Opinión


La vocación docente y las TIC

La vocación docente y las TIC  | La Crónica de Hoy

Los grandes pensadores de la humanidad, en cierto sentido, han sido educadores, pero no necesariamente maestros. En un sentido restringido, la educación es la transmisión de conocimientos a una persona para que ésta adquiera una determinada formación y quien escribe comparte conocimientos y moldea al lector, pero no es suficiente.

El ejercicio de la docencia obliga a la mente a ordenar las ideas para poderlas transmitir en un proceso integral de educación. El maestro es experto en convertir conceptos complejos en imágenes y pensamientos sencillos que impacten al alumno y lo enriquezcan en el saber y en el ser. El maestro forja en el proceso de enseñanza-aprendizaje y su labor va más allá de la fría transmisión de información.

De ahí la importancia del contacto personal, físico o a distancia, entre el educador y el educando que permite que haya la empatía necesaria a fin de que se genere la confianza suficiente para que haya apertura para la recepción de las ideas.

Las teorías newtonianas de la gravedad o las weberianas sobre la burocracia no serían tan relevantes socialmente en la explicación de la naturaleza o el comportamiento colectivo si no hubieran existido maestros organizados, que crearan una comunidad en torno a la formación personas para ser mejores y dispusieran de técnicas didácticas y elementos suficientes para difundir el pensamiento y enseñar su aplicación en la vida cotidiana.

La claridad de las ideas es el primer paso de la actividad docente. Esto implica preparación y estudio continuo. En un segundo plano, está el oficio para llegar a la mente y el corazón del estudiante. Por eso, la formación sustantiva más la preparación pedagógica es una suma indispensable en el maestro. La vocación es el sustento.

Los genios que han creado conocimiento, no todos han sido maestros. Los primeros sin los segundos hubieran sido como la lluvia escasa en el desierto. El docente es quien es capaz de recolectar esa escasa agua, en ocasiones en las condiciones más precarias imaginables, para llevarla o conducirla a un lugar en donde se convierta en fuente de vida y esperanza.

Aún inmersos en la economía globalizada y tecnologizada del siglo XXI la función docente no cambia sustancialmente. Las tecnologías de informática y comunicación (TIC) sólo ayudan a potencializar los efectos de la educación y a extender sus beneficios a las zonas más alejadas de los centros de generación de la ciencia y el conocimiento y las más inaccesibles geográficamente. Es indispensable establecer “contacto” con el alumno.

En ese sentido, la creatividad del maestro está aprueba. La era Google es un reto mayúsculo en el que los métodos “tradicionales” pierden efectividad por dos razones: son limitados en el alcance y el conocimiento evoluciona con gran rapidez.

La educación en línea o presencial a distancia (webinar o salones virtuales) facilita el acceso a millones de personas —no exagero— pudieran ser miles de millones que hoy saben cómo deben lavarse las manos para evitar enfermedades con tutoriales publicados en la red o cómo preparar un platillo mexicano viviendo en la Patagonia o el Estrecho de Bering.

El reto es cómo conservar el contacto personalizado entre el maestro y el alumno, aunque se utilicen los medios remotos de educación. Sin importar la distancia geográfica, el estudiante debe percibir que el docente siempre está en el otro extremo de la “línea” dispuesto a ayudarle en este proceso de formación permanente que es el ser humano.

La pandemia nos ha dado la oportunidad crear comunidades académicas más amplias e incluyentes con el uso más intensivo de las TIC. La vocación de enseñar es la misma, al verdadero maestro no le importa si tiene un alumno o 100 mil vistas en las redes, es la misma entrega en su labor de formación y difusión de los valores y del pensamiento humano.

La vocación de los maestros es tan fuerte que en poco tiempo se adaptaron a la “nueva realidad” y reanudaron las relaciones académicas interrumpidas por la sana distancia. El rezago no está en los profesores que siempre están abiertos al cambio si éste es el camino para continuar su labor educativa.

La limitante se llama brecha digital, que debe superarse para que más personas en zonas marginadas accedan a los beneficios de la educación en línea. La tarea es para los desarrolladores de las políticas pública de TIC. Felicidades a los maestros, que siempre están dispuestos a enseñarnos.

 

* Secretario del INAP

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