Opinión


Los pasos perdidos de Donald Trump

Los pasos perdidos de Donald Trump | La Crónica de Hoy

No se puede ser prisionero de la indecisión,

porque en ella todas las puertas permanecen abiertas

 

Indira Gandhi

 

En contraste con la imagen que Donald Trump ha querido proyectar, de que ejerce un liderazgo firme y vigoroso, lo cierto es que ha dado sobradas muestras de que los Estados Unidos (EU) tienen, hoy por hoy, una presidencia contradictoria y vacilante. Ejemplo de ello son los episodios con Japón, Irán, Europa (en particular Alemania), China y México.

Hace apenas unas semanas, durante la visita de Estado de Trump a Japón, Corea del Norte lanzó un misil de prueba. Frente a ese acto, el gobierno de Japón, principal perjudicado ante un eventual conflicto con ese país, reaccionó con prontitud y lo condenó con energía; Donald Trump, por su parte, no le otorgó mayor relevancia y ello fue tomado como un gesto de dejar en las astas del toro a un socio que se considera estratégico. Una razón que explicaría esa pasividad es que su eventual condena conllevaría a la aceptación de que la forma en que ha conducido las conversaciones de paz con Corea del Norte ha sido equívoca e ineficaz.

En cuanto a Irán, como se sabe, desde el año 2004, los EU encabezaron una ofensiva internacional que se materializó en duras sanciones financieras y políticas a ese país debido a su programa nuclear. En el año 2016, dichas sanciones fueron aligeradas gracias a un acuerdo suscrito por China, Rusia, Francia, Reino Unido, Alemania, EU y el propio Irán. Sin embargo, sin motivo evidente y a despecho de la opinión europea expresada por Francia, Alemania y el Reino Unido, el pasado 8 de mayo de 2018, Trump rompió el acuerdo nuclear y restableció un nivel más alto a las sanciones contra el régimen iraní. Ese gesto, no sólo dejó en la cuneta a sus socios estratégicos en Europa, exacerbó, además, el conflicto en el medio oriente e incrementó sustancialmente el comercio de armas en la región. Ben Rhodes, uno de los promotores del acuerdo nuclear y exmiembro del gobierno de Obama, ha señalado: “Después de esto, ¿quién puede confiar en los acuerdos internacionales que Estados Unidos negocia?”

Con respecto a Europa las cosas no son diferentes. En 2018, Trump anunció la imposición de tarifas a metales provenientes de esa región. Ahora, frente a la amenaza de imponer nuevas tarifas por 11 mil millones de euros por disputas relacionadas con la industria aeronáutica, Europa tiene preparada una contraofensiva que incluye una lista de importaciones de EU, con valor de 22 mil 600 millones de dólares, a las que impondría tarifas. La ofensiva se ceba, especialmente con Alemania, en dos rubros: el de la energía y el de las comunicaciones. En cuanto al ámbito energético, se presiona a Alemania para que detenga la inminente ampliación de recepción de gas ruso en 2019 y, en cambio, se alimente de gas natural licuado proveniente de los EU (a un costo muy superior). A principios de ese año concluirá la construcción de un gasoducto (denominado Nord Stream 2) que se asienta en el lecho del mar báltico y que suministrará gas natural a Alemania y, por su conducto, a otros países europeos. Pero la disputa es aún mayor en el rubro de las comunicaciones, pues Alemania ha aceptado, inicialmente, la participación de Huawei, el vilipendiado gigante tecnológico chino, en la construcción de su red de comunicaciones 5G. Las discrepancias con los EU se han acrecentado debido a que los planes europeos de defensa prevén dejar abierta la puerta para que otros proveedores, no sólo los norteamericanos, puedan suministrar armamento a esa región. Ante ello, apenas en la semana que concluye, los EU han amenazado con cancelar con Europa todo intercambio de información de inteligencia en materia de seguridad hemisférica.

En lo que se refiere a China, EU no sólo ha quedado en evidencia al tomar como rehén a la empresa Huawei para que el país oriental volviera a la mesa de negociaciones; sino que, tras la amenaza de imponer tarifas a los productos chinos, las acciones de las compañías estadunidenses, en particular las empresas tecnológicas, han sufrido efectos contraproducentes y afectaciones importantes. Sólo del 10 al 24 de mayo de este año, el Standard and Poor’s tuvo una caída de casi el -2%. El gobierno de Trump se ha visto obligado a recular y a abrir un compás de espera de tres meses, encubriendo su decisión en la fingida aceptación de una tregua a la empresa china, que ésta no solicitó.

Con esa actitud aislacionista, vacilante y contradictoria (en medio de la aprobación que hará el Senado mexicano al T-MEC), a la que se agrega el lanzamiento, el 18 de junio, de su campaña por su reelección, es que Trump anuncia la imposición de tarifas a productos que México exporta a ese país. Ese anuncio provocó la caída, en un solo día, el viernes, del indicador norteamericano referido en un -1.32%.

La respuesta del gobierno mexicano ha sido firme y oportuna y ha concitado el apoyo de todo el abanico político, económico y social de nuestra nación. México está unido ante ese conflicto. Trump ha abierto demasiados frentes de batalla y México es demasiado país para intentar tragarlo de un solo bocado. Al paso de los días, los EU verán aumentar la presión interna y externa, y será más evidente el daño que se autoinfligirían con esas medidas; es un daño que puede tornarse irreversible. México es un eslabón crucial en sus cadenas productivas. A la luz de que nuestro aliado comercial más importante da reiteradas evidencias de que está dejando de ser confiable, es momento de que México refuerce sus alianzas históricas con América Latina y explore nuevos horizontes en un mundo multilateral.


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