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“México es, de facto, un tercer país seguro”: Socorro Díaz

La autora de Muro de ira y humo lamenta que el gobierno de López Obrador haya aceptado la creación de campos de refugiados en el lado mexicano de la frontera y alerta del peligro de que éstos abran la puerta a una intervención territorial de EU.

“México es, de facto, un tercer país seguro”: Socorro Díaz | La Crónica de Hoy

Jaime Labastida, Magdalena Galindo, Socorro Díaz, Jorge Alberto Lozoya y Gerardo Nieto, ayer en la presentación del libro Muro de ira y humo. (Fotos: Cortesía)

Socorro Díaz (Colima, 1949) atesora una larga carrera como periodista (fue la primera directora de un diario nacional: El Día), como política (fue senadora, diputada federal y subsecretaria de Gobernación), como académica (profesora de investigación periodística en la UNAM) y también como escritora (El huevo de la serpiente, La trama del poder…). En su última obra, Muro de ira y humo, la autora rastrea en el pasado de Donald Trump para tratar de entender el comportamiento del presidente de Estados Unidos, su obsesión con el muro y la —a su entender— alarmante reacción del gobierno de Andrés Manuel López Obrador a la crisis migratoria.

—Empiezo por el final del libro, donde pide a los mexicanos que “defiendan con firmeza los intereses de la nación”. ¿Trata de decir que el gobierno que preside López Obrador no los defiende?

—En el caso de la crisis de las caravanas de migrantes, no. El respeto en las relaciones bilaterales no se demuestra con amenazas, sino con negociaciones. Desgraciadamente, esto no ocurre con el presidente Donald Trump, empeñado en resucitar la guerra fría. Por tanto, México debe cambiar de estrategia y revisar de fondo su política migratoria. No debería haber aceptado montar campamentos de refugiados para contentar a Trump.

—¿Quiere decir que México es de facto un tercer país seguro, aunque lo niegue el gobierno?

—Exacto. Es un tercer país seguro de facto, ya que los migrantes que solicitan asilo en Estados Unidos son devueltos 48 horas después; y no al país de origen, sino a un tercero, a México. La diferencia es que un tercer país seguro (como Canadá) permite al migrante solicitar asilo, mientras que México no lo hace, pero, en la práctica, es un tercer país seguro ya que aquí se quedan esperando indefinidamente una respuesta de las autoridades migratorias estadunidenses, que en su gran mayoría es negativa.

—En su libro alerta que los campos de refugiados ponen en peligro la soberanía nacional porque podrían “abrir las puertas a una intervención”. ¿Cómo podría ocurrir esa intervención?

—Una hipótesis no descartable es un juez estadunidense que ordene a agentes armados cruzar la frontera con la excusa de que deben inspeccionar las condiciones de los migrantes que han solicitado asilo en EU. Espero que no ocurra, pero con un gobierno “silencioso y sumiso” como el mexicano…

—En un capítulo muy interesante del libro revela qué pudo llevar a Trump a tener esa fobia a los hispanos y a su obsesión por construir el muro. Y lo resume en una palabra: Resentimiento. ¿Cómo llegó a ella?

—Me costó trabajo llegar a la palabra resentimiento. Fue un proceso de revisión de sus declaraciones y actos en periódicos como The Washington Post, cotejados con sus datos biográficos, el ambiente familiar y dónde se crió. Trump creció en Queens, el barrio más multicultural de Nueva York, donde, siendo blanco, se debió sentir en minoría, y donde brotaron sus primeros episodios de racismo, heredados de un padre (Fred) que llegó a ser demandado por instruir a sus trabajadores de negocio inmobiliario a “no rentarles a negros”. También debió influir en su carácter su resistencia a ser considerado hijo de inmigrantes, en contraste con su madre, no sólo orgullosa de serlo, sino que dedicó parte de su vida a ayudar a mujeres inmigrantes.

Pero la pista que me llevó directamente a considerar que Trump es un resentido fue el libro que escribió el español Gregorio Marañón, Tiberio: Historia de un resentimiento, en el que sostiene que el emperador romano maltrataba a sus súbditos por el simple hecho de no estar contento con su cara, llena de espinillas. Trump está acomplejado por su calvicie y trata de ocultarla y no soporta la crítica, de igual manera que adora ser adulado. Su inseguridad, para infortunio de los que le rodean, es esa demanda enfermiza de halagos y reconocimientos.

En todo este resentimiento está el origen de su odio a los hispanos.

—Y del racismo del presidente al terrorismo supremacista de El Paso…

—Así es y espero que ese racismo y odio a los hispanos, con los que ganó las elecciones en 2016, sirva ahora, que ha degenerado ya en una matanza, para que pierda la reelección en 2020. La tragedia de El Paso dio una sacudida muy fuerte y puede impactar en los electores, pero, la profecía buena es la del pasado, así que no sé qué pasará, como tampoco el impacto de la investigación por impeachment contra el mandatario republicano. En cualquier caso espero que pierda y gane un demócrata. Me gusta Joe Biden, por su experiencia y su corte liberal.

—Abrí la entrevista por el final y la cierro por el principio. ¿Por qué Muro de ira y humo?

—Fue cosa del editor [risas], pero me pareció un gran acierto. La ira de Trump contra los hispanos es evidente, por eso cuando dijo casi en broma que iba a construir un muro en la frontera, sus seguidores se entusiasmaron porque creyeron que iba a resolver todos sus problemas. Pero el muro es humo también, porque no se ha levantado, y aunque estuviera, los traficantes buscarían la forma de colar gente y drogas. Ningún muro va a detener esta realidad o la necesidad de emigrar en busca de un futuro mejor. Tenía razón Fidel Castro cuando le preguntaron que si podía frenarse la globalización y respondió: “Los que dicen abajo la globalización es como decir abajo con la Ley de la Gravedad”.

 

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