Opinión


Lectores críticos

Lectores críticos  | La Crónica de Hoy

No es tarea fácil construir una visión crítica de la realidad, tampoco es un proceso que se genere por arte de magia. No es posible, que todos coincidamos en formas de interpretar el mundo, no se trata de coincidir en todo, pero tampoco de ir contra todo, se trata sí, de generar identidad, reducir sesgos, todo a través de ejercer la libertad de creer en algo o en alguien.

Creer o no en algo, no es una discusión nueva, pasa por diferenciar lo que resulta más importante para alguien, si los hechos o las ideas. Y dicha discusión data, al menos, desde las antiguas escuelas griegas jónicas enfrentadas contra las pitagóricas que versan sobre lo que se debe servir como guía de la vida, de nuestras creencias.

Pero hay límites que se han establecido a lo largo del tiempo, y precisamente uno de ellos se sostiene a través del Estado laico y lo que representa, ideas de las reformas juaristas, personaje al que tanto citan en la publicidad oficial y en los discursos por la mañana de unos meses para acá.

La difusión de la llamada cartilla moral va en contrasentido de los principios que dicen defender, es más, en los hechos aceptan que “no es publicando la cartilla moral como se solucionarán los problemas éticos que aquejan a la sociedad mexicana…la podredumbre espiritual”. “Nunca se debe escatimar el anhelo de vivir en una sociedad mejor y más amorosa… a un lector crítico seguramente, ya no le darán gato por liebre”.

Por ello, querer imponer a través la religión protestante su idea de moral resulta inconcebible, no solo atenta contra los postulados de Juárez, sino que el Estado (en su parte de gobierno) use su relación con representantes religiosos para a fuerza de repetición se logre “ser bueno” y solucionar los problemas éticos de nuestro país.

Porque para esto, para que cambiemos de comportamiento, para superar la crisis moral que vivimos, se requiere del conjunto de todos, de la sociedad, de la familia (núcleo fundamental y natural), así como de la educación académica. Debemos de pasar del esquema de la réplica de recetas morales, de consejos como el “pórtense bien”, a una verdadera discusión sobre la ética y moral en lo privado y en lo público, que pase, necesariamente, por garantizar las tareas que nos tocan, como es el hecho de garantizar el estado de derecho por parte del gobierno.

Los esfuerzos son loables, pero no debemos de confundir los límites que la laicidad nos marca, porque este país, afortunadamente pregunta más, cuestiona más, analiza más y, por ende, cualquier lector crítico sabe diferenciar entre un intento de manipulación a un intento de mejorar los parámetros de nuestra convivencia social.

 

 

 

@DrLuisDavidFer

 

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