Opinión


La sumisión independiente y la Constitución como florero

La sumisión independiente y la Constitución como florero | La Crónica de Hoy

En el mes de la patria, en el septiembre de todas las campanas y todos los gritos, entre fiestas y mariachis (hasta los del mitin musical en el Zócalo), los mexicanos emprendemos —como quien va Chalma o a Talpa—, el camino a Washington y vamos sumisos, obedientes y cumplidos a rendirle parte de nuestras actividades como retenes fronterizos, a presentarle nuestros resultados al Gran Sinodal y dueño del continente, el señor Donald Trump, quien nos ha ordenado actuar como a sus intereses place y conviene, a cambio de no aplicarnos ruinosas tarifas en el comercio binacional, por encima de los tratados habidos y por haber.

Vamos a caminar de lado entre el muro y la espada arancelaria.

Altivos en el papel de mozos de estribo o barrenderos del patio trasero, decimos en la voz de nuestro Señor Presidente:

“…puedo informarle al pueblo de México que son buenas las relaciones con el gobierno de Estados Unidos, no hay diferencias de fondo, no hay ninguna discrepancia, nada que pueda llevar a tomar medidas, que se apliquen medidas que afecten la economía, el desarrollo de nuestro país; por el contrario, hay un ambiente muy favorable para que el Congreso de Estados Unidos —desde luego ésta es una decisión soberana de legisladores y del gobierno de Estados Unidos— pero hay condiciones inmejorables para que se apruebe el Tratado de Libre Comercio…” Ni Salinas lo dijo así en su tiempo.

Dicho de otra manera, el arrogante e injurioso señor Trump, cuyo muro fronterizo ya no se construye sólo en el sur de Texas sino —con guardias mexicanos—, en el norte de Chiapas, puede ahora amagar hasta con la importación del aguacate mexicano, porque se le ha metido en su rubia cabecita, un veto al fruto de cuya pulpa se hace el guacamole para el “Super Bowl”, (nada relacionado con guácala, fuchi), porque en los campos y huertos de Michoacán hay mucha violencia y eso ha afectado hasta a los supervisores fitosanitarios de Estados Unidos, quienes vienen a ser como una especie de DEA de las actividades agrícolas, mediante la presencia de supervisores del Departamento de Agricultura estadunidense, lo cual le revela, a quienes lo ignoraban, el grado sofocante de dependencia en el cual vivimos.

Hasta para sembrar aguacates necesitamos la tutela de los inspectores de allá, quienes están en los asuntos migratorios, en los aeropuertos, en el control de nuestros vuelos militares, en la vigilancia de los barcos de la Armada y en el seguimiento satelital de todos los aeroplanos, avionetas y similares por encima del suelo nacional, con el pretexto de la droga.

Los americanos vigilan todo y en todo opinan y disponen, pero a eso queremos llamarle buena vecindad:

No todos lo sabíamos, pero la exportación del aguacate Hass tiene desde hace 22 años un convenio de supervisión, en el cual intervienen la Senasica (Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria); los señores de la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM) y —obviamente— el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, (USDA).

Como hace unos días (el 16 de agosto) los malandros detuvieron, retuvieron y amenazaron a un “certificador” gringo, los americanos ya pusieron el grito en el cielo y amenazaron con el cierre de su mercado a los aguacates. No lo van a hacer; pero… van a apretar.

Y todo pasa de esa manera; con el atún o con los jitomates; con el acero o con los rollos de aluminio. También con los aeropuertos o los emigrantes.

Pero en la necesaria tarea de lavarse la cara en público y no exhibir la debilidad de la dependencia, México ha puesto sobre la mesa el tema de las armas americanas en nuestro territorio, de las cuales no todas provienen de operaciones como aquella célebre “Rápido y furioso”, cuya finalidad era marcarlas en la DEA de allá, y meterlas a México, para saber quiénes las usaban y así detectar a los sicarios de los cárteles y luego desbaratarlos con este ridículo procedimiento, sino básicamente de los arsenales cuya existencia en este suelo se debe a la corrupción de las aduanas y no a la irresponsabilidad de los fabricantes.

Pero algo se debe poner para equilibrar la mesa de imposiciones y convertirla en mesa de negociaciones. Por eso ha dicho Marcelo Ebrard, nuestro mercurial canciller:

“..México puso sobre la mesa en esta reunión que el control de tráfico de armas en la frontera para nosotros tiene el mismo rango de prioridad que para ellos tiene el tema de la migración. Presentamos este mapa que ustedes están viendo, que es el número de delitos cometidos con arma de fuego por entidad federativa en México entre enero y junio de 2019.

“El 70 por ciento de estas armas está relacionado con compras en los Estados Unidos; es decir, se adquieren allá, ingresan a nuestro territorio y los resultados que estamos viendo son delitos cometidos con armas de fuego. Por esa razón para nosotros es la más alta prioridad en este momento.

“Se manifestó que el objetivo de México sería congelar el tráfico de armas en la frontera. Nuestro objetivo último no es nada más reducirlo, sino congelarlo, y para eso necesitamos la participación de las autoridades norteamericanas…”

Pero mientras se rema contra la corriente histórica y se conmemora el trece de septiembre y se habla de los Héroes Niños, caídos como renuevos cuyos aliños un viento helado marchitó en flor —en una conmemoración en la cual jamás se menciona el nombre de ese enemigo invisible ni de esa guerra perdida—, la patria se empeña en otra batalla de proporciones épicas: el combate a la mala factura, cuya aplicación falsa ya se considera “delincuencia organizada” y se pena con toda la severidad del aparato judicial, en los mismos términos de la trata de personas, el blanqueo de capitales o el narcotráfico y sus similares.

Pero como algunos senadores y un grupo menor de diputados ha dicho sobre la excesiva condición y mala manera como esta persecución facturera quiere llevarse a cabo, el Señor Presidente les ha soltado una sucesiva colección de rapapolvos, sin tomar en cuenta cómo las opiniones y actos de los legisladores no pueden ser materia de reconvención desde otro poder; porque así lo dice la Constitución en su artículo 61, el cual sirve de florero cuando la ira presidencial se desata de esta manera:

“…Imagínense, da hasta pena ajena, defendiendo a defraudadores. Eso de las facturas falsas empezó hace unos años y proliferó en el país. Y desde luego todas estas cosas fueron protegidas, es decir, había respaldo político.

“Pero llegar al extremo de que los legisladores se opongan a que se castigue a defraudadores, muestra que tienen problemas esos partidos, tienen una profunda descomposición, no es la moral la que los guía…

“…Una gente que evade impuestos, que no paga los impuestos, pues es un corrupto. Debería de dar vergüenza que utiliza documentos falsos para no contribuir, para no ayudar.

“¿Qué?, ¿se creen muy vivillos?, ¿son muy influyentes?, ¿tienen muchas agarraderas?

“Ya se acabó eso. Es una vergüenza que un partido esté defendiendo estas cosas…

“…Y todavía se atreven a autonombrarse representantes populares.

“Farsantes, simuladores, arribistas, politiqueros, corruptos, etcétera, etcétera, etcétera” (faltó aquello de pulpos chupeteadores).

En fin, quien sabe cuál de estos calificativos duela más: simulador, corrupto, vivillo, politiquero, arribista o etcétera.”

Y usted, ¿es un etcétera o nomás un corrupto?

 

Twitter: @CardonaRafael
rafael.cardona.sandoval@gmail.com
elcristalazouno@hotmail.com

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