Opinión


Lúgubre Festejo de la Policía Federal

Lúgubre Festejo de la Policía Federal | La Crónica de Hoy

Sólo una mente perversa pudo haber convocado a una celebración por el aniversario de la Policía Federal cuando la corporación con 91 años de edad está a 18 meses de desaparecer; su personal en la incertidumbre, las instalaciones tomadas, las protestas vivas, las persecuciones y venganzas latentes y unas 4 mil personas amparadas contra el actual gobierno.

Sí, con un sólido humor negro, el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño encabezó el “festejo” en medio del abandono, del duelo y la ignominia. Tuvo que hacerlo escondido en un auditorio porque las instalaciones del Centro de Mando de la Policía Federal en Iztapalapa siguen tomadas, a falta de acuerdos del funcionario con policías inconformes.

Tuvo que hacerlo sólo porque evidentemente el presidente López Obrador no asistiría a un réquiem. Tuvo que hacerlo apenas ante 200 policías de más de 35 mil que llegó a tener la Policía Federal porque apenas éstos son los que han firmado sin chistar su cambio a la Guardia Nacional. Tuvo que hacerlo con una invitación a medios de comunicación que se generó la misma mañana de este sábado para evitar que los manifestantes que han cerrado instalaciones de la policía se apersonaran en el cuartel general de la Secretaria y le echaran a perder la celebración.

Aunque en realidad, no tenía por qué hacerlo.

No tenía para qué llevar al grupo musical de la Policía Federal ataviados todavía con sus uniformes para tratar de ambientar un salón realmente fúnebre, con caras extrañadas, adoloridas y silenciosas. Tampoco tenía para qué llevar al mariachi de la Policía Federal, que al entrar generó lágrimas ahogadas en una veintena de asistentes porque sus voces siempre habían representado momentos felices de la corporación y fue excesivo que hasta la unidad canina de la PF con perros que están siendo dados en adopción porque ya no hay recursos para alimentarlos, hubieran sido invitados a la “fiesta”.

La celebración, la música, los discursos y el mal gusto, ¿como para qué?.

Mostrar un músculo que en realidad no existe, promocionar un supuesto logro  al integrar ya a policías federales a la Guardia Nacional y reiterar una y otra y otra vez —como ha sido su discurso desde hace meses— la “vergüenza” en la que estaban los policías federales, sólo que está vez invitándolos a “evolucionar” (sic).

Sin necesidad de antidoping es notorio que no hay tal músculo y que lo avanzado en materia de Guardia Nacional corresponde a  muchos otros actores y no precisamente es un logro del titular de la Secretaria de Seguridad, sino al contrario.

La construcción de la Guardia nacional ha sido atribución de la insistencia del presidente López Obrador, del apoyo de las fuerzas armadas, de la Secretaría de la Defensa Nacional con su infraestructura, su personal, mandos y hasta presupuesto; los acuerdos políticos alcanzados son de un poder legislativo que unió a todos los grupos parlamentarios, las organizaciones sociales contribuyeron con su parte al ceder la exigencia de una institución civil; así como la participación de los abogados y asesores de la Policía Federal que influyeron en la redacción de las nuevas leyes secundarias y orgánica de la GN y hasta los propios policías federales que han puesto por encima de las acusaciones de corrupción e incompetencia su disciplina y convicción de servicio.

Al secretario Durazo, que desde el principio fue excluido de la parte operativa, sólo le correspondía atender una sola pista del tremendo circo: la administrativa, y se le fue de las manos. Ha reconocido que no priorizó el trato con los policías, porque “no hubo tiempo”, que no puso en marcha la unidad de transferencia que marca el decreto de desaparición de la Policía Federal y que le ha faltado interacción con los inconformes.

En este mismo momento, incluso, muchos policías federales tienen la disposición del transitar a la Guardia Nacional, sólo piden certidumbre sobre las condiciones de esa transferencia. De 35,000, apenas 4,000 han promovido amparos.

Quienes suponen que todos los policías federales que salgan de la corporación se pasarán a las filas del crimen organizado en realidad ignoran o desdeñan el sentido de pertenencia y vocación de la gran mayoría de los integrantes de la Policía Federal. Puede que los haya, pero seguramente ya habían abandonado la Corporación en espíritu desde tiempo atrás.

Durazo Montaño olvidó la negociación, la parte de la política que dice conocer y los lineamientos de la administración pública que ha recorrido y de donde también lo han corrido. No quiso atender la transición, no quiso atender en tiempo la resistencia al cambio como parte de la naturaleza humana, ni pretendió resolver la falta de información para tranquilizar esos ánimos.

A cambio, acentuó la incapacidad del actual Gobierno Federal para analizar los efectos del cambio y los altos costos de la inconformidad.

Si tenía planeado repartir a los policías federales que no ingresaran a la Guardia Nacional hacia otras corporaciones o sectores de gobierno, pudo haber establecido un sistema muy efectivo y exitoso de negociación, de oferta de empleo, que le hubiera atraído los reflectores positivamente; en cambio, emitió convocatorias fallidas (dos antes de la oficial), hizo anuncios erróneos (la movilización de la GN a varios estados sin que fuera cierto), mintió a los legisladores y ciudadanos (como cuando mandó militares sin tener aún las leyes secundarias de la GN), puso fechas inexistentes (como 260 regiones al cierre de este año) y prometió condiciones incumplibles (como el mando civil).

Pudo haber tenido una acción sumatoria al movimiento y olvidar la confrontación con  mensajes negativos, incluyendo los adjetivos fifís, “corruptos”, ­“ineficaces” y hasta el de ayer en la celebración, “abandonados de gobiernos anteriores”.

La suma de hechos y equívocos califican la gestión de Durazo con una sola palabra: desorden. Y no es cualquier defecto cuando este hombre está a cargo de batallones completos de militares y no puede con unos cuantos manifestantes. El músculo en materia de seguridad se muestra con cifras apabullantes, no con actos publicitarios.

 

 

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