Opinión


La transformación

La transformación | La Crónica de Hoy

A lo largo de las últimas dos semanas, en el Congreso de la Ciudad de México, hemos visto desfilar, uno a uno, a los funcionarios del gobierno capitalino para rendir sus comparecencias correspondientes.

Todos y cada uno aseguran que vamos muy bien, lo cual no es cosa rara. Si vemos los últimos diez años de informes de la gran mayoría de funcionarios públicos, encontraremos que esta narrativa de progreso constante y sostenido, es ya una tradición. Si los informes correspondieran con la realidad, la ciudad se vería muy diferente. Lo que sí es nuevo en el discurso, es el reiterado anuncio de que ya todo cambió, que estamos viviendo en la era de la “Cuarta Transformación”, de un día para otro ya no hay corrupción, el viento sopla en otra dirección y el pueblo y la gente despierta feliz cada día, bajo el brillo de un nuevo sol. Tanto escuchar hablar sobre transmutaciones súbitas me hizo pensar en La Metamorfosis, de Franz Kafka. Entonces me di cuenta: “La Transformación”, es real. El único detalle es que, a diferencia de lo que todos hubiéramos deseado, el fenómeno se dio de una manera bastante similar a lo que experimentó el protagonista de ese libro, Gregorio Samsa. La historia comienza una mañana, los hombres y mujeres de la 4T, despiertan con la sensación de haber tenido un sueño intranquilo. Luego van descubriendo, poco a poco, su nueva situación: Se transformaron, sí... Pero no en el bicho que todos esperábamos. —¿Qué me ha ocurrido? —, pensaron. No era un sueño. Al principio, cuando son cuestionados sobre el estado de las cosas, sus respuestas dan la impresión de estar ignorando por completo la pregunta, como parte de una estrategia política. Pero, observándolos a detalle, resulta evidente. Apenas están descubriendo exactamente en qué se han convertido. No estamos hablando de gente que nació ya transformada, son personas que hasta hace poco caminaban, hablaban y se movían igual que nosotros. Y es que no es lo mismo ver con dos ojos que con ocho, ni oler con la lengua en lugar de hacerlo con la nariz.  Sin duda, la tarea de transformarse no es sencilla, por el contrario, es muy dura, cansada y requiere constancia. El riesgo es que si no se hace con cuidado, se puede sufrir la misma suerte que Gregorio Samsa quien, después de hacer enormes esfuerzos por abrir la puerta de su habitación apareció, por primera vez, a la vista de todos con su nueva forma: La de un enorme escarabajo.

*Vicecoordinador del PRD en el Congreso de la CDMX

 

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