Opinión


Lo peor del arte mexicano

Lo peor del arte mexicano | La Crónica de Hoy

Desde la obra fallida de Martha Chapa hasta la de Fernando Andriacci, Nour Kuri, Sandra Pani o la del novato David Camorlinga Tagle, en los últimos años ha habido en México un auge de personajes que ven al arte como fácil y rápido medio para fama y dinero, sin dialogar a fondo con la historia del arte o el arte contemporáneo.

Leonardo Nierman ha despojado a la pintura abstracta de su denso bagaje del siglo XX al tornarla un banal efectismo. Javier Marín y Jorge Marín amaneran dos mil años de escultura occidental y la rebajan a objeto decorativo culturalmente hueco. Claire Becker remeda tardíamente a Alina Szapocznikow (1926-73) o Maria Bartuszová (1936-96) y miente al difundir que participó en la 53 Bienal de Venecia, 2009, cuando sólo estuvo en la fallida exposición colateral, La Città Ideale. Francesca dalla Benetta suele copiar mediocremente a Patricia Piccinini, sin innovar algo.

Hay oportunistas que van más lejos en su ineptitud creativa: Byron Gálvez (1941-2009) se fusiló a Rufino Tamayo (1899-1991) en sus últimas décadas, la peor etapa del oaxaqueño. Karla de Lara se autodenomina falsamente como la “artista mexicana con mayor difusión mundial”, ¿y Teresa Margolles o Frida Kahlo?, siendo acusada de plagio igual que Alejandra Zermeño, demandada por Héctor Velázquez, par de escultores con ínfimos alcances estéticos. Raquel Tibol (1923-2015) calificó “espantosa” (La Jornada 12ene2012), la obra de Rivelino (José Rivelino Moreno Valle). El otrora maestro de la geometría, Enrique Carbajal, Sebastian, inunda el país con adefesios que rivalizan en fracaso estético con los feos Timoteos de Rodrigo de la Sierra.

Aun cuando el Antiguo Colegio de San ­Ildefonso o el Museo Fernando García Ponce-Macay han minado su credibilidad al exhibir a algunos de estos personajes, el Museo Jumex, el Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC o el Museo Tamayo se resisten. Cuando alguno de estos oportunistas exhiba individualmente en sólo uno de estos tres museos, entonces sí, será la muerte del arte contemporáneo.

 

@artgenetic

 

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