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“Mascotas” y zafarranchos en el cumpleaños del Presidente

Seducido por el aroma nostálgico de los chanchamitos tabasqueños y el recuerdo de añejas canciones sobre el año de su nacimiento, el presidente Andrés Manuel López Obrador parecía ajeno a los zafarranchos derivados de su cumpleaños 66.

“Mascotas” y zafarranchos en el cumpleaños del Presidente | La Crónica de Hoy

Seducido por el aroma nostálgico de los chanchamitos tabasqueños y el recuerdo de añejas canciones sobre el año de su nacimiento, el presidente Andrés Manuel López Obrador parecía ajeno a los zafarranchos derivados de su cumpleaños 66.

Desde el amanecer, simpatizantes y algunos medios afines de alcance cibernético le organizaron un festín a las afueras de Palacio Nacional, con danzarines y violines, y él se sentía complacido, agradecido por los detalles: “Me han hablado, me han mandado recados, hay música aquí afuera, mariachis, mañanitas. No saben cuánto apoyo recibo de la gente, me siento muy protegido”.

Había hasta acreditados de prensa con el traje del mariachi, sombrero y botas… “¡Larga vida a mi querido presidente!”.

Pero el guateque sirvió a los fanáticos y golpeadores para denostar la labor periodística de quienes se han resistido al papel de comparsas. “¡Chayoteros, muertos de hambre, arrastrados, sicarios de la información!”, atizaban en contra de los reporteros identificados como incómodos para el Ejecutivo, mientras ensalzaban el trabajo de los lambiscones a sueldo y les agradecían sus mimos oficiales durante las conferencias.

Todo ocurrió frente a la puerta de Palacio ubicada sobre la calle de Moneda, donde suelen formarse los periodistas para ingresar al salón Tesorería.

Una mujer sobresalió en los insultos, y hubo entre los reporteros quien se dejó enganchar, exasperado ya por las ofensas callejeras y, sobre todo, por el cinismo y las mofas al gremio de quienes son conocidos como las “mascotas del presidente”, por su actitud rastrera y melosa —a cambio de unas cuantas monedas sustraídas del erario público y repartidas por supuestos liderazgos partidistas y legislativos cercanos a Morena— cuando se trata de salvar al mandatario de terrenos fangosos.

El comunicador respondió a la provocadora con un par de señas distantes, mientras personal de Comunicación Social permitía el avance de la fila hacia uno de los traspatios de Palacio, asignado para la espera previa al inicio de la conferencia. Ya adentro, volvió a encontrarse con los mimosos e, iracundo, les reclamó la burla durante el ataque de la seguidora amlista.

—Yo nunca me burlé -decía uno de los moñeros oficiosos, mientras otros dos respondían con sonrisillas injuriosas. El barullo subió de tono cuando el ofendido tocó a uno de los contrarios. Y, entre amenazas, se armó la trifulca, pese a la intentona de otros asistentes por suavizar el furor.

Aunque no hubo golpes, del conato se enteraron los auxiliares de Comunicación Social. Como en años escolares, la medida fue separar a los dos involucrados y prohibirles el ingreso al encuentro presidencial. “Nos dijeron que no era conveniente entrar, porque los ánimos estaban muy caldeados”, dijo uno de ellos. Ambos fueron citados más allá del mediodía en las oficinas centrales de prensa, para aclarar el alboroto.

De todo aquello era indiferente López Obrador en el estrado, como siempre apapachado por su séquito de corderos:

—¡Antes que nada, feliz cumpleaños señor presidente!

Alentado por el festejo, el tabasqueño liberó su vocabulario contra los conservadores y los calificó de racistas, corruptos, clasistas, hipócritas, desquiciados y desleídos. Y a los medios convencionales los llamó “loros dedicados a repetir lo que les ordenaban”, boletineros.

Se persignó ante un eventual regreso al gobierno de esa aludida ala conservadora y musitó: “¡Cruz, cruz, cruz, que se vaya el demonio y que venga Jesús!”.

Aprovechó los elogios de un maiceado más “por su liderazgo en el terreno diplomático y democrático de América Latina con la llegada de Evo Morales” y otros pases a gol, como en entrenamiento sin portero ni rival. Hasta contó una vieja anécdota de cuando era jefe de gobierno de la CDMX y el entonces gobernador de Veracruz, Miguel Alemán, le donó la réplica de una cabeza olmeca, la cual sería colocada en uno de los cruces de Santa Fe. Durante la ceremonia de recepción, desde la vía pública y dentro de su auto, una señora le gritó: “Andrés Manuel, eres un naco”.

Sobre los datos sombríos de la economía nacional, reviró: “¡Ay nanita, están los rumores a la orden del día, las mentiras falsas!”.

Era pues su celebración. Y parecía feliz… “Ya me voy, porque me están esperando los chanchamitos (tamales originarios de Tabasco condimentados con achiote y envueltos en hoja de totomoxtle)”.

Y en la despedida rememoró una canción de Ana Belén: “Yo también nací en el 53/Y jamás le tuve miedo a vivir/No me pesa lo vivido/Me mata la estupidez de enterrar un fin de siglo distinto del que soñé”.

Sesenta y seis. Su primer onomástico como presidente. Cómo no iban a llegar los fans obnubilados por su pintoresco lenguaje en contra de corruptos y vende patrias, cómo no se iban a vestir de mariachis algunos representantes de medios de comunicación en redes, cómo no iban a pelearse reporteros apaleados y serviles de alquiler, si en la 4T, dijo el cumpleañero, “vivimos tiempos interesantes, y que nadie diga que se aburre”…

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