Opinión


Los apuntes de la Infraestructura

Los apuntes de la Infraestructura | La Crónica de Hoy

El pasado martes 26 de noviembre el Presidente presentó en las mañaneras el Acuerdo Nacional de Inversión en Infraestructura del Sector Privado que incluía obras con la participación de los empresarios en un 80 % por un valor de casi novecientos mil millones de pesos a ejecutarse durante el sexenio 2018-2024.

Este anuncio es un verdadero parto de los montes. La ¿recesión o estancamientos? económicos exige que haya proactividad del gobierno en materia de inversiones y que se promueva la construcción y, por ende, el empleo y, sin embargo, el documento sólo es un adelanto del programa nacional correspondiente que estará concluido en enero o febrero próximo.

La estrategia de presentar unas diapositivas, criticada injustificadamente en cuanto a la consistencia de las cifras, obliga a los funcionarios públicos a la aclaración permanente de lo que se divulga y, en este caso, la frase preferida es que esta información era “flexible” susceptible de ser modificada o ampliada en el transcurso del año entrante. El argumento fue que sólo se habían incluido aquellos proyectos que contaban con los permisos, autorizaciones y derechos de vía suficientes para garantizar que efectivamente se van a ejecutar.

Estas anotaciones son oportunas en la medida que las cifras son muy pobres si se contrastan con los dos últimos gobiernos llamados neoliberales que en un solo año ejecutaron, en una materia, la carretera, entre el 60 y 80% del total proyectado en este sexenio.

Hay que señalar que en las 147 obras enlistadas en el acuerdo mencionado no se incluye el aeropuerto de Santa Lucía, tal vez por aquello de la información reciente sobre la imposibilidad de la operación simultánea de las pistas o porque todavía no se cuenta con los permisos correspondientes, y si se incluyen proyectos turísticos fifí como campos de golf o lujosos complejos hoteleros.

La información no es precisa y hay que esperar el programa nacional correspondiente para evaluar el impacto en la economía como medida contracíclica que contribuya a reactivar la economía. Las declaraciones y el arropamiento de los empresarios confirman que los recursos provendrán del sector privado, no del público que está concentrado en la estrategia de austeridad republicana y el rescate de la industria energética. La inversión pública en obra se concentrará en Pemex y la CFE con la justificación de que es prioritario recuperar la soberanía en la materia.

Si dividimos entre cinco la inversión en infraestructura, que son los años que le restan al sexenio, el resultado es desalentador. La inversión promedio es anual es menor a 190 mil millones de pesos. Esta cifra es inferior en un 30% del promedio anual de la inversión el sector de comunicaciones de los dos sexenios anteriores. Esto sin contar el resto de los sectores. Morena y el actual presidente, denunciaron la tendencia a la reducción del gasto en infraestructura pública; ahora proyectan números realmente pobres.

Las cifras de telecomunicaciones después de la reforma de 2013 son inalcanzables por la estrategia contenida en este acuerdo, salvo que la flexibilidad a que se refirieron los funcionarios permita que ésta aumente en un 2 o 3 veces a lo anunciado con bombos y platillos el martes pasado, tal vez en esa flexibilidad está incluido el Tren Maya que no se sabe si se hará con recursos públicos o privados, porque aún no es claro.

Hay que señalar que si bien las cifras no son alentadoras, es positivo que el capital —los neoliberales de siempre— es decir, los dueños del dinero, hayan acudido a la mañanera para apoyar al Presidente y su entusiasmo por reactivar la economía a través del empleo productivo que genera la industria de la construcción.

El análisis de la inversión en la infraestructura debe esperar. Los apuntes en diapositivas presentados no son suficientes para pronosticar el desarrollo de este sector que es uno de los principales motores de la economía.

Lo malo de este tipo de actos carentes de cifras o escenarios más asertivos hace reverdecer el debate de la terminación anticipada del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y que esa bandera de los adversarios del Presidente no se repliegue como él querría.

El país necesita más certeza en las políticas de inversión en infraestructura y garantías al capital privado de que los proyectos no serán cancelados o diferidos indefinidamente con el argumento de que hay corrupción. Hago votos de que este acuerdo sea el punto de partida de la reanudación de las obras del Tren Interurbano México-Toluca que mejoraría la movilidad de cientos de miles de personas. Vale.

 

 

Miembro Electo del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I

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