Opinión


La Reserva de la Biósfera Selva El Ocote, ante el cambio climático

La Reserva de la Biósfera Selva  El Ocote, ante el cambio climático | La Crónica de Hoy

La vida en la Tierra está en riesgo inminente y, sorprendentemente, la especie humana es la causante de la mayor amenaza de los últimos tiempos: el cambio climático. Tener conocimiento y conciencia del riesgo que implica este fenómeno para la humanidad y para las especies con las que compartimos el planeta es el primer paso para la adaptación de nuestra sociedad al tiempo actual, y para prepararnos para el futuro cercano.

En este contexto, un grupo de investigadores de El Colegio de la Frontera Sur, de la Secretaría del Medio Ambiente e Historia Natural del Estado de Chiapas, de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas nos propusimos conocer cómo los grupos humanos y las especies silvestres viven el cambio climático en la Reserva de la Biósfera Selva El Ocote, (REBISO), ubicada en el estado de Chiapas.

Las reservas de la biósfera son modelos mexicanos de conservación de la vida silvestre —plantas, animales, hongos, bacterias, virus— que no pueden vivir en los ambientes humanizados como ciudades, áreas de cultivo o de uso forestal, y que en conjunto conforman ecosistemas únicos en el mundo. Constan de una zona núcleo, donde no se permite actividad humana alguna, y de una zona de amortiguamiento en la que se realiza un manejo sustentable de los recursos naturales.

La REBISO se localiza al noroeste del estado y tiene un poco más de 101 mil hectáreas que albergan unos de los pocos remanentes de vegetación de selva húmeda subperennifolia y de selva baja subcaducifolia en México. Esta área se decretó como Reserva de la Biósfera el 27 de noviembre del 2000, con una diversidad estimada de 2 mil plantas vasculares, y un registro de 30 especies de anfibios, 53 de reptiles, y 97 de mamíferos.

En la zona amortiguamiento hay varios asentamientos humanos, previos al decreto como reserva, los cuales están conformados principalmente por personas de Los Altos de Chiapas, a las que el gobierno mexicano dotó de tierras ejidales para su desarrollo, debido a que carecían de ellas en sus comunidades de origen. Los pobladores viven de los recursos naturales del lugar, los cuales utilizan bajo un esquema de manejo de sustentabilidad, debido a la herencia que tienen de la cosmovisión maya y por mandato, al estar inmersos en una reserva. Cultivan frijol, maíz y hortalizas para su autoconsumo, y recientemente iniciaron el cultivo de café, la producción de miel y ganadería amigable con el ambiente con miras a insertarse en la economía estatal.

Con los escenarios de cambio climático basados en modelos matemáticos convenidos internacionalmente logramos determinar que de continuar la emisión de gases invernadero, en la medida actual, en 2039 la temperatura en la REBISO aumentará de 0.45 a 1.0 grado celsius en promedio anual y lloverá 70 mm menos al año. Con estas previsiones, nos preguntamos cómo podrían afectar estos cambios ambientales la vida de la REBISO y, si bien es difícil determinar la magnitud de los efectos cuando carecemos de un monitoreo continuo de las factores climáticos y bióticos en las áreas geográficas de interés, el grupo de investigación recurrió a la inferencia, a partir de los inventarios biológicos actuales y la experiencia acumulada de la gente que vive en el lugar, para responder a esta pregunta.

En una exploración que realizamos durante 18 meses en cuatro localidades de la REBISO registramos 744 especies —plantas arbóreas, peces, anfibios, insectos, aves y mamíferos pequeños como ratones y murciélagos— y satisfactoriamente encontramos todas las especies conocidas con anterioridad, así como niveles importantes de diversidad genética en especies de árboles, murciélagos, y pequeños roedores. Toda esta información biológica nos permite sugerir que la vida silvestre en la zona núcleo sobrevivirá al cambio ambiental, siempre y cuando éste ocurra lentamente, y que las especies pueden responder al cambio mediante la dispersión, la adaptación local, y que con el tiempo pueden aparecer nuevas especies.

A partir de estos resultados, inferimos que la mayor amenaza para la diversidad biológica de la REBISO es la vulnerabilidad social de las familias que la habitan, ya que tienen condiciones de vida precarias y sus fuentes de subsistencia, que están ligadas a la reserva, son cada vez menos eficientes.

Cada familia tiene tres hectáreas para cultivar sus alimentos básicos, las cuales son satisfactoriamente productivas cuando las parcelas son recién abiertas; sin embargo, después de un tiempo es necesario utilizar insumos externos, como fertilizantes y agroquímicos, o dejar descansar el suelo no cultivando por tres años para que crezca nuevamente vegetación herbácea y arbustiva, y el suelo recupere algunas de sus propiedades nutritivas para los nuevos ciclos agrícolas. Para que los árboles alcancen su tamaño máximo —mayor a 20 metros— es necesario permitir su crecimiento por 20 años o más.

La gente percibe como problemas la limitada superficie de sus parcelas, la temporalidad de las lluvias, que se ha acortado, así como las lluvias intensas, la prolongación de la época de sequía y el aumento de las plagas de insectos en sus cultivos, por lo que han recurrido al uso de insecticidas para asegurar una producción mínima necesaria. La variedad de estos factores modificará los ciclos de cultivo en la REBISO y ello aumentará la incertidumbre alrededor del rendimiento de las cosechas.

Las poblaciones humanas, a diferencia de las especies silvestres, están creciendo rápidamente y transformando su entorno inmediato, lo cual pone en riesgo la diversidad de biológica de la reserva, por ello es indispensable que se mantenga un crecimiento ordenado de los asentamientos humanos, tanto en la REBISO como en cualquier lugar del país, para evitar afectaciones mayores a nuestros recursos naturales.

Es necesario reconocer que el modelo mexicano de conservación de la biodiversidad ha funcionado, pues aún tenemos territorios con vida silvestre casi como existían hace varios millones años. Para mantenerlos es necesario que cada ciudadano y ciudadana que viva en las reservas biológicas o en otras regiones del país realice acciones que favorezcan su conservación, como valorar las artesanías y otros productos que producen las comunidades con influencia en las áreas naturales protegidas, con lo cual tendrán ingresos para satisfacer sus necesidades básicas y se evitará la sobreexplotación de los recursos naturales.

La REBISO y otras reservas sirven como amortiguadores contra los efectos del cambio climático local y globalmente. Debemos construir estilos de vida que generen menos impacto en nuestro ambiente, adoptando medidas que sugieren organismos internacionales y nacionales para disminuir las emisiones de gases invernadero, entre ellas,  reducir el uso de automóviles, consumir alimentos que se produzcan localmente y preferir productos que puedan degradarse biológicamente o reciclarse.

Si el cambio climático lo hemos provocado los humanos con nuestras prácticas, seguramente podremos revertirlo. Nuestra voluntad, sumada a la de muchas más personas, hará que disminuya la amenaza sobre la vida en la Tierra.

 


Investigadora del Departamento Conservación de la Biodiversidad
El Colegio de la Frontera
Sur (ECOSUR)
lruiz@ecosur.mx

 

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