Opinión


México quiere democracia

México quiere democracia | La Crónica de Hoy

Por muchos decenios los mexicanos añoraban vivir en democracia, querían tener la satisfacción de elegir a sus gobernantes en elecciones legales y transparentes, pero fue hasta el año 2000 cuando se vivió esa experiencia.

En la pasada elección la democracia ya se vivió más plena; el Presidente fue electo por una mayoría muy significativa y, por primera vez en la historia moderna de México, no hubo conflicto electoral, el candidato ganador fue reconocido sin discusiones.

Llevamos ya varios meses viviendo con el nuevo gobierno del Presidente ganador y con frecuencia nos sorprenden sus comportamientos y decisiones, pero vivimos en democracia y conviene fijarnos en lo positivo.

El Plan Nacional de Desarrollo nos dice en la página nueve: “Nada al margen de la ley; por encima de la ley, nadie” y cierra el párrafo con otra frase determinante: “fin de los privilegios ante la ley y cese de los fueros”.

Esto es lo que siempre hemos deseado los mexicanos, vivir en un estado de derecho. Esperamos que sea una realidad permanente.

Una promesa que sí sería bueno para el país que no la cumpliera, es la que hizo al Sindicato Magisterial, de devolverle el control y la nómina de las plazas de los maestros, es tan ilógica y absurda esta concesión que no hay manera de justificarla. La ley secundaria nos lo aclarará.

El Plan Nacional de Desarrollo no tiene la especificación de las políticas públicas ni el detalle de los planes de desarrollo en las distintas áreas, es más bien una declaración de principios, una expresión de buenos propósitos y de lo que está mal y habrá que cambiarlo. Esperamos que se lleguen a alcanzar esos propósitos.

Hay un párrafo titulado “DEMOCRACIA SIGNIFICA EL PODER DEL PUEBLO”, y para socializar el poder político e involucrar a la sociedad en las grandes decisiones nacionales propone mecanismos como la Consulta Popular o Ciudadana, y las Asambleas Comunitarias como instancias efectivas de participación, porque el pueblo es el que decide.

En una entrevista celebrada antes de que se publicara el Plan Nacional de Desarrollo se le dijo que el Poder Legislativo es la representación del pueblo y que en la consulta la decisión es sí o no y en el Congreso habría discusión y análisis para tomar la mejor decisión. Esto plantea la disyuntiva de dos democracias, la del mandato participativo que se sustenta en el sí o no polarizado de los ciudadanos; y la representativa, que se sustenta en la deliberación plural del Congreso. Sería deseable que se respetaran las funciones del Congreso.

En el capítulo de Seguridad, en el número 4 señala como objetivo y estrategia: “La Regeneración Ética de las Instituciones y de la Sociedad.—La crisis de valores y de convivencia que constituye uno de los componentes del estallido de la violencia y criminalidad, se origina en buena medida en el resentimiento social a causa de la pobreza, la marginación, la negación regular de derechos básicos y la falta de horizontes de realización”.

En este punto se expresa cuál es el propósito presidencial, que en general es el de cambiar el comportamiento de las personas para que obren bien “por medio de una regeneración ética que se dará con el ejemplo de un gobierno austero, honesto, transparente, incluyente, respetuoso de las libertades y apegado a derecho, sensible a las necesidades de los más débiles y vulnerables y pendientes en todo momento del interés superior”.

Se puede concluir que todo el gobierno va a tener un comportamiento ejemplar, y los ciudadanos al ver ese ejemplo corregirán sus malos comportamientos. Pero mientras esto sucede se requerirá sancionar con la ley a las conductas indeseables.

 

María E. Álvarez de Vicencio
Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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