Opinión


Las barreras para la innovación tecnológica en México

Las barreras para la innovación tecnológica en México | La Crónica de Hoy

Dr. Leonardo Ríos Guerrero

En nuestro país, la inversión total en ciencia y tecnología es apenas 0.5% del PIB, una de las más bajas entre los países de la OCDE. Por otro lado, de esta inversión, la mayor parte corresponde al sector público, para ciencia básica. Esto contrasta con países como Corea del Sur, Japón, USA, Israel y UK, donde la inversión privada representa el 80% de su gasto en ciencia y tecnología, lo que robustece sus industrias y genera empleos de calidad. Nosotros invertimos muy poco, así que resulta vital impulsar mecanismos que detonen la inversión privada para transformar nuestra sociedad hacia la economía del conocimiento.

México ha atraído inversiones extranjeras para incidir en nuestro mercado y para exportar. Desafortunadamente, nuestra principal ventaja competitiva han sido salarios bajos. El reto es asimilar e innovar tecnologías extranjeras, así como desarrollar tecnologías propias. Se ha demostrado a nivel mundial que la colaboración universidad-industria es la clave para generar nuevos productos y servicios1. Un programa muy exitoso, basado en el modelo de triple hélice, figura 1, fue el Programa de Estímulos a la innovación 2009-2018.

El modelo triple hélice gobierno-industria-universidad ha demostrado que la academia puede jugar un papel crítico en la modernización de un país2. Pero es necesario desarrollar un vínculo sólido entre el mundo académico y la industria. La innovación produce desarrollo socioeconómico, reduce la pobreza, crea empleos de calidad3.

Las barreras a la inversión privada en innovación en México están relacionadas con el riesgo inherente del desarrollo tecnológico, lo que constituye una falla del mercado. Además, no existe una cultura para desarrollar tecnologías propias. Todo se compra al exterior, incluso tecnologías obsoletas. Para cambiar este paradigma, CONACYT en 2009 instituyó el PEI: Programa de Estímulos a la innovación, para impulsar la innovación tecnológica en alianza con universidades.

El modelo de triple hélice sirvió como catalizador para fomentar la innovación. Proporcionó un marco para superar los obstáculos de la colaboración.  Permitió a las industrias asimilar nuevos conocimientos de las universidades, pero también las universidades se modernizaron hacia la tercera misión, transferencia de conocimientos e impacto en la sociedad. Figura 1.

Cerca de 5,000 industrias mexicanas llevaron a cabo innovación tecnológica en vinculación con universidades y CPIs. La gran participación industrial y académica superó las expectativas. La inversión total de 2009 a 2018 fue de $52 mil millones de pesos, donde $24,500 millones provinieron de CONACYT y aproximadamente $27,500 millones de pesos de empresas privadas.

Los sectores más innovadores en México fueron tecnologías de la información, automotor, alimentos, agroindustria y química.

De esta forma, los escasos recursos públicos se duplicaron para desarrollar tecnologías de alto impacto, en asociación con universidades. Los recursos canalizados al sector académico fueron de $13,000 Millones USD, más de la mitad del financiamiento de CONACYT al PEI. Los conocimientos científicos de las universidades mexicanas y CPIs fueron muy importantes para las empresas, pero además hubo movilidad de recursos humanos calificados, como investigadores y estudiantes. Las universidades, a cambio, obtuvieron fondos adicionales y aprendieron sobre las necesidades del mercado para reorientar sus líneas de investigación.

Las empresas que participaron en el PEI informaron sobre 21,150 nuevos empleos relacionados con actividades de innovación, más de 4,700 patentes y otras figuras de IP y cerca de 35,000 recursos humanos capacitados en innovación. Otro resultado sobresaliente fue la participación de microempresas, 22% del total. Jovenes emprendedores y estudiantes de posgrado invirtieron para mejorar sus productos y servicios en alianza con universidades y CPIs. Muchos descubrimientos académicos no se habían aprovechado en México por falta de recursos para su maduración y escalamiento. PEI ha sido la mejor convocatoria del CONACYT enfocada en la aplicación de la ciencia.

Cabe mencionar que los proyectos apoyados fueron mayoritarimante de niveles tecnológicos TRL 3 a 6, es decir, desde pruebas de concepto hasta prototipos a escala piloto. El escalamiento industrial no se consideró en PEI. Ya es una decisión de negocio, de las empresas participantes, donde la incertidubre técnica ha sido superada, en su caso. Estas inversiones suelen ser mucho mayores. De esta forma, el apalancamiento de recursos privado/publico, que duplicó la inversión de CONACYT, en realidad será mucho mayor, una vez que los nuevos productos lleguen al mercado.

Respecto a la transparencia y rigor en el manejo de los recursos, todas las propuestas fueron evaluadas por dos científicos reconocidos, de manera independiente y confidencial, donde la especialidad del evaluador se ajustaba al objeto del proyecto. Si la evaluación de ambos científicos coincidía, positiva o negativa, la evaluación se daba por concluida. Se realizó una tercera evaluación cuando no coincidían. Todo el proceso se registró en la plataforma electrónica de CONACYT, de forma auditable y clara. De los proyectos con mayor calificación, cada estado seleccionó los mejores para su región, en función de sus vocaciones sectoriales. Los proyectos bien evaluados siempre superaron los fondos disponibles. Todos los estados participaron.

Cabe señalar que en RENIECYT–CONACYT, Registro nacional de instituciones y empresas tecnológicas, se evalúan y certifican, en su caso, compañías que hacen innovación de alta tecnología en México, sin importar el origen del capital. Por lo tanto, las críticas hacia el apoyo a empresas globales, que tienen centros de producción en México y que desarrollan tecnologías con Universidades nacionales, carecen de fundamento. Hasta las industrias del tequila y de la cerveza poseen ahora capital internacional. Lo importante es su compromiso por desarrollar tecnologías en el país y generar empleos de calidad.

Como efectos adicionales del Programa, varios centros privados de innovación fueron creados o consolidados en automotriz, alimentos, aeronáutica y electrónica. Las oficinas de transferencia de tecnología en la mayoría de las universidades se consolidaron.

El Programa de Estímulos a la Innovación, PEI, fue un primer paso hacia la economía del conocimiento, donde las universidades y CPIs tuvieron una aportación fundamental. Considero que se deben impulsar mayores retos de colaboración universidad-industria como mecanismo para resolver problemas que agobian a nuestra sociedad. Además, se aprovecharía mejor la gran capacidad científica nacional, de la llamada “híper élite”, para la “verdadera transformación” hacia la economía del conocimiento.

1     Etzkowitz, H. & Leydesdorff, L. The dynamics of innovation: from National Systems and ‘“Mode 2”’ to a Triple Helix of university–industry–government relations. Res. Policy 109–123 (2000).

2     Etzkowitz, H. The triple helix: University-industry-government innovation and entrepreneurship. The Triple Helix: University-Industry-Government Innovation and Entrepreneurship (2008). doi:10.4324/9781315620183.

3    Sutz, J. & Arocena, R. Integrating innovation policies with social policies: a strategy to embed science and technology into development processes. IDRC Innovation, Policy and Science Program Area, Strategic Commissioned Paper (2006).

Premio Nacional de Ciencias y Artes 2003 (Tecnología). Coordinador de innovación UAEM

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