Opinión


Los kurdos, la nación sin Estado más grande del mundo

Los kurdos, la nación sin Estado más grande del mundo | La Crónica de Hoy

Un reciente domingo en la noche, la administración Trump, sorpresivamente, retiró su protección a los kurdos en el norte de Siria, dejando a estos aliados a merced del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quien los considera terroristas y hace mucho tiempo quiere aniquilarlos. La decisión de la Casa Blanca dejó atónitos no sólo a los demócratas sino a muchos republicanos y desde luego a otros aliados en Europa y el Medio Oriente, que hoy se preguntan: con amigos como Washington, ¿quién necesita enemigos?
La decisión del gobierno estadunidense de retirar sus tropas del área seguramente prolongará la Guerra Civil siria y abrirá las puertas para que recupere poder, territorio e influencia el llamado Estado Islámico, el grupo fundamentalista más peligroso del planeta, que los kurdos, apoyados por Washington, habían logrado someter.
Turquía, por su parte, empezó el lunes pasado su invasión a Siria con ataques aéreos sobre los kurdos, el grupo que sólo 24 horas antes y por años había estado protegido por las fuerzas del Pentágono. Reportes de prensa hablan de masacres y violaciones incluso de mujeres y niños inocentes.
El presidente turco pretende no sólo acabar con los kurdos, sino que tiene la intención de ocupar el territorio donde éstos viven, para establecer ahí a los más de un millón de refugiados sirios que han llegado a Turquía huyendo de la Guerra Civil en su país.
Pero, ¿quiénes son los kurdos? Diseminados entre Turquía, Irán, Irak, Armenia y Siria, son el cuarto grupo étnico más grande del Medio Oriente, una población de entre 25 y 35 millones de personas que no tienen país. Desde hace mucho tiempo son objeto de persecución por parte de Turquía, que ha prohibido su lenguaje y las palabras “kurdo” y “Kurdistán” en un esfuerzo por acabar con las células de kurdos insurgentes que quieren un Estado propio e independiente.
Los kurdos, originarios de las montañas de la antigua Mesopotamia, hoy Irak,  son una comunidad unida por la raza, la cultura y el lenguaje, a pesar de que no tienen un dialecto único y siguen diferentes religiones y creencias, pero la mayoría  son musulmanes suníes.
A principios de Siglo XX, los kurdos empezaron a considerar la creación de un Estado que les perteneciera, al que llaman Kurdistán. Terminada la Primera Guerra Mundial y tras el derrocamiento del Imperio Otomano, los aliados occidentales empezaron a pensar en esa posibilidad, pero cuando se delinearon las fronteras de lo que es hoy Turquía, se les dejó sin nada y como minorías en los países donde vivían. En los 80 años que siguieron, todo intento por ser independientes fue aplastado.
En 2013, cuando el Estado Islámico quiso no sólo apoderarse del territorio base de los kurdos en Siria e imponer ahí la ley Sharia, una interpretación estricta muy particular del Islam, sino también usar el lugar como base de operaciones y de entrenamiento de miles de reclutas que llegaban del Reino Unido, Bélgica, Holanda, Australia e Indonesia, entre otros, Estados Unidos tuvo que reaccionar en forma efectiva y la respuesta fue armar y dar apoyo logístico y asesoramiento militar a los kurdos para que éstos los combatieran. Una guerra en la que en cinco años, los kurdos perdieron cerca de once mil combatientes y el Pentágono ninguno.
En esa guerra, las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias, integradas por kurdosirios han sido sin lugar a dudas el socio más confiable y efectivo de Washington contra el Estado Islámico, pero ahora Trump los abandonó dejándolos a su suerte. Sobre esto el mandatario ha dicho que “los kurdos combatieron por nosotros pero se les pagaron grades sumas de dinero”.
Los expertos dicen que, en todo caso, era una alianza y Washington nunca debió abandonarlos, dando lugar a lo que podría convertirse muy pronto en una grave crisis humanitaria y en una gran victoria para el peligroso Estado Islámico, que Trump había declarado derrotado, pero que ya sin los kurdos,  pronto volverá a la extorsión, amenazas, robo a bancos y tiendas que manejan oro y piedras preciosas, así como a traficar con petróleo y venta de piezas arqueológicas históricas y al secuestro de europeos, cuyos gobiernos pagan rescates millonarios por ellos.
Con el abandono a los kurdos, la Casa Blanca le dio luz verde a Turquía para acabar con ellos y dañó severamente la reputación y credibilidad de los Estados Unidos. El mensaje enviado es que con Trump en el poder, nadie puede, ni debe,  confiar en Washington.

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