Opinión


La tosca materia

La tosca materia | La Crónica de Hoy

A  mediados de la década de los años noventa del siglo XX y durante los primeros siete de la siguiente centuria, el laborismo británico puso en práctica la Tercera Vía como parte de un esfuerzo de revisión de la teoría y la praxis del socialismo a través “de un camino de renovación y éxito para la moderna democracia social”.

Tony Blair, quien como primer ministro (1997-2007) puso en operación las ideas del teórico Anthony Giddens, sostenía que la tercera vía, desde el centro-izquierda del abanico político-ideológico, no suponía exclusivamente un compromiso entra la izquierda y la derecha sino una nueva línea, consistente en extraer la “vitalidad de unir las dos grandes corrientes de pensamiento del centro-izquierda —el socialismo y el liberalismo— cuyo divorcio durante este siglo (el XX) contribuyó tan claramente a debilitar la política de signo progresista a lo largo y ancho de Occidente.” (“La Tercera Vía, una democracia social moderna”, 21septiembre1998, www.elpais.es).

Al cabo de diez años de permanencia de esta interpretación de la política de izquierda en Reino Unido, el laborismo dio vuelta a la página con alivio por la partida de quien había sido su dirigente principal, convertido en mandatario, durante largos años entre las contradicciones —y las decepciones—- que supuso, por ejemplo, el apoyo irrestricto de su gobierno a la invasión militar estadunidense en Irak con las consecuencias domésticas e internacionales que ello supuso. La razón de Estado habría primado por encima de la voluntad general. 

Como en todos los balances, existen claroscuros, pero más allá de discutir los aciertos y errores de este programa político, lo que interesa para los efectos de esta colaboración es el hecho de destacar la dinámica constante del pensamiento de izquierda de buscar la renovación de sus postulados centrales y de cómo ha venido sucediendo a través del tiempo en distintas latitudes y periodos históricos, como lo hemos visto en ocasiones anteriores.

En la novela del Doctor Zhivago, el escritor y poeta Boris Partenak, pone en voz de ­Misha Gordon, amigo del personaje central que da título al libro, un aforismo contundente que si bien alusivo a la Revolución rusa tiene aplicación general a los ideales de la izquierda, al sentenciar que ha ocurrido muchas veces en la historia que lo que se había concebido como noble y alto, acaba por convertirse en tosca materia. Pero no debemos ­desilusionarnos, ya que en palabras del profesor Norberto Bobbio es el contraste entre lo que se ha prometido y de lo que se ha cumplido efectivamente, lo que debe captar la mayor atención y los esfuerzos para la transformación de la democracia y de la sociedad en su conjunto, en donde al menos ciertas promesas no han sido mantenidas.

Al respecto, el profesor italiano analiza el desarrollo de la sociedad pluralista, la representación política y los intereses, la persistencia de las oligarquías, el tránsito de la democracia política a la democracia social, la invisibilidad del poder, el ciudadano no educado, el gobierno de los técnicos, el aumento del aparato burocrático y el escaso rendimiento del sistema democrático para ilustrar ese (des)equilibrio constante. (El futuro de la democracia, Ed. Plaza&Janés, 1985, 80 p.)

Desde luego no es éste el espacio para ahondar en la discusión erudita de Bobbio sobre los temas señalados, pero es importante destacar que probablemente uno de los esfuerzos de adaptación y síntesis más importantes experimentados por las izquierdas en general en el mundo, y México pudiera ser el ejemplo más contemporáneo con visos de éxito —no exento de riesgos de fracaso—, es el de su adaptación a las reglas de la democracia. El mismo Bobbio señala que “el régimen democrático es un conjunto de reglas de procedimiento para la formación de decisiones colectivas, en la cuales está prevista y facilitada la participación más amplia posible de los interesados”, y que si bien ello puede parecer formalista y pobre para los movimientos que se proclaman de izquierda, es por decirlo así, lo que permite una clara distinción entre dos tipos ideales opuestos de formas de gobierno (democracia y despotismo). (pp. 9-13) 

A ese formalismo sustantivo es al que han debido adaptarse las izquierdas que han buscado una aproximación moderna y menos dogmática a la realidad. La legalización de los partidos comunistas en varios países —cabe resaltar el caso del partido comunista español en 1977 como parte de la transición democrática— en función de su aceptación de democracia es otro ejemplo posible de ello.

La tosca materia frente a la idealización.

 

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