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La restauración de las relaciones entre padres e hijos en This Is Us

Este martes 24 de septiembre se estrenó la cuarta temporada de la polémica serie de NBC a través del canal FOX Premium a las 21:00 horas.

La restauración de las relaciones entre padres e hijos en This Is Us | La Crónica de Hoy

La familia Pearson regresó a la pantalla chica este martes 24 de septiembre: (Fotos: Cortesía)

A tres años del estreno del drama This Is Us, la serie vuelve con su cuarta temporada —de las seis temporadas que anunciaron compondrían esta producción, las cuales concluirán en 2022—, para cerrar los ciclos en las vidas de Kevin, Kate y ­Randall; tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: la instrucción y ejemplo de Jack y Rebecca como padres. Es así como la familia Pearson regresó a la pantalla chica este martes 24 de septiembre a través del canal de paga FOX Premium Series y de su plataforma digital.

“En un panorama televisivo con casi 500 series guionizadas originales, hay muy pocas, si es que hay alguna, que tengan el impacto crítico y cultural de This Is Us y no podríamos estar más orgullosos de traer a los fanáticos tres temporadas más de un programa que así representa bien a la marca NBC”, dijeron Lisa Katz y Tracey Pakosta, presidentes de programación de NBC Entertainment.

La conmovedora historia, escrita y producida por Dan Fogelman, ha llevado al reparto compuesto principalmente por Milo Ventimiglia, Mandy Moore, Sterling K. Brown, Chrissy Metz y Justin Hartley, a ser acreedor de algunas de las nominaciones más importantes de la televisión estadunidense como Mejor Serie de Televisión de Drama en los Golden Globe Awards y los Critics’ Choice Awards, ganadora en la categoría de Mejor Actriz de Reparto por las actuaciones de Moore y Metz en los Golden Globe Awards, así como una nominación más para Brown como Mejor Interpretación de un Actor Masculino en una serie dramática. Todo esto durante su primera temporada.

Fogelman, también guionista de Loco y estúpido amor (2011) recurre a la vieja estrategia de tomar a los sectores discriminados en una sociedad y representarlos a través de cada integrante de una familia de cinco, vendida bajo simples convencionalismos con los que cualquier público puede identificarse; una infancia plena aunque con complicaciones que resonarán hasta su edad adulta, así como unos padres que sacan a su familia adelante pese a dificultades económicas y familiares.

Si bien el personaje de Kate (Chrissy Metz) parece estar sublimado a la condición de su peso, la situación corre más allá de los clichés, a través de Kate, Fogelman explora a detalle cada complicación en el vida de una persona con obesidad mórbida, desde aspectos cotidianos como el pago de dos asientos en el avión para poder viajar —pese a las miradas grotescas inculpatorias que la gente suele lanzarle bajo el estigma de “el gordo es porque desea serlo”—, hasta cuestiones más complejas emocionalmente como el matrimonio, y físicamente, como los riesgos de un embarazo. Esto no sólo visibiliza una concepción distinta y para nada risible del sobrepeso, sino que permite a la audiencia crear conciencia y acercarse a un problema real, desde el sentido más humano posible.

El segundo en destacar de inmediato es Randall (Sterling K. Brown), el hijo adoptivo de Rebecca y Jack, en quien recae el problema del racismo, desde las distintas perspectivas de ambos lados del tablero. Pues al ser adoptado por una familia blanca, Randall crece con una carencia identitaria que se agudiza en su etapa adulta, al condicionar su tono de piel a una diferencia evidente que deriva en la búsqueda de su origen y su necesidad por comprender las distinciones socioculturales de su comunidad.  

El tercero, pero no menos importante, es Kevin (Justin ­Hartley), el primogénito de la familia, quien se convierte en un apuesto actor. De primera impresión el personaje no parece ofrecer nada nuevo, una crisis profesional producto del desempleo y la insatisfacción laboral que acompaña su vacío existencial por ser el hombre modelo (estéticamente) de cualquier producción —a su parecer— efímera. Sin embargo, es probablemente hasta la segunda temporada que Kevin ­desentraña otros conflictos asociados con su incapacidad para procesar emociones por la presión que genera la sombra de su padre y su “deber ser” el primero en todo.

Cada submundo no sería posible sin Rebecca y Jack (Mandy Moore y Milo Ventimiglia), la pareja clave en la historia, quienes replantean los valores de la familia tradicional a partir de la proyección de los ideales humanos. Mientras Jack reproduce la típica imagen del padre amoroso y sabio a simple instancia, su constante discurso de rectitud genera conflicto en los demás personajes, confrontándolos constantemente con su particular realidad.

Por su parte Rebecca se convierte en la representación de fortaleza y determinación, quien debe lidiar con sus propias dificultades y las de los demás para sobreponer a su familia. Al final la relación entre padres e hijos se convierte en el eje principal de la historia, la importancia de la comunicación, la comprensión y la solidaridad son el combustible que mueve cada situación, dejando en la audiencia una constante moraleja en cada capítulo.

A lo largo de las tres primeras temporadas, los enramados que nos ofrecen los distintos mundos de cada personaje, nos llevan a su vez a historias secundarias que abordan otras temáticas, como la homosexualidad, el duelo o la adopción —con mayor profundidad—.

“Por suerte, aún hay mucho que ver y reflexionar. Sin duda la serie es al mismo tiempo un texto y un ‘pretexto’ para compartir en familia y desde ahí vernos, abrir el diálogo, compartir, buscar ayuda (incluso profesional, si lo consideramos necesario), promover un espacio de convergencia y libre crecimiento personal, reconociendo de dónde venimos, por qué somos como somos y enfocándonos a seguir el camino hacia el cual nos dirigimos y hacia quienes amamos. Porque cuando amas, cada segundo cuenta”, asegura la psicoterapeuta Clara Sánchez.

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