Metrópoli


Mil días para volver al hogar

No hubo simulacro, pero la memoria colectiva, conformada por las historias individuales, nos llaman a seguir conscientes de que vivimos en zona sísmica

Mil días para volver al hogar | La Crónica de Hoy

Foto Alberto García

"La última vez estuve dentro de mi departamento, en el piso 12, entre el espacio abierto de los muros podía ver el vacío hacia la calle”, comenta José Luis quien después de tres años de refugiarse en albergues al fin puede volver a casa.

El edificio Osa Mayor había quedado prácticamente partido en dos por dentro tras el sismo del 19 de septiembre del 2017, cientos de familias quedaron a la deriva mientras que otras solo pudieron ver como este terremoto les arrebataba todo lo que tenían.

Para José Luis y su esposa un matrimonio de la tercera edad el miedo llegó días antes, con el primer temblor ocurrido la noche del 7 de septiembre, cuando vieron quebrar las escaleras y los muros, pero aún pensaban que la construcción de casi 50 años de antigüedad era un sitio seguro para vivir.

“Pensamos que se trataba de algo leve, no nos dimos cuenta del verdadero daño que había sufrido el edificio, es por eso que decidimos permanecer en el departamento”, narra José Luis.

Aunque los inquilinos de dicho edifico pensaban que lo peor ya había pasado, la realidad es que la situación estaba próxima a empeorar, fue la tarde del 19 de septiembre que el segundo sismo de 7.1 grados dejó claro el peligro al que se exponían los residentes de la Osa Mayor.

“De repente de un día para otro nos quedamos sin casa, sin más alternativa y al igual que cientos de vecinos, tuvimos que buscar resguardo en un campamento improvisado que se colocó en la colonia”

Fue así que para el matrimonio comenzó una lucha de sobrevivencia, tocaron todas las puertas en busca de apoyo, pidieron ayuda a todas las dependencias de gobierno aun que la lucha fue inútil.

En entrevista José Luis contó que lo más difícil de haber perdido todo, fue la poca sensibilidad por parte de las personas, pues asegura que en los momentos más críticos muchos de sus amigos e incluso instituciones le dieron la espalada.

“Pasamos alrededor de cuatro meses deambulando de albergue en albergue, pase de tener una cama propia a dormir en un catre rígido, mientras tanto las autoridades no nos daban una respuesta clara”

Para los damnificados de la Osa Mayor volver a la normalidad fue una tarea difícil, pues primero tuvieron que hacer hasta lo imposible para que demolieran las ruinas de lo que una vez fue su hogar.

“Lo más difícil de todo fue ver como nuestro patrimonio se convertía en tierra y polvo, nadie nos daba un hogar después de lo que pasaría, fue gracias al apoyo que el Instituto de Vivienda (INVI) nos brindo con lo que pudimos sobrevivir”

Gracias al apoyo recibido por la institución, José Luis y su esposa pudieron rentar un pequeño departamento en las afueras de la ciudad.

Tres años después, el feliz matrimonio recorre su departamento vacío que se encuentra en obra. Aun que aún faltan algunos detalles para poder ser entregado, José Luis y su esposa se mantiene entusiastas y espera que el próximo año puedan regresar, sin embargo, aún no hay una fecha segura para la entrega del edificio.

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