Opinión


Los anarcomorenistas

Los anarcomorenistas | La Crónica de Hoy

El proceso interno de Morena para renovar dirigencia nacional parece diseñado por el PRIAN. Ni en sus fantasías políticas más húmedas, la oposición imaginó que las cosas le saldrían tan mal al nuevo partido hegemónico que tiene, cada vez más, la pinta de ser un ave de paso por el quehacer político nacional. Ayer no existía, hoy gobierna, mañana se autodestruye. Y es que el poder quema.

Los morenistas saben que con la oposición en la cuneta, todavía pensando si vale la pena levantarse o no, ser candidato de Morena equivale a un seguro triunfo electoral y para tener acceso a las candidaturas hay que controlar el partido y por eso, por su ambición desmedida y por la falta de una tradición democrática, los morenistas ofrecen un espectáculo patético, un día sí y otro también, con golpes, mentadas, sillazos y hasta tiros, en un proceso que parece diseñado, decía, por el PRIAN. Son los anarco-morenistas.

Parte del problema es un intrincado mecanismo de selección de aspirantes. No pueden quejarse porque ellos mismos, los morenistas, lo idearon, lo aprobaron y lo incluyeron en sus documentos básicos que mandaron al INE para formalizar su forma de autogobierno. Nadie se los impuso. Como hay que hacer asambleas distritales a lo largo y ancho del país, cada asamblea es una oportunidad para repartir golpes y ganar como sea la posición de mando. Los medios han cubierto los pleitos como quien cubre una lucha libre sin límite de tiempo en la Arena México.

No hay a la vista otra opción que no sea el enfrentamiento. Hay cuatro aspirantes a la dirigencia. Tres quieren suspender el proceso, dejarlo para después o, de plano, hacer caso omiso de los documentos básicos y organizar una encuesta tal y como lo dijo López Obrador. La cuarta aspirante, Bertha Luján, quiere seguir el camino largo que le tiene asegurado el triunfo porque ella sí leyó las letras chiquitas de la convocatoria e hizo su tarea.  Yeidckol Polevnsky apuesta por su cercanía personal con AMLO; Mario Delgado, a su vínculo con Ebrard y su posición en la Jucopo de San Lázaro; y Alejandro Díaz Durán, cercano a Monreal, compite para dar lata y hacerse el odioso, que es su don natural.

El presidente López Obrador tiene razón para estar preocupado, pues la creatura que concibió para tener registro y alcanzar la Presidencia de la República está creciendo torcida. Andrés está molesto y no lo oculta. Incluso dijo algo inusitado: que podría renunciar al partido e incluso pedir que le cambien de nombre porque él no lo reconoce. Algo similar dijo Yeidckol, que podría renunciar al partido, de modo que antes de cumplir un año en el gobierno, apenas un año, Morena encara una crisis que podría ser terminal.

Es claro que todavía le falta mucho para consolidarse como partido, y tal vez no lo logre, es un movimiento que se infló bajo la sombra de un líder carismático como es López Obrador. Se trata de un movimiento amorfo al que le falta de todo, comenzando por la disciplina partidista que hizo posible la larga vigencia del tricolor a lo largo del siglo pasado. Morena no ha podido librarse de la maldición del PRD, su principal afluente. El partido del Sol Azteca, hoy en franco proceso de liquidación, tampoco pudo nunca darse una dirigencia sin fracturarse. El PRD le transmitió ese nefasto gen a Morena, que por eso anda por ahí sin rumbo. Los anarcomorenistas tienen al partido al borde del abismo, otro pleito, otros balazos, un muerto, y adiós.

 

jasaicamacho@yahoo.com
Twitter: @soycamachojuan

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