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Los tiroteos que vendrán

En lo que va de 2019, Estados Unidos ha vivido ya 251 tiroteos masivos, entendidos como aquellos eventos donde al menos cuatro personas reciben disparos en el mismo lugar en el mismo momento.

Los tiroteos que vendrán | La Crónica de Hoy

En lo que va de 2019, Estados Unidos ha vivido ya 251 tiroteos masivos, entendidos como aquellos eventos donde al menos cuatro personas reciben disparos en el mismo lugar en el mismo momento. En estos 251 tiroteos masivos, más de mil personas han recibido disparos, y al menos 276 han muerto, incluyendo tiradores abatidos.

Pero lo de este fin de semana ha sido especialmente grave, por lo que es posible que ahora la opinión pública retome el debate sobre las armas en EU. Es normal; ha ­ocurrido antes. Tras el asesinato de 17 estudiantes, adolescentes, en la escuela secundaria Stoneman Douglas en Parkland, Florida, en febrero de 2018, el debate se encendió. Alumnos del centro se convirtieron en abanderados del control de armas en el país, exigiendo mayores restricciones o, incluso, la prohibición total. Los demócratas apoyaron las demandas de los jóvenes y los republicanos se burlaron de ellos. Al final, no ocurrió nada. Es algo cíclico.

Si ocurre de nuevo, ahora el debate llegará en un momento clave para la política de EU, justo cuando ha arrancado la precampaña presidencial y los demócratas empiezan en septiembre a descartar a algunos de los 20 precandidatos que aspiran a disputar a Donald Trump la silla del Despacho Oval el 3 de noviembre de 2020. El problema es que, enfrente, hay un presidente que llegó a decir, tras la matanza en Parkland, que la solución a tiroteos como ése es que todo el mundo vaya armado para poder matar al tirador.

Y por si fuera poco, en este arranque de precampaña estamos viendo a un Trump que no compite por la nominación pero que se está esforzando en no conceder ni un metro —perdón, ni una yarda— a los demócratas y trata de estimular a sus votantes de 2016 apelando de nuevo a los bajos instintos más nefastos del ser humano, esencialmente, el racismo. Hace tres semanas, las acusaciones de racismo contra el mandatario arreciaron después de que instara a cuatro congresistas demócratas de color, estadunidenses, a “regresar de donde vinieron”, y jaloneara cánticos de “¡Envíala de regreso!” en referencia a una de ellas, la legisladora Ilhan Omar, nacida en Somalia, durante un mitin días después.

Diez días después de estos cánticos, un joven de 19 años se vistió para la guerra e irrumpió en el festival del ajo de Gilroy, California, donde mató a tres personas. Dos de ellas, una adolescente llamada Karla Salazar y un pequeño de nombre Stephen Romero. En redes, el asesino citaba un libro supremacista blanco. Seis días más tarde, otro racista blanco irrumpió en un Walmart de El Paso, Texas, y mató a 20 personas. De ellas, siete eran mexicanas.

Nada de esto es coincidencia. Del mismo modo que cuando el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, insulta a los indígenas, llamándolos “prehistóricos”, las agresiones e invasiones de tierras protegidas en la selva aumentan, cuando Trump llama a expulsar a congresistas negras, musulmanas o latinas, los crímenes de odio se disparan. Esta misma semana, una tienda de armas de Carolina del Norte plantó un espectacular en la carretera con los rostros de las cuatro congresistas atacadas por Trump, llamándolas “idiotas” y “deplorables”. “Cherokee Guns, 1 milla a la derecha”.

La precandidata demócrata Kamala Harris ha prometido que, si llega a la Casa Blanca, usará los poderes presidenciales para emitir una orden ejecutiva para restringir de una vez por toda la venta de armas en el país. Quizás llegue a suceder, el 20 de enero de 2021, pero entre tanto, Trump sabe que su discurso de odio le da votos, y por ello, al menos, quizás, hasta entonces, veremos más tiroteos de nacionalistas blancos y más crímenes de odio.

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