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“Luz: La flor del mal”, una película para sanar a través del dolor

Entrevista. El director Juan Diego Escobar Alzate y su elenco, comparten su experiencia sobre el filme colombiano de folk horror que llegó este jueves a las salas de cine nacionales

“Luz: La flor del mal”, una película para sanar a través del dolor | La Crónica de Hoy

Foto: (Cortesía) El filme reflexiona sobre la naturaleza humana y el fanatismo religioso.

“Siempre he creído que el fanatismo religioso es lo peor del mundo entero, que en realidad corrompen mucho los pensamientos”, expresó Juan Diego Escobar Alzate, director de la película Luz: La flor del mal, la cual llega a las salas de cine mexicanas, luego de un recorrido exitoso por festivales, incluido el Mórbido Film Fest con el premio a la Mejor Película Iberoamericana.

Desarrollado en el folk horror, este filme colombiano busca hacer una reflexión acerca de la dualidad de la naturaleza humana y la sanación a través del dolor, tomando como punto de partida el fanatismo religioso: “Realmente creo que es una doctrina que te pone una venda para que veas solo hacia el frente sin poder mirar a los lados, no permite el cuestionarse nada. Creo que algo que nos da o nos permite ser humanos es justo el cuestionarnos sobre las distintas cosas”, explicó el cineasta, en entrevista con Crónica Escenario.

“Esta cinta sale como un proceso de sanación. Creo que el arte más importante en el mundo es ello y a través de este relato poético, oscuro melancólico, nostálgico, metafórico precisamente sané de alguna forma ciertos miedos y dudas religiosas expresando precisamente esas falencias que considero tiene. De alguna forma, lo que quiero es tocar esas fibras en los espectadores más allá de una obra de entretenimiento, Luz es un viaje al cielo y al infierno, muy introspectivo al que te conectas o no te conectas, es una cinta que amas o detestas”, añadió.

En la espesura de las montañas, en una comunidad aislada liderada por un predicador conocido como El Señor, un presunto nuevo Mesías llega al pueblo, pero con su llegada los males comienzan y no solo para la aldea, sino también en la casa del predicador, en donde sus tres hijas, Laila, Uma y Zion comenzarán a cuestionar el verdadero significado de Dios, del Diablo, y la auténtica naturaleza del amor, del placer, de la feminidad y de la libertad.  Dios vive allí pero también el Diablo y deberán aprender a convivir en esas tierras el uno con el otro ¿o son la misma persona?

De esto va este relato místico en el cual el actor Conrado Osorio habló de su personaje como El Señor, un autodenominado profeta que enfrenta la dualidad de lo terrenal y lo celestial de maneras muy tétricas. “Durante el proceso de creación fue muy divertido porque todos los días me miraba al espejo, pasaban los textos y yo iba encontrando emociones que al momento del rodaje lo olvidas y te dejas llevar por el momento con tus compañeros de trabajo”, dijo el actor.

Otra parte importante cae en los roles de Uma (Yuri Vargas), Zion (Sharon Guzmán) y Laila (Andrea Esquivel), quienes son las víctimas más cercanas al Señor y sus creencias religiosas desbordadas. Para Andrea Esquivel, hacer su papel fue muy complicado. “Teníamos muchas dudas que venían desde que leímos el texto y otras que Juan no quería resolvernos porque era un proceso difícil para todos (...) Luz es una cinta que genera muchas preguntas que enfrentaban esta dualidad que a su vez era real, que todos los conflictos de los personajes era perturbador. Cuando veía a Conrado (El Señor) hacer todas estas cosas malas pero a su vez con una justificación tan válida del porqué debían hacerse, nos generaba reflexiones que cuestionan la moralidad del bien y el mal y sin darse cuenta, uno acaba por ser cómplice de la situación”, dijo.

Sharon Guzmán, que interpreta a Zion, complementa el comentario: “Siento que Luz, de alguna manera, resuelve incógnitas sobre la humanidad, de preguntas que nos hemos hecho a lo largo de muchos años, si Dios existe, si no, qué hay detrás de ello, si somos buenos o malos y hay muchos temas que también se sugieren desde la religión pero desde un lado muy moral. Creo mucho en que se puede sanar por medio del dolor y creo que si nos dolieron muchas cosas en este rodaje muy personales y por medio de esta cinta logramos sanarlas”.

Finalmente, cabe decir que en el filme las alusiones a lo celestial chocan con lo terrenal y la naturaleza muestra tanto su belleza como su maldad en medio de una estupenda fotografía es algo de lo más llamativo del filme: “Quería mostrar la magnitud de la naturaleza, además de contar una historia en la que ella puede tener sus propios demonios, su propia oscuridad a pesar de lo bella que es”, concluyó Escobar.

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