Escenario


Low Roar en el Teatro Mil谩n, un tenue sollozo retumbando en la oscuridad

Oscuridad es lo que predomina debajo de las ir贸nicas luces dispuestas en las tarimas, un azul casi imperceptible alumbra precariamente el rostro de Ryan Karazija, quien hace diez a帽os grab贸 sus primeras notas sin otra motivaci贸n que la de pasar el tiempo y hacer m谩s llevadera su nueva vida tan lejos de casa, en la fr铆a Islandia.

Low Roar en el Teatro Mil谩n, un tenue sollozo retumbando en la oscuridad | La Cr贸nica de Hoy

Oscuridad es lo que predomina debajo de las irónicas luces dispuestas en las tarimas, un azul casi imperceptible alumbra precariamente el rostro de Ryan Karazija, quien hace diez años grabó sus primeras notas sin otra motivación que la de pasar el tiempo y hacer más llevadera su nueva vida tan lejos de casa, en la fría Islandia.

En su voz es perceptible la melancolía, la nostalgia y la desolación, un reflejo de cada momento que dio vida a las líneas que construyeron canciones que genuinamente conmueven al alma. El Teatro Milán, de por si pequeño, es un sitio inmejorable para tan entrañable puesta a escena.

Apoyado esporádicamente por dos músicos que hacen sonar sus cuerdas, la noche es sólo una afrenta entre Ryan y su público. En el escenario, lo acompañan también, pequeñas lámparas que simulan la luz marchita de luciérnagas que flotan a su alrededor, buscando aferrarse a la agonía de cada nota que desprende de su guitarra. Low Roar emula un ejército personificado en una sola persona que busca desentrañar sus propios demonios.

Lo que sucedió la noche del 15 de enero en el Foro Lucerna es invaluable, la carga emocional que Ryan dispara es apabullante, la audiencia sólo observa, atestigua cada movimiento, cada ida y venida entre un pequeño piano y un par de guitarras. Pero rompe en vítores cuando suena “Easy way out”, canción con un tramó entero a capela y sin uso del micrófono que conmociona de tan sólo escuchar.

La conversación es breve, pero precisa, narra una breve historia detrás de cada canción, la relación con su madre, la amistad, amor y todo lo que implica re hacer una vida en un lugar tan lejos de casa. Ryan parece haber entendido su papel como músico y artista, busca provocar sensaciones, dibujar imágenes con su voz.

Junto a su puesta a escena es evidente que este es su hábitat, el lugar donde se siente pleno, un teatro pequeño con sólo unos cientos de personas que viven de cerca los lamentos que brotan por momentos de su voz. Funciona, y funciona muy bien, porque rompe la sórdida costumbre de los conciertos en nuestro país, no es necesario saturar a la audiencia para conquistarla. Low Roar demuestra que, con una propuesta real y sincera, un verdadero artista puede conquistar únicamente valiéndose de su voz.

Comentarios:

Destacado:

LO M脕S LE脥DO

+ -