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Luismi, oh, Luismi, y la muchacha del pelo suelto

Dos son los grandes ídolos musicales del México ochentero joven. Una, Gloria Trevi, es personaje de ruptura, con la voz de las generaciones que van creciendo empapadas de crisis.

Luismi, oh, Luismi, y la muchacha del pelo suelto | La Crónica de Hoy

Dos son los grandes ídolos musicales del México ochentero joven. Una, Gloria Trevi, es personaje de ruptura, con la voz de las generaciones que van creciendo empapadas de crisis. El otro, Luis Miguel, Luismi o simplemente El Sol, es la gana de seguir creyendo en el amor romántico a pesar de todas los problemas nacionales. Entre ellos, dos emocionan, hacen suspirar y ponen a bailar al México joven, que quiere ser feliz, a pesar de hiperinflación, terremotos y una brutal falta de expectativas acerca del futuro.

Luis Miguel se vuelve ídolo desde muy temprano, cuando tiene 12 años y suena en la radio 1 + 1= 2 enamorados. Todavía no le cambia la voz cuando ya tiene otro hit: Directo al corazón. A estas alturas, cuando la biografía de Luis Miguel ya es hasta serie de televisión y todos odian a Luisito Rey, autor de todos los traumas que el cantante haya tenido y pueda tener, lo importante es que aquel muchachito rubio se convirtió en el acompañante sentimental-musical de muchas adolescentes y adultas jóvenes que fueron creciendo en el México de esos años. Y tan importante fue, es, que la serie biográfica fue un éxito rotundo en el pasado reciente del siglo XXI.

A aquel jovencito de poderosa voz lo lanzaron al destape del pop joven español con Decídete, que le censuraron en México. Pero se ganó al público con piezas como Palabra de honor, o con el dueto Me gustas tal como eres, con la escocesa Sheena Easton. Por aquella canción gana un Grammy, en un entorno al que ya no le extraña la irrupción de los ídolos mexicanos. Le aplauden en su país, y también en San Remo y en Viña del Mar.

Es tan grande el triunfo de Luis Miguel, que lo mismo lanza sus propios hits como La chica del bikini azul que resucita éxitos del pasado, como Ahora te puedes marchar. Su disco de 1988, Busca una mujer, arrasa con su primer sencillo, La Incondicional, que pone a soñar a las admiradoras del muchacho con romances en los que el protagonista es su Luismi del alma, ataviado con el uniforme del Heroico Colegio Militar: un éxito completo, en el que el hecho de que la Secretaría de la Defensa hubiese otorgado toda clase de facilidades para hacer aquel video que le robó los corazones a miles de muchachas.

Y hoy, treinta años después, cuando Luis Miguel es un hombre que a ratos se antoja profundamente solitario, sólo algo es seguro: que si volteara, y mirara a su alrededor, vería a esos millones de fanáticas que han crecido a la par que él y, todavía, siguen contemplándolo y escuchándolo con adoración.

GLORIA, LA DEL DOCTOR SIQUIATRA. Lo malo de los ídolos jóvenes es que crecen. Y lo mismo vale esta afirmación para Luis Miguel que para aquella muchacha regiomontana que saltó a la fama en unas fachas que asombraron a más de tres madres de familia, y que, en aquellos inicios, a finales de los años 80, no tenía pelos en la lengua, mezcla de rebeldía e ingenuidad: Gloria Trevi.

Muy pocos se acuerdan de Gloria Treviño como parte de uno de tantos grupos pop, Boquitas Pintadas. Pero cuando en 1989 la muchacha arranca su carrera solista, se convierte en Gloria Trevi y se convierte en tema de interés hasta para el mismísimo Carlos Monsiváis.

¿Por qué? Porque la Trevi es claridosa, porque hace algunas de sus canciones, porque le explica a su generación el vacío de la ruptura amorosa con la atinada figura de la papa sin cátsup, porque no le interesa ir mona y modernamente arregladita como las Flans, porque no es suavecita y enamorada del amor como las Pandora. Es la Trevi y es extrañamente sexy, a pesar de que sus orígenes están en el Centro de Capacitación de Televisa.

Incomoda Gloria Trevi, y mucho. En ese final de década se empiezan a escuchar sus canciones, y una cosa es brincar alegremente con Los borregos, ese canto a no ser como los demás, y otra muy distinta que los adultos se empiecen a acostumbrar, en un México donde aún atruenan los agarrones adultos por el condón-sí-condón-no, a canciones como Agárrate, que le dice a los papás que sus hijos no son perfectos como los sueñan, que no sacan diez como ellos esperan, que a lo mejor tienen vida sexual y tal vez el nuevo pretendiente es seropositivo —palabra inevitablemente nueva— y, en una de esas, la niña ya no lo es tanto y está embarazada. Agárrate, canta la Trevi; “agárrate, ¿No ves que tengo miedo?”, y tal vez, con aquellas canciones de fin de década, muchos escuchaban la voz de sus propias incertidumbres en el paso a la edad adulta.

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