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México no ha comprendido la lección de la pandemia: José Franco

Contrario al mundo, nuestro país no ve la importancia de un sistema eficiente de ciencia, tecnología e innovación: sólo invierte 0.5% del PIB, lamenta el científico de la UNAM

México no ha comprendido la lección de la pandemia: José Franco | La Crónica de Hoy

José Franco propone incorporar más científicos a las plantillas de las secretarías de Estado y los gobiernos estatales

Haber desarrollado vacunas contra la pandemia de COVID-19, en un periodo menor a un año, dio al mundo una lección sobre el poderío que tiene un sistema eficiente de ciencia, tecnología e innovación para generar soluciones a graves problemas sociales. Sin embargo, en México sigue sin entenderse que las soluciones que aporta el conocimiento a la sociedad no surgen como si se tratara de inversiones de retorno directo e inmediato, sino que resultan de inversiones de largo plazo y capital de riesgo que van acumulando recursos humanos, infraestructura y vasos comunicantes por los que el conocimiento fluye entre academia, gobierno y empresas. Así lo explica en entrevista para los lectores de Crónica el doctor José Franco, expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC); excoordinador del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT) e investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Desde la perspectiva de José Franco, uno de los posibles caminos para la transferencia más ágil del conocimiento puede ser incorporar más científicos a las plantillas de las secretarías de Estado y los gobiernos estatales. Esto ayudaría a detectar y entender más rápido lo que se genera en las áreas de investigación de universidades e institutos.

“Al comenzar la segunda mitad del siglo XX, Estados Unidos aportaba 70 por ciento de la inversión que todo el mundo dedicaba a la investigación científica. Después otros países se dieron cuenta de que la ciencia, la tecnología e innovación eran palanca para el desarrollo y la inversión aumentó en todo el mundo. Actualmente algunos, como Corea del Sur e Israel, han llegado a dedicar hasta el 4 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) como inversión en estos campos, desafortunadamente, en todas estas décadas México se ha mantenido estancado con inversiones para ciencia de 0.5 por ciento del PIB o menos", dice el astrofísico a los lectores de este diario. 

—Para usted, ¿qué es la ciencia? — se le plantea a José Franco.

—La ciencia es el conjunto de saberes más poderoso que ha creado el ser humano hasta este momento para poder entender el mundo y tener herramientas para contender con los problemas que nos aquejan.

—Si comparamos el Sistema de Investigación Científica de México con una persona ¿en qué etapa de la vida se encuentra?

— Bueno, las instituciones son entes que evolucionan a una velocidad mucho más lenta que los individuos. Si bien podríamos ponerle una edad de 50 años a la actual ciencia en México, pues hace 50 años se creó el Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), yo creo que un análisis más cuidadoso mediría esta edad a partir de las nuevas generaciones de investigadores que se han generado. Visto así, todavía es un sistema joven, más cercano a la etapa de adolescencia que a la etapa de adulto maduro. 

— ¿Qué se necesita para crear un sistema eficiente de investigación científica y desarrollo tecnológico?

— Eso es un proceso que tiene tres aspectos, por lo menos: 1) Generar los cuadros de investigadores que desarrollen ciencia, 2) Generar la infraestructura adecuada para que se  genere ciencia y 3) Crear vasos comunicantes o correas de transmisión para que el conocimiento que se genera pueda ser transmitido a las comunidades que deban y puedan utilizarlo.

Me detendré un poco en este tercer punto, que no es muy claro. Los vasos comunicantes tienen que fluir desde la academia hacia el Gobierno federal para aportarle herramientas nuevas para contender con problemas de interés general, y también tiene que haber vasos comunicantes desde la academia hacia el sector productivo para que las empresas del país tengan insumos frescos que los ayuden a generar innovación en productos y procesos que puedan atender las necesidades de la sociedad. 

Además de esta relación entre academia-gobierno-empresas, también hay que pensar en otras vías que ayuden a que fluya el conocimiento a los diferentes niveles de gobierno. No sólo el gobierno federal debe estar asesorado en la ciencia, tecnología e innovación, también deben participar muy decididamente los gobiernos estatales y municipales porque ellos saben cuáles son las necesidades y problemas específicos que enfrentan sus regiones y cuáles son las herramientas que requieren en cada caso.

En resumen: un sistema eficiente de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) se construye en varias etapas a lo largo del tiempo, con énfasis en formación de científicos, desarrollo de infraestructura y construcción de vasos comunicantes.

— ¿Qué le falta o qué falla en México para tener un sistema así?

— Nosotros tenemos un sistema con desigualdades y limitaciones importantes. El número de investigadores no es muy pequeño comparado con el tamaño de la población; apenas somos decenas de miles, en un país de 126 millones de habitantes. Tenemos gente de muy alto calibre, pero es definitivamente muy poca. En segundo lugar, la infraestructura que se necesita es cara y se tiene que renovar constantemente. Eso no es posible en nuestro país, entonces la infraestructura que tenemos no está acorde con las necesidades y tenemos que depender mucho del exterior. Adicionalmente tenemos dificultades para transmitir el nuevo conocimiento a la sociedad.

— ¿Dependemos mucho del exterior?

— Sí, sobre todo en lo que tiene que ver con cómputo, inteligencia artificial, tecnologías para investigación en ciencias físicas, naturales y de la salud, en telecomunicaciones y otras áreas donde el desarrollo tecnológico ha sido difícil dentro del país. Además, hay que aclarar que si el desarrollo tecnológico ha sido difícil, donde se necesitan cuadros de buenos científicos y tecnólogos, más compleja ha sido la innovación porque para innovar se necesitan cuadros de buenos científicos, tecnólogos y empresarios. 

— ¿A los empresarios mexicanos no les interesa invertir en innovación? 

— Creo que ese es el punto más débil de nuestro sistema de CTI. Se ha tratado de desarrollar un sistema de innovación en años recientes, pero no ha terminado de cuajar. 

Pocas empresas mexicanas dedican tiempo y esfuerzo a diseñar y construir soluciones innovadoras. Si uno observa, la planta productiva mexicana suele enfocarse en las etapas de fabricación y comercialización. Pocas empresas hacen inversiones de riesgo en busca de nuevos productos y soluciones que les de ventajas competitivas. La mayoría adopta procesos o productos que ya funcionaron. Sí hay empresas innovadoras, pero nuevamente hay que decir que son pocas. 

— ¿Y el gobierno sí ha entendido que la inversión en ciencia es de riesgo y que no es tan simple como “pongo dinero y generé una solución”?

— En México tenemos un problema que es urgente solucionar: la filosofía sexenal. Esta visión ha sido mala a todas luces, sobre todo para esfuerzos que rinden frutos a mediano y largo plazo, como la investigación científica y el desarrollo tecnológico. En las diferentes administraciones de México se privilegian los proyectos de corto plazo y, con muchas dificultades, se apoyan muy pocos proyectos de largo plazo. 

A esto hay que agregar el problema histórico de que la inversión en CTI es muy pobre; en los últimos 50 años no ha rebasado el 0.55 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Esto nos va dejando rezagados frente a países con economías que fueron más débiles, como Corea del Sur o Israel, pero que ahora nos han rebasado porque han invertido hasta 4 por ciento de su PIB en ciencia y desarrollo. Ni que decir de las economías dominantes. 

Un vistazo rápido nos muestra que, en comparación con esos países, no hemos logrado generar los capacidades competitivas y nuestra industria está más en el campo de la maquila con escasos componentes de alta tecnología. 

— ¿Hay lecciones que ya debíamos aprender?

— Hay varias enseñanzas que como sociedad debemos aprender, por ejemplo de la pandemia. 

Recordemos que, exceptuando a los sectores vitales, el mundo casi se detuvo durante varios meses por el impacto de los contagios y la mortalidad en todos los estratos sociales y económicos. Después, gracias a la tecnología, las cosas comenzaron a fluir de manera virtual mostrando el poder del cómputo, las telecomunicaciones, la inteligencia artificial y todas las tecnologías asociadas. 

A la par, la investigación en salud mostró su poderío cuando, en menos de un año, los grupos de científicos y médicos, pudieron encontrar, no sólo la estructura del coronavirus responsable sino que generaron soluciones exitosas para vacunas, que entregaron en un tiempo fantásticamente corto. Además se produjeron masivamente y se están aplicando con gran velocidad. Aquí hay que subrayar que este desarrollo exitoso se logró gracias a que se vincularon la ciencia, los gobiernos y la industria. 

Este es un ejemplo de que la ciencia puede ayudar a contender con los problemas sociales y es una enseñanza de vinculación que no debemos desperdiciar. 

— El actual gobierno de México subraya mucho la idea de que la ciencia debe resolver problemas sociales ¿Es esa su responsabilidad?

— El conocimiento es una herramienta muy poderosa, pero sin vinculación la herramienta no llega a donde se requiere. Además hay que desarrollar más conocimi entos en áreas que tengan impacto social. Eso lo venimos diciendo desde hace varios años, no es un planteamiento nuevo. Pero ese no es el único fin de la ciencia, yo creo que se necesita apoyar a los grupos que hacen investigación básica para tener conocimientos y herramientas nuevas, y sin duda se requiere trabajar más en vinculación. 

Se necesita que fluya más rápido y eficientemente el conocimiento y por eso recomiendo que las Secretarías de Estado y las Cámaras Legislativas tengan grupos de personas calificadas que entiendan loa avances de las ciencias y las soluciones que puede generar de ellas. Imagínense lo que lograríamos si tenemos grupos de expertos aplicando el conocimiento en los problemas nacionales de salud, energía, agua, alimentación, agricultura, medio ambiente, transporte, comunicaciones, trabajo etc. Estos cuerpos científicos generarían grandes cambios. 

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