Opinión


Los astros y el 2020

Los astros y el 2020 | La Crónica de Hoy

El recién nacido 2020 desplazará al 2019 como el año más violento de que se tenga registro, con lo cual, de concretarse el pronóstico, los mexicanos habríamos agotado la tercera parte del sexenio lópezobradorista sin haber podido resolver —y ni siquiera reducir, sino al contrario— la inseguridad pública y la violencia que desangra nuestro país desde hace por lo menos 13 años.

Tal es el vaticinio, con fundamento menos en los sortilegios y las artes de la clarividencia que en los datos disponibles en las primeras horas de la nueva década, respecto al problema número uno de México, la inseguridad, que dificulta y aun impide la solución de otros acuciantes asuntos nacionales.

Este desconsolador augurio radica, sobre todo, en la evidencia de que salvo leves matices, la estrategia gubernamental para garantizar la seguridad personal, familiar y patrimonial de los mexicanos se diferencia entre poco y nada de la aplicada por Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón Hinojosa.

Puestos en plan de inverosímiles arúspices, vale aventurar otros escenarios que nos aguardan en los próximos doce meses, el principal de ellos prefigurado por las copiosas acusaciones que pondrán con un pie en los tribunales a un expresidente de la República por cuenta de un cercanísimo colaborador suyo metido hasta el cogote en el foso de la corrupción, el narcotráfico y otras expresiones de delincuencia organizada.

No es imprescindible, ciertamente, saber descifrar el vuelo de las aves ni las entrañas de los peces o practicar la necromancia para avizorar que Calderón y varios integrantes del gabinete 2006-2012, que contribuyeron a hacer del país un inmenso cementerio, se hallarán cual funámbulos tambaleantes en la cuerda floja, con riesgo de ir a dar a una cárcel debido a revelaciones de Genaro García Luna ante el gobierno gringo.

Por el lado económico, los oráculos predicen el desecho de los parámetros y fetiches de las calificadoras para medir el desarrollo, y el enraizamiento, en cambio, de los nuevos criterios empleados para el mismo fin por la 4T, que incorporan la variable de la desigualdad mínimamente atemperada.

Los más poderosos empresarios, encabezados por Carlos Slim, seguirán cantando loas al régimen, mientras los de menor envergadura, sigilosos, seguirán poniendo piedras en el camino, y sus voceros en los medios se encargarán de perifonear la desconfianza, la salida de capitales, que según sus datos ya suma la friolera de 750 mil millones de pesos, y el descontento reflejado en alzas de precios por los ajustes fiscales equiparados con el terrorismo.

Presagios en el inicio del año también indican que el equipo de la 4T experimentará en cosa de pocos meses un conveniente desviejadero; o sea, la salida del mismo de los más provectos, que en orden descendente son Manuel Bartlett (82) y Javier Jiménez Espriú (81), así como Olga Sánchez Cordero (72), cuarta en línea, sólo superada en edad por el inamovible Jorge Alcocer Varela (73).

La salida de los dos primeros, Bartlett y Jiménez Espriú, está en el orden de la longevidad y la cronología; pero, también, dentro de la lógica y la conveniencia política, pues ambos ya acusan los efectos del despiadado golpeteo politiquero de la oposición.

Por lo que concierne a la titular de Gobernación, un desempeño igualmente sobresaliente al de los titulares de la CFE y la SCT no alcanza, sin embargo, para resarcir el deterioro de imagen causado por el abandono presidencial de la principal bandera con que la exministra de la Corte se incorporó al grupo gobernante: la atinada propuesta de legalizar las drogas como vía para atemperar la violencia generada por el narco.

El soslayo de la propuesta de Sánchez Cordero, por cierto, afianza la premonición de que en los meses venideros se recrudecerán los ataques políticos y desde luego la ofensiva criminal en contra de la Guardia Nacional; se producirán nuevos operativos chabones, como el de Culiacán, y se darán otros motines en cárceles saturadas, idénticos al de las primeras horas del año en Zacatecas, entre otras manifestaciones de la errónea estrategia en seguridad.

En las parcelas partidistas, el PAN enseñará el cobre mediante una modificación de estatutos para abrirse a la ciudadanía y garantizar procedimientos democráticos en la selección de candidatos. Lo cual, a despecho del discurso de quienes han partido el queso en esa formación política, implicará la confesión de que hasta ahora ha estado cerrado a los ciudadanos, y sus candidatos han surgido de oscuros arreglos cupulares.

El ajuste estatutario en el blanquiazul será, sin embargo —lo grita el esoterismo, de la quiromancia y el espiritismo a la rumpomancia—, una maniobra para engañar incautos. En la realidad, Marko Cortés encabeza un instituto que ya negocia del modo más prosaico el retorno al redil de Vicente Fox y hasta el regreso, con la cola entre las patas, de Calderón y Margarita Zavala, frustrada por el garcialunazo la aventura de México Libre.

En el campo de las relaciones internacionales, para sosiego de Marcelo Ebrard, la alineación de los astros en el firmamento indica que el repulsivo Donald Trump, que logrará sortear un juicio político y por lo mismo deberemos soportarlo —vociferante pero inocuo— otro cuatrienio, no tendrá interés de torpedear gobiernos legítimos en América Latina, lo que obviamente incluye al de López Obrador.

La tolerancia a Maduro y otros mandatarios de izquierda indican que la Casa Blanca, al parecer, ya entendió por fin que socavar regímenes con respaldo popular suele prohijar radicalismos y resultar contraproducente aun para sus intereses. Lo cual no excluye el que, por lo que a los mexicanos atañe, aun seremos para Trump el trompo de poner a lo largo del proceso electoral de la potencia vecina.

El conflicto con Bolivia quedará finalmente disipado y desde la cúspide del gobierno se insistirá con obcecación en el inútil perdón de España por la Conquista. Con lo cual, paradójicamente, nuestro mandatario, admirador de Nelson Mandela, dará prueba de que, a diferencia de éste reconocido líder, no lo desvela la voluntad de reconciliación y de restañar heridas sino un ánimo vengativo y pendenciero.

En el alud de pronósticos para el 2020, derivados de la bola de cristal, la cartomancia y la geomancia, también destaca el triunfo del EZLN en su insensata y arrogante necedad de impedir el desarrollo del sureste, de modo específico su irreductible oposición al Tren Maya.

De este modo, la organización a la que se debe el mérito histórico de haber obligado al Estado voltear a ver los indígenas, se le deberá ahora la perpetuación del aislamiento de estos mexicanos por cuyas tierras no pasará el progreso que efectivamente reportará aquel medio de transporte. Lástima.

Son muchos, muchos más los vaticinios factibles de formular en el arranque del nuevo año; pero sirvan los hasta aquí mencionados para tratar de adivinar lo que nos espera, de percibir por donde soplarán los vientos los próximos 365 días.

 

Aurelio Ramos Méndez

aureramos@cronica.com.mx

 

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