Opinión


México, Cuba y la "nueva numancia"

México, Cuba y la

En la ceremonia que se llevó a cabo en el Castillo de Chapultepec, el 24 de julio para conmemorar el 238° aniversario del natalicio de Simón Bolívar, el presidente Andrés Manuel López Obrador, dio un discurso en el que, contrario a su costumbre, abordó el tema internacional.

Propuso desaparecer la Organización de Estados Americanos (OEA) y que su lugar fuese ocupado por otro organismo, seguramente la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Algo semejante a la Unión Europea.

Dijo al respecto: “En ese espíritu, no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador a petición y aceptación de las partes en conflicto, en asuntos de derechos humanos y de democracia.”

Suena paradójico porque, si algo ha hecho Luis Almagro, como secretario general de la OEA, es denunciar la violación a los derechos humanos y las acometidas contra la democracia que se han registrado en América Latina y el Caribe, sobre todo por parte de países del “bloque bolivariano”.

Es muy probable que esta propuesta de López Obrador sea producto del rotundo fracaso de la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA) promovida por Cuba y Venezuela, creada el 31 de julio de 2015. En esa organización se encuentran, además de los países ya mencionados, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Ecuador, San Vicente, las Granadinas, Antigua y Barbados, y Santa Lucía. Económicamente, era sostenida por el petróleo venezolano; pero, como bien se sabe, aquello se desfondó.

Dicho de otro modo: en su ambición de poder, al hombre de Macuspana, ya le quedó chico México. Ahora quiere lanzarse a la arena internacional como paladín de las naciones bolivarianas. Alguien le susurró al oído para decirle: “ahora, es el momento; mira nada más el amplio panorama que tienes por delante.”

López Obrador dedicó un buen tramo de su alocución a Cuba. Sobre ella dijo que, desde que la isla se independizó de España en 1898, y la enmienda Platt que fue un anexo impuesto a la Constitución de Cuba, aprobado el 25 de febrero de 1901 por el Congreso de los Estados Unidos y que, además definió el espacio vital de la Unión Americana en el cual se incluyó la ocupación de Guantánamo:

“Desde aquel tiempo—aseveró el tabasqueño—, Washington nunca ha dejado de realizar operaciones abiertas o encubiertas contra los países independientes situados al sur del Río Bravo. La influencia de la política exterior de Estados Unidos es predominantemente en América. Solo existe un caso especial, el de Cuba, el país que durante más de medio siglo ha hecho valer su independencia enfrentando políticamente a los Estados Unidos.

Podemos estar de acuerdo o no con la Revolución Cubana y con su gobierno, pero el haber resistido 62 años sin sometimiento, es toda una hazaña...creo que, por su lucha en defensa de la soberanía de su país, el pueblo de Cuba, merece el premio de la dignidad y esa isla debe ser considerada como la nueva Numancia por su ejemplo de resistencia, y pienso que por esa misma razón debiera ser declarada patrimonio de la humanidad.”

Se trata de una colosal metida de pata: López Obrador debía haberse documentado antes sobre la historia de Numancia: Luego de la caída de Cartago y la muerte de Aníbal, es decir, en el siglo II a.C., esa pequeña ciudad, de unos mil quinientos pobladores de origen celtíbero, mantuvo a raya a los romanos durante veinte años. Tres cónsules fracasaron en su intento por tomar la ciudad.

Escipión el Africano, quien destruyó Cartago, fue enviado a acabar con Numancia: la sitió durante once meses. Viéndose perdidos, los numantinos decidieron quemar su ciudad y luego quitarse la vida. Esto ocurrió en el año 133 a. C. En realidad, Escipión el Africano perdió: tomó posesión sólo de un pedazo del desierto.

Vaya ejemplo que fue a escoger López Obrador para ensalzar la resistencia del pueblo cubano contra el embargo y contra una dictadura feroz que ha convertido a esa isla en una cárcel. Hasta donde mis conocimientos alcanzan los cubanos la están pasando mal, pero no se han suicidado.

De hecho, el discurso de López Obrador del 24 de julio, da la impresión de ser un respaldo al régimen despótico presidido por Miguel Díaz-Canel y manejado, realmente, por Raúl Castro, luego de las manifestaciones del domingo 11 de julio en más de cincuenta ciudades y poblados cubanos contra la dictadura.

La ola de protestas comenzó en San Antonio de los Baños, provincia de Artemisa, y pese a que el gobierno cortó Internet, tres horas más tarde se reportaban manifestaciones en casi todas las provincias de la isla. El slogan fue “Patria y libertad”. Y es que los cubanos están hartos de un sistema tiránico que ahora se agrava por la pandemia del Covid-19, el hambre y la represión.

Miguel Díaz-Canel convocó a la violencia en cadena nacional: “La orden de combate está dada, a la calle los revolucionarios.” Pero no es con violencia como se van a resolver los problemas de Cuba, sino con una transición pacífica que desplace a los “duros” del régimen de los puestos de mando.

Eso es lo que tiene que hacer el gobierno de López Obrador, fomentar el cambio pacífico en Cuba, y no respaldar al actual régimen opresor.

 

Mail: jfsantillan@tec.mx

  

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