Opinión


México, ¿en la trampa de la migración?

México, ¿en la trampa de la migración? | La Crónica de Hoy

CIUDAD DE MÉXICO.- La vida sigue, Canciller, y tengo la seguridad de que su padre, donde esté, se encuentra feliz al pensar que operaba en usted por el pasado de donde viene, el presente donde hoy está y el futuro que puede alcanzar. Y él, Canciller, donde esté, sin duda está listo, dispuesto y  preparado para contribuir con su causa…

Es evidente, Canciller, que las cosas no están pintando hoy como lo hacían hace muy escasos meses, me refiero al tiempo del brillante trabajo político y diplomático que usted realizó para frenar el conflicto migratorio provocado por el río de  centroamericanos que inundó a México, desde nuestra frontera del sur hasta la del norte, dispuesta a cruzarse por encima del río Bravo para lograr el gran sueño que  casi todo habitante del planeta entero acaricia, de volverse un nuevo  miembro del primerísimo mundo que es la nación estadunidense. Usted, como vocero del gobierno mexicano, ganó los rounds iniciales de la infame  tarea de, por un lado, negociar con los representantes del presidente estadunidense Donald Trump al tiempo de que, por el otro, coordinaba los esfuerzos de la Cancillería mexicana para lograr el retorno a sus países del gran contingente de centroamericanos, que lograron el alarde de cruzar todo el territorio mexicano por su parte más extensa, entre Chiapas y los límites de Baja California, México, con California, EUA, con el fallido objetivo de cruzar el río Bravo e intentar  una nueva vida totalmente diferente de la miserable existencia que ellos y sus familias han sufrido en sus países, sin entender la magnitud del daño que le provocaban a México dentro de la obnubilada, dañada y racista cavidad craneana del hombre más poderoso del planeta…  

 Este último sábado, la situación se complicó mucho más, por el nuevo contingente de migrantes no sólo centroamericanos sino hasta de caribeños y de africanos, que cansados de aguardar en territorio chiapaneco gestionando el permiso temporal de estancia en México que nuestro gobierno podía otorgarles en tanto gestionaban su eventual ingreso a Estados Unidos, unos dos mil aceptaron la convocatoria de sus nuevos líderes de no esperar más y lanzarse al camino, rumbo a esta capital, para pedir al presidente López Obrador su apoyo a efecto de lograr su objetivo.

La caravana fue frenada el sábado mismo, pero la tensa situación en que vive el grupo de salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, africanos y caribeños, en cualquier momento puede estallar y provocar consecuencias terribles, indeseables…

Todos conocemos, pero usted mucho más por la experiencia que ya vivió, el ambiente, que la conducta supremacista que domina la perversidad, que es el principal motor de las neuronas trumpistas creando un terrible ambiente de odio racial que, por fortuna, un grupo día con día creciente de los seguidores que lo llevaron a la Casa Blanca lo están abandonando, aunque él no cese de alimentar su sueño de reelección presidencial con su política racial que mucho influyó para llevarlo a la Casa Blanca y que un paradójico destino se le atravesó de nuevo, a costa de la mala suerte  que  suele nublar la relación de nuestros países.

Esta situación, para México, es de lo más delicado que pueda sucedernos, ya que nuestra política migratoria está profundamente confrontada con la de Trump, que ya no necesariamente coincide con la de las mayorías estadunidenses. El principal problema consiste en que el supremacismo es lo más parecido al nazismo alemán que don Donald ha hecho florecer como nunca en el seno de la sociedad estadunidense…

El cerebro que protege la rubia peluca del señor Trump puede ser peor que una decena de bombas nucleares; y nadie, al sur del río Bravo desearíamos que un día cualquiera le surgiera la brillante idea de mandarnos ese regalito…

 

 

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