Los catequistas y, en ocasiones, los sacerdotes o alguna monja pía, a pesar de los bigotes, los preparaban para la futura ocasión de comulgar por vez primera.

Iban a recibir el cuerpo de Cristo.

Y les daban enseñanza y les recitaban fatigosos folios y les ponían delante de los ojos las vidas ejemplares de los santos de la iglesia y no faltaba el niño alborozado con las palabras del pobrecito de Asís, esto es, San Francisco, quien mayores timbres de humildad ha recibido en el santoral, por su ejemplar cuidado de los desvalidos y hasta de los animalitos.

Ya el niño atiborrado de consejos y buenas palabras se había aprendido de memoria aquello del varón con alma de querube y lengua celestial, el mínimo y dulce Francisco de Asís, quien se enfrentó al lobo de Gubia, el terrible lobo…

Pero nada como el desprendimiento hasta hacer de la humildad franciscana aspiración en la vida, la cual poco vale si no se practica la caridad, pues teologal virtud es aquella como también la fe y la esperanza.

Y la esperanza no es sólo un rayo en el firmamento, es la actitud espiritual del saberse siempre protegido por la divinidad, la cual en su forma de providencia se encarga de dispensar cuidado a los seres desvalidos, como por ejemplo, los animalitos del señor. Todos somos criaturas del señor.

Providencial es la intervención por la cual el martillo perdido en el décimo piso se desploma vertical y choca contra el piso exactamente después de nuestro paso; providencial salir con vida de peligroso trance y también salir vivo del Gulag o la prisión política.

Todo eso es muy bello.

Si todos fuéramos humildes y sencillos, si no aspiráramos a nada sino al servicio de los demás, si entendiéramos a los pobres como hijos de la injusticia, no de la fatalidad, entonces cantaría otro gallo, mejor dicho, otro hermano gallo y podríamos alzar los ojos al altísimo y decirle como nos enseñó Francisco:

“…Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,

especialmente en el hermano sol,

por quien nos das el día y nos iluminas.

“Y es bello y radiante con gran esplendor,

de ti, Altísimo, lleva significación.

“Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,

en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

“Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento

y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,

por todos ellos a tus criaturas das sustento…”

Y así diríamos, y así actuaríamos y éste sería un mundo mejor, y si con eso no tuviéramos, pues entonces deberíamos repetir:

“…Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.

“Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón”.

Por eso es digna de celebración toda obra humana en cuyo centro estén el servicio y la verdad, como la buena política.

Olvidarse de los pobres no es ni cristiano ni inteligente, como tampoco lo es confinar a los animalitos, a las mascotas a rincones de olvido o descuido, porque si no somos nosotros instrumento de la providencia, cómo podrá la divina intervención hacerse cargo de todo, como si nosotros, hijos de la piedad y la justicia (a tal debemos aspirar), no estuviéramos aquí para proteger y consolar, cuidar y procurar el bien y la bondad.

 

FIDEL

Cuando San Juan Pablo II llegó a La Habana, en 1988, Fidel Castro, lo recibió con un rotundo discurso del cual extraigo algunas frases:

“…La tierra que usted acaba de besar se honra con su presencia. No encontrará aquí aquellos pacíficos y bondadosos habitantes naturales que la poblaban cuando los primeros europeos llegaron a esta isla.

“Los hombres fueron exterminados casi todos por la explotación y el trabajo esclavo que no pudieron resistir; las mujeres, convertidas en objeto de placer o esclavas domésticas.

“Hubo también los que murieron bajo el filo de espadas homicidas, o víctimas de enfermedades desconocidas que importaron los conquistadores.

“Algunos sacerdotes dejaron testimonios desgarradores de su protesta contra tales crímenes…”

El Papa respondió:

“…Vengo como peregrino del amor, de la verdad y de la esperanza, con el deseo de dar un nuevo impulso a la labor evangelizadora que, aun en medio de dificultades, esta Iglesia local mantiene con vitalidad y dinamismo apostólico caminando hacia el Tercer Milenio cristiano…”

Lindo, todo lindo.

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