Opinión


Lo emocional y los populismos

Lo emocional y los populismos | La Crónica de Hoy

La entrevista de Evo Morales y Pepe Mújica en México mueve a la reflexión. Dos expresidentes. Uno exiliado tras una crisis política que el contribuyó a gestar y otro retirado en 2018. Uno moviliza grupos desde el exilio y otro convoca a abandonar los extremismos. Uno en pie de lucha y otro en contra del odio. Los dos de izquierda y con el mismo estilo antisistema, anti-statu quo y anti-establishment.

Esto demuestra que el común denominador entre líderes electoralmente eficientes es la disrupción y el aprovechamiento de la inconformidad social generada por la insuficiencia de la democracia representativa y la economía globalizada.

No hay un eje que gire en torno a una racionalidad política. La reunión de dos líderes con posicionamiento similar, ambos se definen de izquierda, en México y el buen recibimiento del gobierno a ambos personajes permite identificar la ruta hacia el futuro, que en realidad es un regreso al pasado de la región. Vivimos una época de identidades en el estilo y en la comunicación de sentimientos sociales compartidos como el fastidio o el hartazgo ante una realidad desfavorable como la profunda desigualdad social, pero poca reflexión hay sobre el resultado de estos experimentos políticos. El regreso al centrismo, en forma institucional como en Uruguay o abrupta en Bolivia, marca una tendencia ante el fracaso del populismo en materia de seguridad pública, libertades y superación de las brechas sociales.

Los estilos de varios personajes políticos son similares y esto los hace exitosos en las urnas y en las tácticas para conservar el poder más allá del primer mandato. En Uruguay el proyecto del frente amplio de izquierda conservó el poder 15 años con dos Presidentes en tres periodos y en Bolivia Evo Morales se mantuvo el mismo tiempo.

La orientación racional e ideológica es lo que distingue a los populismos y los divide en izquierda o derecha, pero en el fondo hay un “alma” compartida alejada de las democracias pluralistas y representativas, que es una de las semillas de la muerte de la institucionalidad democrática, la cual suele desatar fuerzas destructivas de la paz y tranquilidad sociales. Los rasgos comunes: la polarización social y el azuzamiento del resentimiento de clase, género, grupo étnico y otras fobias.

¿Cómo explicarse las manifestaciones de violencia en Latinoamérica? Hay una falta de madurez emocional en las sociedades que no han sido capaz de aprender de los errores históricos. La movilización aumenta significativamente por un enojo que estaba contenido y explota ante la lentitud en la superación de los esquemas de desigualdad social. No importan los avances registrados, la desconexión entre los gobernantes y la sociedad o el pueblo es la detonante del conflicto. La legitimidad por resultados es sustituida por una necesidad de reconstituir la confianza en el gobierno.

Evo Morales y Tavares-Pepe Mújica representan los gobiernos que generaron inicialmente confianza, pero la constante polarización que provocaron para mantenerse en el poder se revirtió en su contra, ya sea como individuos o como frente amplio o movimiento. El boliviano salió huyendo a un país de asilo y los uruguayos perdieron en las urnas derrotados por una opción política calificada de centroderecha.

Los estilos de gobernar apelan a lo emocional de las personas. El votante siente empatía o desapego por un candidato o un gobierno por la forma de comunicar sin que importen los resultados. Esto explica que haya un apoyo incondicionado a un gobernante, aunque haya deterioro de la actividad económica o un riesgo real a la vida por el aumento de la inseguridad y la consecuente desilusión.

La explotación intensiva del hartazgo social contra el neoliberalismo globalizador fue el denominador común en la geopolítica latinoamericana en la década pasada. El agotamiento del discurso se manifiesta en Venezuela, Ecuador, Perú, Nicaragua y Bolivia. En Chile y México, los más avanzados en las estrategias de modernización del Estado, apenas empiezan el camino hacia la regeneración de la confianza pérdida por el abuso del poder, el excesivo pragmatismo y la percepción de una corrupción generalizada.

El dato relevante es que la “otra” vía no ha sido solución a la desigualdad social, ni ha abatido la corrupción. En algunos casos, ha profundizado las brechas sociales y reducido el desarrollo social y político. Lo emotivo socialmente suele expresarse como un odio hacia el que es distinto o al extranjero y se convierte en una estrategia para cubrir los errores del gobierno.

Por eso, es significativo que dos líderes populistas se reúnan en México con el beneplácito del gobierno y una amplia difusión de sus actividades. ¿Querrán imitar el estilo? Hay que señalar que el estilo desenfadado desgasta a las figuras políticas que deben recurrir a la movilización permanente o la confrontación para conservar su imagen de ídolos del pueblo. ¿Vale la pena ese camino?

 

Miembro Electo del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I
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