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Los muros como respuesta.

Los muros como respuesta. | La Crónica de Hoy

La incapacidad del presidente López Obrador para comprender la dimensión de la lucha feminista se explica por la concepción que tiene de la relación entre la sociedad y su gobierno. Como bien sabemos, para AMLO, sólo existen dos posibilidades, estar con él de manera incondicional, o estar en contra, colocándose del lado de los conservadores, reaccionarios y herederos del viejo régimen neoliberal. Este es el lente con el que observa las legítimas protestas de las mujeres por la violencia incontenible de que son objeto y que hoy por hoy, constituyen el único movimiento social vivo, actuante y, cada vez más visible y sonoro. Para el presidente, las movilizaciones feministas son parte de una campaña de desprestigio en contra de su gobierno, es decir, no son genuinas, sino que están manipuladas por sus opositores.

Atrapado en su visión estrecha, su respuesta se reduce a colocar todo tipo de muros para bloquear las distintas voces y ponerle cercos a todo aquello que no esté en sintonía con su discurso y su proyecto personal. Sus muros adoptan muy variadas modalidades y van desde las vallas metálicas alrededor de Palacio Nacional y edificios aledaños, hasta barreras para amedrentar a quienes buscaban documentar las marchas de las mujeres el pasado 8 de marzo. La colocación en los techos de Palacio de personal de seguridad con “antidrones”, que asemejaban fusiles, tenía la intención declarada de inhibir actos de violencia, pero no dejó de ser una forma de amedrentar a periodistas y fotógrafos, pero también a las manifestantes en general.

El muro como bloqueo se evidenció también, el mismo 8 de marzo, en ocasión del pronunciamiento que hicieron mujeres del gabinete presidencial, encabezadas por la secretaria Olga Sánchez Cordero, para identificar al gobierno actual como “el más feminista del mundo”, reconociendo la deuda histórica del Estado mexicano con la desigualdad de género. La reunión del autoproclamado primer “gabinete paritario” se transmitió no sólo por alguno de los canales públicos de televisión, que son cada vez más gubernamentales y oficialistas, sino mediante un mecanismo que, sin obligar a una transmisión en cadena nacional, propone a los distintos medios una noticia que conviene ser replicada. Para los medios gubernamentales, se trata de una instrucción, pero para los canales privados se presenta como una sugerencia.

Esta suerte de muro en los medios de comunicación frena la interlocución libre de las transmisiones y muestra un intento por capturar el espacio mediático para impedir la expresión de voces distintas y asegurar la primacía del mensaje oficial. Aunque se trate de una mera sugerencia, sabemos que no atenderla puede tener un costo, dado que la asignación de la publicidad oficial sigue estando reservada, concentrada y sin parámetros de distribución objetivos, en la Secretaría de Gobernación.

Ante el dilema de las mujeres del gabinete de expresar su respaldo a la oleada verde y morada, o sumarse a la postura presidencial que niega legitimidad al movimiento feminista, optaron por activar una declaración de solidaridad con las causas y reclamos de las mujeres. Empero, la recreación de su mensaje en diferentes medios no fue suficiente para anular el triunfo simbólico de las manifestantes que convirtieron la valla metálica del Palacio Nacional en monumento conmemorativo de las mujeres asesinadas. Tampoco modificó los oídos sordos del presidente quien en la mañanera del día siguiente felicitó a las policías de la CdMx por haber frenado “la violencia y la provocación”. A esto redujo AMLO la marcha feminista del Día Internacional de la Mujer. 

Los diferentes tipos de muros que ha colocado el gobierno federal en respuesta a la movilización de las mujeres son una prueba de la indiferencia presidencial frente a los datos objetivos de la violencia que padecen las mujeres. Hay que recordar que México es el segundo país de América Latina, sólo detrás de Brasil, con el mayor número de crímenes en contra de mujeres por razones de género y la CEPAL ha llamado la atención sobre el elevado índice de impunidad que existe en nuestro país. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, reportada por México Evalúa, durante el segundo semestre de 2020, 5 millones de mujeres sufrieron alguna forma de violencia sexual y 98.6% de dichos casos no fueron denunciados, es decir, no se inició investigación alguna, ni mucho menos hubo sanciones. Sabemos también que durante la pandemia se ha incrementado la violencia intrafamiliar y que las mujeres, adolescentes y niñas son las víctimas. Hay que recordar además, que en lo que va de la actual administración, se ha recortado el presupuesto de 11 programas sociales vinculados con la atención y defensa de las mujeres, como el de las estancias infantiles, o de las casas de refugio.

El presidente López Obrador sigue insistiendo en ignorar las protestas de las mujeres, porque confía en su alta popularidad, pero tal incomprensión puede encontrar su límite mucho más pronto de lo que imagina.

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