Opinión


Los recursos y capacidades de la Política Exterior de México (2012-2018)

Los recursos y capacidades de la Política Exterior de México (2012-2018) | La Crónica de Hoy

Con este título, la revista especializada en política internacional de El Colegio de México, Foro Internacional, publicó en su número más reciente un artículo escrito a cuatro manos por el investigador del CIDE, Jorge Schiavon; y por el diplomático Bruno Figueroa, actualmente embajador de nuestro país en Corea del Sur.

El artículo tiene la pertinencia de analizar con datos duros e información documentada un aspecto elemental y sin embargo poco discutido a la hora de pensar en la política exterior del país: los recursos económicos y humanos de los que dispone el gobierno mexicano, y en particular la Secretaria de Relaciones Exteriores, para cumplir con sus funciones.

El estudio, que se concentra en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, arroja un resultado evidente e incontrovertible:  la administración anterior destinó menos recursos que gobiernos anteriores a su política exterior.

Los autores confirman lo que ya temíamos: hubo una importante desinversión en materia de recursos y capacidades para la política exterior en el sexenio anterior. El presupuesto se redujo 13% en términos reales en dólares y bajó como porcentaje del presupuesto federal total.

“En 2017 —escriben— los ingresos internacionales del país alcanzaron máximos históricos: inversión extranjera directa (31.7 mil millones de dólares), remesas (30.6 mil millones de dólares) e ingresos turísticos (20.6 mil millones de dólares), lo que representa en conjunto 7.21% del PIB.  Siendo así, se esperaría que México contara con una infraestructura de política exterior acorde con su apertura internacional y que reflejara la relevancia del factor externo en la seguridad y el desarrollo nacionales. (…)  Sin embargo, en términos reales en dólares, en la administración del presidente Peña Nieto la capacidad de gasto de la cancillería se redujo prácticamente 13 por ciento”.

“(…) El presupuesto ejecutado por la cancillería pasó de 361.250 millones de dólares constantes del año 2000, a 421.790 en 2006, a 557.135 en 2012, y a 484.766 en 2017. Esto implica que, en términos constantes en dólares, el presupuesto de la SRE aumentó en 34.19% desde el año 2000, creciendo 26.22% con Fox, 22.19% con Calderón y decreciendo -12.99% con Peña Nieto”.

Mientras que el presupuesto de la cancillería, como porcentaje del presupuesto federal total subió en una proporción de 10.06 por ciento en el gobierno de Calderón, en el sexenio pasado decreció 7.26 por cierto, es decir, se destinaron menos recursos a la SRE en relación con el resto de las dependencias federales.

Y esta disminución se reflejó, por ejemplo, en el número de embajadas con las que cuenta un país que, como el nuestro, es un actor de peso en la arena internacional y una de las 15 mayores economías del planeta.

“México tiene 80 embajadas y (en la lista mundial) ocupa el lugar 28 (empatando con Grecia), muy lejos de su lugar 15 entre las economías del mundo. Sólo en América Latina, Brasil (economía número nueve del mundo) cuenta con la novena red diplomática (137 embajadas), 57 más que México, mientras que Argentina (vigésimo primera economía) tiene cinco embajadas más que México, es decir, 82”:

“(…) Para acercarse al número de embajadas que tienen otras economías emergentes, (…) México, necesitaría incrementar su red diplomática a un ritmo promedio de cinco nuevas al año y alcanzar así a Sudáfrica en seis años, a la India en diez, a Turquía en 11, a Brasil en 12 y a China en 16”.

“En relación con su población, México tiene hoy aproximadamente un diplomático profesional por cada 100 000 habitantes; en comparación, en 1975 había uno por cada 50 000. Es paradójico que hoy México tenga, relativo a su población, 50% menos diplomáticos de ­carrera que los que tenía hace 40 años”.

En el caso del presupuesto para proyectos de cooperación, tendrían que haberse catapultado tras la creación en 2011 de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid), mientras que en 2016 esta agencia llegó a ejercer un presupuesto anual de 619 millones de pesos, para 2017 se redujo a 363 millones, una caída casi de 50 por ciento.

Y concluyen: “si en política las prioridades se reflejaran en el presupuesto, los datos anteriores demostrarían que la política exterior no ha sido una prioridad nacional en el presente siglo, particularmente en la administración del presidente Peña Nieto”.

“Para un país inserto, como lo está México, en el mercado global, la política exterior debe servir como un instrumento fundamental para impulsar el desarrollo económico, político y social del país. Por ello, debe ser una política prioritaria en la estrategia de desarrollo nacional. Además, ante una coyuntura internacional compleja como la vivida durante la administración de Peña Nieto, particularmente tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la elección de Donald Trump en Estados Unidos, es necesario fortalecer la política exterior de México, para que sus acciones tengan mayor impacto. Por ello, los recursos asignados a la política exterior deben tratarse como una inversión, no un gasto, para promover el desarrollo nacional y el bienestar de todos los mexicanos”.

Los autores apuntan otro aspecto que aún se mantiene intocado en el paso del anterior al actual gobierno: “durante la administración Peña Nieto no existió un mecanismo intersecretarial integral a través del cual la cancillería pudiera coordinar las acciones de todas estas dependencias y organismos”.

Particularmente en los temas relacionados con la promoción económica y turística, la cooperación internacional, la diplomacia cultural y pública y la Marca País —que en el sexenio anterior se llevó desde la oficina de la Presidencia, y en éste simplemente desapareció—, estuvo y se mantiene ausente un mecanismo de coordinación interinstitucional capaz de construir una plataforma de Estado para nuestra política exterior.

Con todos estos elementos, Jorge Schiavon y Bruno Figueroa proponen diez iniciativas para el presente:

1) Aumentar sustantivamente los recursos presupuestales de la SRE.

2) Fortalecer los poderes de coordinación de la SRE en las acciones internacionales de otras dependencias, para desplegar una política exterior integral, coherente y sólida a nivel global.

3) Incrementar el número de miembros del SEM y el de plazas administrativas.

4) Ampliar la cobertura diplomática de México en el mundo, incrementando el número de embajadas para tener el nivel de otros países similares, diversificando geográficamente su ubicación.

5) Fortalecer la red consular en Estados Unidos con mayores presupuestos y certidumbre en su ejercicio.

6) Crear áreas especializadas en temáticas de alta relevancia internacional en la cancillería (como energía, comercio, medio ambiente, etc.) para coordinar mejor las acciones de otras secretarías en el ámbito mundial.

7) Que la Cámara de Diputados asigne un presupuesto para la Amexcid, su fondo de cooperación (Foncid), así como recapitalizar el Fondo de Yucatán.

8) Crear un mecanismo para compensar las variaciones cambiarias del peso frente a las divisas extranjeras en el presupuesto.

9) Reconstituir los puentes con otras secretarías, para lo cual podría recrearse el Gabinete de Política Exterior, presidido por la SRE.

10) Elaborar un diagnóstico objetivo, independiente y transparente sobre las necesidades en cuanto a recursos humanos, financieros y materiales de la cancillería, con recomendaciones concretas de acción.

Toca esperar a que en el gobierno actual y en la SRE hagan eco de estas propuestas.

 

 

 

edbermejo@yahoo.com.mx

@edbermejo

 

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