Opinión


Las vacunas contra la Covid 19, los confinamientos y mi abuelo

Las vacunas contra la Covid 19, los confinamientos y mi abuelo | La Crónica de Hoy

Pienso en los niños y en los jóvenes y me pregunto cómo experimentan esta época tan difícil, tan extraña, tan amenazadora. Yo crecí oyendo hablar de la Guerra de Vietnam. El 2 de octubre en Tlatelolco no me tocó. Es decir, no participé en nada brutal. He sido, en ese sentido, una privilegiada.

También me pregunto cómo habrá atravesado mi padre por todas las épocas aciagas que le salieron al paso. De niño, la Primera Guerra Mundial, de joven, la guerra de Marruecos, en la que, entiendo, participó; después la Guerra Civil española, no en la línea de fuego, pero sí en el gobierno republicano. Por último, la Segunda Guerra Mundial le cayó encima a él , a mi madre y a mi hermana recién nacida, cuando residían exiliados en Francia. Tuvieron la suerte de no padecer un campo de concentración, porque papá, por nacimiento, era ciudadano francés.  Permanecieron en París hasta que entraron los nazis y a partir de eso solicitaron su refugio en México. Yo vine a nacer muchos años después, cuando el prologando exilio obligó a que mis padres comprendieran que de aquí éramos y aquí nos quedábamos. De la gripe española, no hablaba mi papá, pero mi mamá sí, a escondidas. Resulta que mi abuelo paterno se contagió de  influenza y salió avante de la enfermedad, pero un par de años más tarde, más o menos, como Kafka, murió de tuberculosis. Y esto no se lo platicó nunca a mi  padre, que era aprensivo, algo hipocondríaco y seguramente la tisis significaba para él un padecimiento maldito. Ignoro por qué.

El concepto de enfermedad cambia con los tiempos, algunos males se ocultan y no me refiero a afecciones de transmisión sexual sino a la tisis en el caso de mi abuelo o hay quienes ocultan sus males, porque nada “anormal” puede “mancharlos”. A los pequeños niños zurdos, en alguna época, los obligaban a escribir con la  mano derecha. Está muy arraigada la idea de normalidad, pero los cambios en la naturaleza  y en los cuerpos son inevitables y con eso no contamos nunca. En la  década de los ochenta, el SIDA se convirtió  no sólo en una temible plaga sino en un estigma. El cuerpo humano, una vez más, como en la tuberculosis para algunos, pero aún peor en la locura o las enfermedades sexuales, se encasilló bajo una mirada vigilante y juzgadora. Sin embargo, ocurre una pandemia como la que en estos momentos se agita a un ritmo acelerado y que nos viene asolando desde principios del 2020, y la anomalía del cuerpo enfermo es un producto trágico, debido a  un agente  hasta ahora indómito. El padecimiento no surge de la genética o de la disipación ni  tampoco de la pobreza. Se trata de un mal muy democrático.  En estos momentos en México, como dice mi doctor Constantino Flores, tres representantes de tres grandes poderes padecen SARS-Cov-2: el presidente de la república mexicana, Andrés Manuel López Obrador, Carlos Slim, el hombre más rico del país y el cardenal emérito Norberto Rivera.  Figuras respectivamente del poder ejecutivo, del  dinero y  de la Iglesia Católica.

Como verán, la enfermedad acecha en el instante en que uno pone un pie fuera de la casa o que permitimos que entre alguien con quien no convivimos. El virus no aparece por generación espontánea, es acarreado.

Los niños y los jóvenes, pues, pasan los días encerrados, tomando clases por Zoom (bendito Zoom) y anhelando otra vida.

En este enero del 2021 se manifiesta una segunda ola pandémica y la vacunación en México se retarda. El doctor López Gatell anunció el pasado martes 26 que se recibirán más de un millón 250 mil vacunas de Pfizer. Los cambios en la cápsula del virus, que registran las mutaciones, no impiden que la vacuna de Pfzizer entre al RNA, que es el material genético de coronavirus, y por ende atacan lo que deben atacar. Recordemos que deben aplicarse dos dosis, con 21 días de diferencia. Es decir, que el más de un millón 250 mil vacunas de Pfizer se reduce a la mitad. Y somos muchos mexicanos.

De la vacuna estadounidense Moderna se afirma que contiene altos niveles de protección. Probablemente autorice su uso La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por su sigla en inglés) y se aplique en los Estados Unidos. Tendría una eficacia de 94.1 % . Algunos expertos en salud dicen que tanto la vacuna de Pfizer como la Moderna son semejantes, pero Moderna no inmuniza tan bien a las personas mayores de 65 años, además de que puede causar algunos efectos secundarios, no graves.

La vacuna AstraZeneca de la Universidad de Oxford, que supuestamente se envasará en México,  es barata de producir y más fácil de transportar que la Pfizer, pero parece que no resulta tan potente. Sin embargo, se puede refrigerar con facilidad, mientras que la Pfizer debe mantenerse a 70 grados bajo cero. Es complicado conseguir contenedores tan fríos. Su ingrediente principal es un adenovirus, o sea proviene de una familia de virus, causante del resfriado en chimpancés, transformado genéticamente para que no dañe nuestro cuerpo.

En el caso de la vacuna rusa Sputnik V se la ha compuesto a la antigua usanza, la de suministrar  vectores adenovirales humanos desactivados, o sea, un virus modificado, sin genes reproductivos y que crearán anticuerpos. La COFEPRIS, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, la aprobó al día siguiente de que Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa, ofreciera enviar  a México 24 millones de dosis contra la Covid-19. El perseguidor de sus opositores, Putin, los que misteriosamente son envenenados bebiendo té, “se mostró --según escribió en Twitter nuestro presidente, genuinamente afectuoso”.

Debido a estas noticias y tomando en cuenta la lentitud con la que se ha llevado hasta ahora el difícil proceso de vacunación a todos los mexicanos, nada menos que 126 millones 14, 024 habitantes según recientes datos del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), no sé cuándo se vacunara a los niños y a los jóvenes que se encuentran confinados.  Ninguna de las vacunas mencionada está habilitada para menores de 16 años, porque durante los ensayos de seguridad no incluyeron ni adolescentes ni niños.

La vacuna rusa, Sputnik V nos llegará, suponemos, que con cierta prontitud. Hasta ahora su efectividad es de 50.38% y tiene el antecedente de haber sido aprobada de manera express en Rusia, país que inició la vacunación el 5 de diciembre, adelantándose a los mismos Estados Unidos, todavía agobiados por Donald Trump en esa fecha. Según los desarrolladores de la vacuna rusa, esta posee una eficacia de 91.5%.  La FDA estadounidense no la  ha aprobado ni tampoco la OMA (La Organización Mundial de la Salud).

La vacuna, Sputnik V se ha compuesto a la antigua usanza, la de suministrar  vectores adenovirales humanos desactivados, o sea, un virus modificado, sin genes reproductivos y que crearán anticuerpos. La COFEPRIS, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, la aprobó al día siguiente de que Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa, ofreciera enviar  a México 24 millones de dosis contra la Covid-19. El perseguidor de sus opositores, Putin, los que misteriosamente son envenenados bebiendo té, “se mostró --según escribió en Twitter nuestro presidente, genuinamente afectuoso”.

Nos queda la vacuna CanSino, la china, que se aplicó a centenas de miles militares del Ejército y al personal médico. No se sabe mucho sobre ella. Según Dario Celis, importante periodista de negocios de El Financiero (14 de diciembre,2020), Andrés Manuel López Obrador y su familia se habrían vacunado con la vacuna china.

En una emergencia, que es lo que  estamos sobrellevando, los mexicanos mayores de 16 años a lo mejor escogerían vacunarse con la Sputnik V o la CanSino. Yo no lo sé, ninguna ha pasado por la fase 3 y  desconocemos los efectos que puedan originar. ¿Precisaremos soportar y vencer al despiadado SARS-Cov-2 como le sucedió a mi abuelo con la gripe española para luego impedir, quién sabe cómo, que las secuelas nos enfermen de otro padecimiento? El abuelo, un andaluz realmente guapo, frisaba los 33 años de edad. La juventud le ayudó. Yo, a mi edad, podría ser la madre de mi abuelo y me encuentro en desventaja solo por eso y a saber porqué más. Escribió acerca de la Sputnik V en un tweet el muy admirado doctor Francisco Moreno Sánchez:

No ha completado la fase 3.

La fase 2 consistió en la eficacia de 74 voluntarios.

60% de los propios rusos la rechazaron.

En su nombre lleva la prisa implícita.

Complicado, peligroso y triste es el escenario de la pandemia al que nos enfrentamos los mexicanos.

 

 

 

 

 

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