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Los millennials abrazan el socialismo de Sanders pero, ¿servirá para ganar?

El 60 por ciento de los jóvenes que votan demócrata lo harán por el único que se llama a sí mismo socialista. Pero antes de seguir poniendo nerviosos a los progresistas moderados y si quiere amarrar la candidatura deberá aclarar que se puede ser rebelde sin ser confundido con Maduro.

Los millennials abrazan el socialismo de Sanders pero, ¿servirá para ganar? | La Crónica de Hoy

El socialismo en Estados Unidos ha pasado de ser un tabú a estar de moda entre los jóvenes. Mitin de Bernie Sanders ayer en Mesquite, Texas. (Fotos: EFE)

Un rebelde de izquierda radical para derrotar a un rebelde de extrema derecha. Éste es el objetivo de la gran mayoría de jóvenes progresistas estadunidenses, que están dispuestos a votar a Bernie Sanders para que esta vez no se le escape la candidatura presidencial del Partido Demócrata, como ocurrió en 2016, cuando se culpó a la dirigencia del partido de maniobrar para que ganara la moderada Hillary Clinton.

Hace dos días, The Economist publicó un dato que confirma que, entre los millennials, ser “socialista” es cool. Según la encuesta que encargó la prestigiosa revista a la empresa de sondeos YouGov, el 60 por ciento de los votantes demócratas de menos de 30 años lo hará por el aspirante más viejo en la carrera a la Casa Blanca —78 años— y el único que se declara abiertamente socialista.

Sin embargo, The Economist también subraya que la gran mayoría de estos entusiastas seguidores del combativo Bernie es de raza blanca y vive en grandes ciudades, por lo que, si quiere ganarse la candidatura, estado tras estado, tendrá que pensar que no todo el electorado progresista es votante blanco y urbano, como ocurrió en Iowa, donde triunfó en las ciudades, pero no fue suficiente para ganar al joven moderado Pete Buttigieg, y como ocurrió en las primarias de New Hampshire, donde el veterano senador de Vermont sí ganó con autoridad.

Falta por ver aún el comportamiento del votante hispano y negro en aquellos estados donde son decisivos. La primera prueba de fuego será este sábado en Nevada, donde los latinos son clave, y en Carolina del Sur, donde lo es la comunidad negra.

El efecto Ocasio-Cortez. A una semana de la siguiente batalla de primarias, la media de encuestas que realiza la web especializada RealClear Politics concede a Sanders la victoria en Nevada, su segunda consecutiva.

Sanders ganaría los caucus de Nevada con el 21.5 por ciento de los votos, tres puntos por encima de Joe Biden, que se quedaría con el 18.5 por ciento, mientras que la otra candidata del ala izquierdista, Elizabeth Warren, quedaría en tercer lugar con el 12 por ciento. Por su parte, Buttigieg, la sorpresa en el arranque de las primarias demócratas, caería hasta el quinto puesto, con el nueve por ciento, superado por Tom Steyer.

De confirmarse estos datos, la presión del establishment sobre Biden, para que abandone la carrera en favor de Michael Bloomberg o en su defecto Buttigieg, sería enorme.

Sin embargo, puede que ni siquiera la llegada de un moderado con más peso y desde luego con más dinero, como lo es el magnate neoyorquino, sea suficiente, porque lo que no entendieron muchos demócratas en 2016, y podrían caer ahora en el mismo error, es que el momentum es de los rebeldes. No es casualidad que el congresista más admirado por los jóvenes estadunidenses sea una joven hispana, Alexandria Ocasio-Cortez, como tampoco debería extrañar a nadie que la legisladora del ala radical del partido haya apostado públicamente por el viejo Bernie.

Pero antes de seguir poniendo nerviosos a los progresistas moderados y si quiere amarrar la candidatura, Sanders deberá aclarar que se puede ser rebelde sin ser confundido con Nicolás Maduro.

“Ni Venezuela ni Cuba”. Consciente del nerviosismo que genera entre moderados y muchos hispanos del exilio cubano o de la diáspora venezolana, ambos decisivos para ganar en estados clave como Florida, Sanders acudió el viernes pasado al programa Despierta América de Univisión para enviar un mensaje muy claro:

“Mi política no es la de Venezuela ni la de Cuba”, dio Sanders sobre el régimen de Maduro, que ha destruido la economía venezolana, o sobre la dictadura castrista que heredó Miguel Díaz-Canel. “El tipo de sociedad en el que creo se puede ver en países como Dinamarca, Finlandia y Suecia, en esos países todos tienen como derecho humano atención médica, tienen un sistema educativo maravilloso”, dijo.

En un artículo publicado hace tres días en The New York Times, Paul Krugman, quiso aclarar el creciente debate electoral con un título contundente: “Bernie Sanders no es un socialista”.

El premio Nobel de Economía, que recordó el “largo y vergonzoso historial” de los republicanos de mezclar cualquier intento de mejorar las vidas estadunidenses con los males del “socialismo”, señaló que, aunque Sanders se llame a sí mismo socialista, no tiene la menor intención de convertir Estados Unidos en la Unión Soviética, como denunciará Trump las veces que pueda. Entre otras cosas por la sencilla razón de que no es un socialista, sino un socialdemócrata al estilo europeo.

Efectivamente, la palabra socialista está de moda entre los jóvenes e incluso podría ganar así la candidatura presidencial. Pero, para ganar Estados Unidos, Sanders tendrá que hacer un juego de equilibrios entre no perder el aura de rebelde y al mismo tiempo no asustar al votante moderado, como le ocurrió al laborista Jeremy Corbyn en Gran Bretaña. Ejemplos en los que reflejarse los tiene, aunque estén tan lejos como Nueva Zelanda, donde triunfa la rebeldía sensata de la joven primera ministra Jacinda Ardern.

Tome nota, Bernie.

 

fransink@outlook.com

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