Opinión


La violencia de género, la discriminación y la educación

 La violencia de género, la discriminación y la educación  | La Crónica de Hoy

No es un secreto para nadie el enorme problema que representa la violencia de género hacia las mujeres, este es un fenómeno mundial pero muy presente en nuestro país y nuestra Ciudad de México, donde recientemente salieron a protestar grupos, colectivos de mujeres porque el problema no cesa, de hecho, algunas cifras parecen indicar lo contrario: un repunte a nivel mundial.

Como nota de paso habría que señalar que estas cifras proporcionadas por distintos órganos nacionales e internacionales tienen diferentes fuentes y por tanto difieren parcialmente entre sí, aunque coinciden en lo fundamental.

Del hecho se desprenden muchas preguntas que, si bien no son nuevas, las referidas cifras les otorgan renovada vigencia, entre otras muchas ¿Qué factores generan o fomentan las conductas negativas y violentas en contra de las mujeres? La mayor parte del pensamiento actual coincide en que estas conductas violentas son aprendidas.

La UNESCO distingue y alerta sobre condiciones de violencia hacia las mujeres tanto por etapas de su ciclo de vida como en los distintos ámbitos de la vida social: en el primer círculo se señala que, desde la pre concepción, por ejemplo, se efectúan abortos selectivos por sexo, en la infancia temprana infanticidios y negligencia hacia las niñas como desnutrición o falta de cuidados en su salud y ablación entre otros. Durante la adolescencia: prostitución, trata, casamientos forzados y en la madurez agresión intrafamiliar, asignación de dobles roles como criadoras y proveedoras entre muchas más; el abuso sexual en todas sus formas y el homicidio están presentes a lo largo de todo su desarrollo.

Ahora bien, lo anterior no ocurre de la misma manera en países ricos que en países pobres, en un país dado no ocurre lo mismo, en una clase social con estabilidades sociales, económicas y financieras que en una clase social con carencias heredadas de generación en generación y que con cada ciclo el problema se va haciendo mayor.

Las condiciones que generan la inequidad forman parte del cúmulo de problemas y pendientes para los que la sociedad humana no ha encontrado solución. Para ello no hay recetas, aunque sí hay metodologías y protocolos que buscan en el mediano y largo plazo lograr resultados en el combate a la violencia de género. Los ámbitos donde se aplican de manera estratégica son, en su mayoría, institucionales; en primer lugar, se encuentran las escuelas.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, la educación se constituye como la suma de las aspiraciones humanas futuras, de la conjugación de nuestros miedos y fobias, del conocimiento y reflexión del futuro e inclusive de la concreción de nuestros potenciales y probables consensos.

La equidad y justicia forma parte estos futuros deseables por nosotros, hay consenso y claridad al respecto, no queda duda. Sin embargo, elaborar las políticas no resulta fácil, la Unicef menciona la dificultad de hacer visibles las acciones y actitudes que generan violencia y/o discriminación hacia las niñas y adolescentes en la escuela “… ya sea por temor al agresor, a la exposición pública, a la estigmatización, por desconocimiento de los derechos disponibles y accesibles para reportar y pedir ayuda… por estas razones los datos sobre violencia contra niñas, niños y adolescentes, son escasos”.

No obstante, lo anterior, de ninguna manera se puede dejar de atender el problema, el cual como hemos visto no sólo afecta a nuestro presente, sino que también amenaza el futuro de una sociedad más equitativa y con mejores perspectivas y oportunidades para niñas y adolescentes que serán mujeres construyendo ese futuro para todas y todos.

La primera asignatura para abarcar este problema debería ser unificar criterios y generar un diagnóstico acertado de la situación que impera en nuestras escuelas sobre todo en el nivel básico. La UNESCO emite una serie de criterios que buscan homologar la visión necesaria para el combate a la violencia y discriminación de género: física, sexual, emocional, descuido o trato negligente, prácticas perjudiciales, violencia institucional; de esta última se abunda: “daños, directos o indirectos y omisiones causadas por autoridades estatales de todos los niveles. Las omisiones pueden consistir el no aprobar o revisar disposiciones legislativas o de otro tipo, no aplicar adecuadamente las leyes y reglamentos, así como no contar con suficiente recursos y capacidades materiales, técnicas y humanas para detectar, prevenir y combatir la violencia contra niñas, niños y adolescentes”.

Si bien este tipo de violencia no es el única que sufren las mujeres, es en las escuelas de nuestro país donde se encuentra el espacio para la exigibilidad legal del estado, y también de la que se esperaría se generaran planes a corto, mediano y largo plazo, y por lo tanto contar con la posibilidad de prospectar resultados en esta materia.

Por tanto, la Secretaría de Educación Pública tiene en este sentido uno de los grandes retos y la posibilidad de reivindicar la función del Estado como garante de la convivencia social y el desarrollo integral del individuo, de su familia y de la sociedad; es también una oportunidad para consolidar modelos educativos que invariablemente integren, fomenten pero que sobre todo mantengan como habito un actuar de cada individuo basado en el respeto y la tolerancia que permitan retribuir la esencia de la comunidad.

Es la escuela, junto con la familia, y el lugar donde niñas y niños aprenden donde se ensayan los criterios de socialización, es menester orientar esta socialización hacia la equidad, justicia y prácticas saludables de convivencia, basados en el respeto mutuo. Por todo lo anterior, la esperanza para erradicar algún día la violencia de género está puesta en la educación.

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