Opinión


Las Afores en peligro

Las Afores en peligro | La Crónica de Hoy

El diputado de Morena, Edelmiro Santiago Santos Díaz, presentó en abril pasado una iniciativa para desaparecer las Afores y que los recursos de los trabajadores fueran administrados por el Banco del Bienestar.

Inmediatamente, el presidente de la Consar, Abraham Everardo Vela Dib “aseguró que administrar una Afore o Siefore requiere una gran inversión en infraestructura, tecnologías de la información y sistemas contables y financieros y en sistemas para que expertos en inversiones, que en el mercado laboral privado tienen salarios altos, por lo que esas decisiones no las podemos dejar en manos de una institución que esté sujeta a restricciones presupuestales” (La Crónica, 24-04-2020).

En pocas palabras, el funcionario aclaró que el modelo para garantizar la inversión correcta de los recursos de los trabajadores no es, como diría mi abuelita, un “enchílame otra gorda”, sino que hay diversos y mecanismos diversos que requieren de un análisis más minucioso.

¿Qué son las administradoras de fondos para el retiro o afores? Son sociedades financieras autorizadas por el gobierno federal, a través de la Consar, que tienen como objeto administrar las cuentas individuales de los trabajadores del IMSS y el ISSSTE, así como de independientes que realicen aportaciones voluntarias.

Las afores son uno de los actores en el sistema previsional de aportaciones definidas que se empezó a construir en 1992 con el SAR, se consolidó como el modelo preferente en 1997 con la promulgación de la Nueva Ley del Seguro Social y amplió con la adopción de mismo por el ISSSTE en 2007.

Las entidades que intervienen en este sistema previsional son las instituciones de seguridad social, los bancos en su carácter de entidades recaudadoras, la empresa operadora de la base de datos del SAR, las afores, las aseguradoras de giro exclusivo para cubrir riesgos inherentes a la seguridad social, así como la SHCP, la Consar y la CNSF como autoridades financieras supervisoras de la correcta inversión de los recursos conforme a los establecido en las leyes.

El sistema es complejo, parte de la idea de la transparencia, es decir, que el trabajador, el titular de una cuenta individual del SAR o los beneficiarios de estos conozcan con oportunidad el monto y rendimiento del saldo ahorrado, que tiene como fin último el financiamiento de una pensión. También se conoce el costo de administración de estas cuentas que se refleja en una comisión cobrada por la Afore.

La Afore se convierte en un intermediario financiero que invierte los recursos de la cuenta y cobra los gastos de administración inherentes al proceso de depósito y publicidad. Destaco el primero porque con la comisión se cubren los costos de captar la cuota que pagan el patrón, el trabajador y el gobierno o la aportación voluntaria, la concentración de recursos y la información necesaria para la individualización y la dispersión de lo recaudado al IMSS, ISSSTE, Infonavit y Afores.

Este modelo de gestión permite identificar los costos de cada transacción y mejorar la eficiencia. Esto se ha reflejado en la disminución de las comisiones desde la consolidación del sistema, aunque esto todavía no es suficiente. En contraste, el modelo centralizador estatizado, como cualquier organización, incurre en gastos de administración de los recursos que se le confían, que no se conocen con precisión.

¿Es posible que una institución gubernamental administre e invierta cuentas individuales de los trabajadores? La respuesta es afirmativa. De hecho, en México, el Infonavit administra la cuenta de vivienda y la Afore sólo registra y comunica el saldo a los titulares de una cuenta individual.

El problema que se debe analizar ante la propuesta del diputado de Morena es cuánto costaría crear las estructuras organizacionales y contratar al personal calificado en el Banco del Bienestar para cumplir con la función que hoy realizan las afores y el PENSIONISSSTE, que no es propiamente una Afore.

Este tipo de propuestas, sin que exista un estudio de costo-beneficio, se parecen mucho a las ocurrencias y las Afores sólo están en peligro si el poder político las escucha y las incorpora en un discurso cargado de ideología contra lo privado.

¿Quién pierde? Los de siempre. Los trabajadores que van a pagar de una u otra manera el costo de administración de las cuentas individuales, que alguien cubre, aunque no se llamen comisiones. La calidad de las inversiones en las Afores ha mejorado y el control sobre las mismas de la Consar es estrecho.

Esto último lo señala el Presidente de la Consar con claridad y ha defendido ante la opinión el esquema actual de administración de los recursos, que se basa en la gestión privada en un régimen público. El peligro de desaparecer las Afores disminuye, pero no desaparece. Hay que estar atentos. Ese ahorro representa alrededor de 4 billones de pesos.

Hay que formular la pregunta al debate público. ¿las Afores deben desaparecer?

 

* Secretario del INAP

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