Opinión


La Semana Mundial de la Lactancia Materna; mejor, de “las lactancias maternas”

La Semana Mundial de la Lactancia Materna; mejor, de “las lactancias maternas” | La Crónica de Hoy

Jorge Alberto Álvarez Díaz*

 

La Semana Mundial de la Lactancia Materna es el movimiento social más extendido para la promoción de la lactancia materna. La primera celebración ocurrió en 1992 y actualmente se realiza del 1 al 7 de agosto; el movimiento es impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). El lema para este 2019 es “Empoderémonos ¡Hagamos posible la lactancia materna!”. La frase dice muchas cosas; tal vez la primera es la relación difícil que ha tenido el feminismo y la lactancia. O mejor, siguiendo el título de este texto, las relaciones difíciles entre algunos feminismos con algunas lactancias.

Por ejemplo, Marie Béquet de Vienne, laica republicana francesa, masona y feminista, escribió “La leche de su madre a la que [el niño] tiene derecho”; fundó la Sociedad para la Lactancia Materna. Otra francesa, filósofa y feminista, escribió “La lactancia es también una servidumbre agotadora […] la mujer lactante alimenta al recién nacido en detrimento de su propio vigor”; la frase está en su obra El Segundo Sexo, de la reconocida Simone de Beauvoir.

Los feminismos se pueden clasificar de diferentes formas. Una forma frecuente es dividirlos por olas: primera, segunda, etc. Los criterios son históricos con matices socioculturales —Europa o los Estados Unidos—. No es la única forma de clasificación. Otra podría dividir a los feminismos en “esencialistas”, “identitarios” o “diferencialistas” por un lado. Por otro lado estarían los feminismos “igualitaristas”. Entre los feminismos esencialistas se consideraría que las funciones posibilitadas por la biología —menstruación, embarazo, lactancia— son motivo de exaltación, alegría, orgullo. Entre los feminismos igualitaristas se considera justo lo contrario, que esas diferencias han sido fuente de desigualdad y que la lucha debería estar por emanciparse de tales actividades para alcanzar equidad, igualdad sustantiva.

A pesar de lo reduccionista que puede ser esta clasificación —no hay mucho espacio para introducir matices—, sirve para explicar algo del lema de la Semana Mundial de la Lactancia de este 2019. Una feminista esencialista contemporánea podría ser Penny Van Esterik, antropóloga cultural, profesora en la Universidad de York. Considera que las mujeres y los grupos feministas deberían introducir razones para promover esta práctica. Propone ello, dado que la lactancia materna:

• requiere cambios estructurales en la sociedad para mejorar la posición y la condición de las mujeres,

• confirma el poder de una mujer para controlar su propio cuerpo y desafía la hegemonía médica,

• desafía el modelo neoliberal patriarcal predominante de la mujer como consumidora,

• desafía la visión de los senos como un objeto sexual ante todo,

• requiere una nueva definición del trabajo de las mujeres, una que integre de manera más realista las actividades productivas y reproductivas de las mujeres, y

• fomenta la solidaridad y la cooperación entre las mujeres a nivel doméstico, comunitario, nacional e internacional (Breastfeeding and feminism. https://doi.org/10.1016/0020-7292(94)02233-O)

Estas consideraciones introducen el tema de la interseccionalidad, es decir, considerar diferentes identidades sociopolíticas, además del género, que se cruzan en una misma mujer, para generar variables más complejas. Por ejemplo, la investigación que ha considerado este punto en relación con la lactancia, tomando en cuenta etnicidad o clase social, ha trabajado fundamentalmente con grupos de blancas con altos ingresos (A critical review of human milk sharing using an intersectional feminist framework: Implications for practice. https://doi.org/10.1016/j.midw.2018.08.014).

Para quien escribe, estas consideraciones también son necesarias para situar otro nivel de la discusión: ¿hay algún papel para los hombres en el tema de la lactancia? La pregunta surge porque los resultados de la investigación con otros actores son llamativos. Una revisión sistemática muestra que, en países de bajo y mediano ingreso, las intervenciones educativas dirigidas a padres son efectivas para mejorar el inicio temprano de la lactancia materna, la lactancia materna exclusiva y la lactancia continua (Effectiveness of breastfeeding interventions delivered to fathers in low- and middle-income countries: A systematic review. https://doi.org/10.1111/mcn.12612). ¿Cómo se logra? Esto no está claro en la revisión. ¿Hasta dónde puede ser producto de la coerción y/o de la violencia? Los hombres debemos pensar las violencias que ejercemos sobre las mujeres en el orden patriarcal en el que vivimos. Por ello, hay formas diferentes de llevar a una mujer a que lacte sin desearlo. Otro escenario es que, producto de la coerción o la violencia, una mujer que desee lactar podría no hacerlo para trabajar y cubrir necesidades radicalmente esenciales. Otras investigaciones intentan explicar estos puntos, y algunos hallazgos sugieren que el apoyo más efectivo para la lactancia materna se brinda mediante un enfoque de trabajo en equipo, sensible y coordinado, que responda a las necesidades de la madre (Relationships between types of father breastfeeding support and breastfeeding outcomes. https://doi.org/10.1111/mcn.12337).

Se ha dicho que el lema de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2019, lanzado desde el Día Internacional de la Mujer, busca exigir normas sociales de equidad entre los géneros, hacer un llamado a diferentes niveles sociales para que, alcanzando una igualdad de género que sea sustantiva, se puedan mejorar las tasas de lactancia materna. Desde un punto de vista ético en general, bioético en particular, y considerando el género, hay que pensar que lo primero que debe involucrarse es la voluntariedad para lactar. ¿Resulta ético obligar a una mujer a que lacte? Sería muy difícil defender una postura impositiva en este sentido.

Por ello, una vez que se han expuesto estas ideas, parece ser que los hombres tendríamos una primera relación con las mujeres y la lactancia: el respeto; respeto a las decisiones que tomen sobre lactar o no, y todo lo que de ello derive. Tras esto, involucrarse en la decisión que tome la mujer en todo el contexto del respeto a sus derechos reproductivos. Parece ser que la promoción y vivencia de la lactancia puede ser posible, pero para serlo, debería ser una lactancia feminista, libremente escogida por la mujer, y con una reflexión de los hombres para modificar el orden patriarcal que coloca en posiciones sociopolíticas diferentes a hombres y mujeres. Hay que tener estos puntos presentes los días que vienen y pensar lactancias posibles durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna, y durante todas las semanas del año.

 

Profesor-investigador del

Departamento de Atención a la Salud de la Unidad Xochimilco de la UAM

y Miembro del Consejo de Bioética

de la Ciudad de México

 

 

 

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