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Los gráficos que evidencian que la crisis climática es peor de lo que imaginamos

En mayo, la Ciudad de México vivió uno de sus peores episodios de contaminación en años. Pero el problema es global, crítico en algunos lugares, e incluso ciudades que contienen con éxito el problema se ven desbordadas de polución con olas de incendios cada vez más virulentas.

Los gráficos que evidencian que la crisis climática es peor de lo que imaginamos | La Crónica de Hoy

Si bien hay ciudades que hacen su trabajo para contener los niveles de contaminación, en otras la emergencia está tan desbocada que es una verdadera catástrofe cotidiana.

No es ningún secreto que la calidad del aire en Ciudad de México es mala. Bastante mala. Cada año, cuando finaliza la temporada seca, el “Hoy no Circula” enoja a miles de conductores sin consciencia ambiental. El caótico y abarrotado tráfico de la ciudad se suma a su situación geográfica, sumida en un valle, lo que sin duda contribuye a la crisis periódica anual.

En mayo de 2019, sin embargo, la capital mexicana vivió una de sus peores crisis ambientales, la primera del nuevo gobierno capitalino, que enfrentó severas críticas por no atajar el problema a tiempo e incluso minimizarlo. Aprendimos entonces a hablar de las PM10 y, más aún, de las PM2.5, las partículas tan y tan pequeñas que presentan la mayor de las amenazas para la salud pública entre los contaminantes que respiramos cada día.

En el peor momento del año en la Ciudad de México, estas partículas llegaron a ser 151 microgramos por metro cúbico (µg/m3), que es la medida estándar usada internacionalmente. Luego, pasaron los meses, las lluvias se llevaron por delante la crisis anual y nos olvidamos del tema.

Pero ahora mismo en Madrid se está celebrando la cumbre del clima (COP25), que trata de una vez por todas de convencer a la clase política de que se ponga inmediatamente manos a la obra para atajar el desastre climático que se nos está echando ya encima.

Y se nos viene encima a una velocidad tan rápida que desde hace ya dos o tres meses estamos viendo con claridad sus efectos: Incendios más virulentos y frecuentes de lo habitual, huracanes más poderosos y frecuentes de lo habitual, sequías más severas y frecuentes de lo habitual, etcétera. Sin embargo, eso no es nada comparado con lo que podemos empezar a vivir dentro de dos décadas si no se actúa con contundencia y rápido.

Por ello, es buen momento para poner en perspectiva la situación en la capital mexicana, con gráficos que revelan que, si bien hay ciudades que hacen su trabajo para contener los niveles de contaminación, en otras la emergencia está tan desbocada que es una verdadera catástrofe cotidiana.

LOS INCENDIOS TAMBIÉN CONTAMINAN. Y precisamente la cada vez mayor prevalencia de incendios en zonas propensas está provocando que ciudades que no habían tenido hasta ahora un problema de mala calidad del aire, empiecen a tenerlo. San Francisco, por ejemplo, raramente pasa de 30 PM2.5 µg/m3, pero alcanzó los 197 en noviembre de 2018, durante la ola de incendios en California. Lo mismo le ocurrió a Los Ángeles, que alcanzó los 106 PM2.5 µg/m3 cuando habitualmente no supera los 40.

Además, desde hace unos días vemos cómo una espesa capa de humo cubre por completo Sidney, fruto de una ola de incendios que azota Australia con una contundencia inusitada, incluso tratándose de la temporada anual de incendios.

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