Opinión


López Obrador: 100 días y contando

López Obrador: 100 días y contando | La Crónica de Hoy

La modalidad impuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador de presentar todos los días sus “conferencias mañaneras” para, supuestamente, hacer un ejercicio de rendición de cuentas y mantener informada a la nación de los actos de gobierno, en realidad se ha convertido en un ejercicio de propaganda y, sobre todo, de filtrar subliminalmente lo que se llama el “poder de agenda”.

Mediante esta estrategia, los medios de comunicación reproducen sus dichos lo mismo en las barras matutinas, las de mediodía y las nocturnas. De manera imperceptible, el tabasqueño se ha adueñado del espacio público; ha colonizado un lugar que por su naturaleza debería ser plural, democrático y en el que se deberían tratar, desde abajo, los muy diversos aspectos que plantea la sociedad mexicana. Empero, el Jefe del Ejecutivo ha sabido apropiarse, desde arriba, de la atención de los ciudadanos.

Esto ha provocado que los dichos, ocurrencias, aciertos y desaciertos del tabasqueño sean temas de discusión entre las familias, los amigos, las oficinas, las aulas y, por supuesto, la comentocracia.

López Obrador está desecando una fuente de interacción democrática que nos costó mucho trabajo construir. Y casi nadie se ha dado cuenta de ese asalto autoritario.

Para dar una mejor explicación de lo que sórdidamente está sucediendo, me apoyo en Stephen K. White, quien señala que el espacio público o esfera pública es un lugar multifacético que se encuentra en medio del Estado y de la economía (Civil Society and Government, New Jersey, Princeton University Press, 2002, p. 146)

Nancy Fraser es aún más explícita: “La idea de la esfera pública en sentido habermasiano se refiere al foro en el que en las sociedades modernas es posible la participación política gracias al médium de la palabra. Es el espacio en el que los ciudadanos deliberan acerca de asuntos comunes y, por tanto, en ella se institucionaliza la arena de la interacción discursiva. Esta arena es conceptualmente distinta del Estado; es un sitio donde se producen y circulan discursos que pueden, en principio, ser críticos del Estado. De igual manera, la esfera pública es conceptualmente distinta de la economía; no es un espacio donde se lleven a cabo relaciones de mercado, más bien es un terreno en el que se registran las relaciones discursivas, un campo para debatir y deliberar en lugar de comprar y vender” (“Rethinking the Public Sphere”, in Craig Calhoun (ed.) Habermas and the Public Sphere, Cambridge, Massachusetts, The MIT Press, 1997, p. 134).

En el estudio de la transición a la democracia en México hemos puesto más atención en los avances logrados en materia electoral y el surgimiento de nuevos partidos políticos, entre ellos, precisamente, Morena; pero, hemos descuidado un fenómeno de la mayor importancia: el surgimiento de la esfera pública que permitió, como dicen White y Fraser, la discusión libre y plural sobre los más variados temas de la vida social. Incluso, ­hacer una crítica, desde esa plataforma al Estado, cosa que durante el período autoritario no fue posible o por lo menos fue muy difícil y peligroso.

Lo que vemos es que AMLO está llevando a cabo una doble estrategia para atacar y ­restringir a esa esfera pública: por un lado, mediante sus conferencias mañaneras, atraer los reflectores, cámaras y micrófonos diariamente hacia su persona (soft ­power); por otro lado, está apretando a los medios de comunicación a través del chantaje y la presión financiera o tenues mensajes sobre tal o cual ­columnista o comentarista al decir o mandar decir no me gusta y tal otro comentarista o columnista sí. A esto hay que agregar lo que ya sabíamos pero que hoy “Signa Lab ITESO” ha documentado: la existencia de bots y toda una red digital para atacar, insultar y amenazar a quienes se pronuncian en contra de López Obrador (hard power).

Shannon K. O’Neil en un artículo titulado “López Obrador está desmantelando la democracia en México” (“Lopez Obrador is Dismantling Democracy in Mexico”, Bloomberg Opinion, 11-03-2019) comienza diciendo: “Las dos más grandes economías de América Latina están en sus primeros 100 días de nuevas administraciones. Durante las campañas presidenciales en Brasil y México, los defensores de la democracia se preocuparon más por la suerte de Brasil, dada la nostalgia de Jair Bolsonaro por el régimen militar. Sin embargo, hoy la democracia en México está seriamente amenazada: el Presidente Andrés Manuel López Obrador, conocido como AMLO, está concentrando sistemáticamente el poder en un ya de por sí poder Ejecutivo fuerte.”

Para llevar a cabo esa concentración del poder está poniendo en marcha acciones selectivas: reparte dinero a una masa potencial de electores, o sea, a 10 millones de personas de la tercera edad, 5 millones de estudiantes, 2 millones de jóvenes desempleados, 4 millones de discapacitados. Clientelismo y populismo puros. Sin embargo, ha cancelado las estancias infantiles y ha puesto en aprietos a los refugios de mujeres que sufren violencia, ha despedido a miles de empleados públicos.

Cierto, AMLO goza de altos índices de popularidad, pero indudablemente le ha causado mucho daño a muchas personas en un lapso muy corto de tiempo.

 

Twitter: @jfsantillan
Mail: jfsantillan@tec.mx

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