Opinión


Mis libros de 2019 (I): La lectura y la sospecha de Armando González Torres

 Mis libros de 2019 (I): La lectura y la sospecha de Armando González Torres | La Crónica de Hoy

El tiempo, dijo Octavio Paz casi al final de su vida, es el personaje invisible con el que hablamos todos los días, nuestro interlocutor natural. Podemos decir también, siguiendo sus palabras, que la lectura es una de las formas en la que dialogamos con el tiempo. Los libros son nuestros otros interlocutores naturales, cada página que leemos está inscrita sobre un plano que convoca, que desafía y que irrumpe en el tiempo.

Por ello he querido comenzar este nuevo año haciendo un recuento depurado de mis lecturas del 2019, es decir, de los libros que mejor me ayudaron a dialogar con el tiempo, a convivir con él, a transitarlo.

           Si he de elegir el libro de un autor mexicano que encabezó mis hallazgos y mis paseos como lector en 2019, me quedo con el breve volumen de ensayos que Armando González Torres publicó a mitad del año en la editorial Cal y Arena con el título La lectura y la sospecha, ensayos sobre creatividad y vida intelectual.

           Por sobre todas las cosas reivindico de este libro a la prosa. Al reencuentro cabal que la ya extensa obra ensayística de Armando González representa entre la palabra, el estilo libre, la imaginación verbal, la disertación documentada y el desfile ordenado de las ideas, es decir, a los elementos esenciales que conforman al ensayo literario en su sentido más estricto y depurado, y que lo hacen ser el centauro de los géneros literarios.

           Teniendo México una tradición secular notable en el género del ensayo, las tendencias y deformaciones del mercado editorial lo han desplazado de la centralidad que ocupa en nuestra producción literaria. La narrativa –un territorio donde persiste la producción apresurada y en serie- y en especial la novela -que satura la mesa de novedades y los reflectores de los premios y las ferias- parecería obnubilar la persistencia, la solidez y la salud de la que goza en México el ensayo literario.

No hay ensayo sin prosa y no hay prosa ensayística sin una voz, un estilo autoral y un universo temático propios. Como tampoco hay ensayo literario sin una obsesión que lo alimente.  El conjunto de breves textos que conforman las menos de 200 páginas de La lectura y la sospecha, circulan alrededor de los temas sobre los que González Torres ha regresado una y otra vez en su obra ensayística: una suerte de deontología de la vocación intelectual (sus rigores y sus excesos, sus mitologías y sus trampas); un paseo vivencial y libresco por los laberintos, los sótanos y los paraísos de la creación artística y por las geografías culturales sobre los que se asientan y edifican los usos y costumbres del gremio.

Este volumen tiene como hilo conductor la reflexión sobre el acto creativo y como telón de fondo las observaciones críticas  del autor sobre el contexto cultural e institucional en el que descansa el impulso de la creación artística.

Circulan y se publican en México diversidad de títulos con textos en prosa que navegan en un mar ambiguo entre el artículo especializado, la crítica literaria y hermenéutica, la tesis doctoral o el texto de divulgación, pero son pocos los libros que califican en sentido estricto como un volumen de ensayos, es decir, como artefactos de filigrana verbal, libre y erudita, en la mejor tradición de Alfonso Reyes, de Octavio Paz, o de Gabriel Zaid. Armando González Torres es un heredero de esta tradición.

“La idea de esta recopilación de ensayos –nos dice al comienzo- es sugerir que la vida creativa o intelectual es una prolongación de la vida espiritual, pero que también está indisolublemente ligada al entorno material, a los incentivos institucionales y a los usos y costumbres de las comunidades artísticas (…). El libro comienza con algunas reflexiones, especulaciones y dramatizaciones sobre la actividad creativa, su génesis y los hábitos que la estimulan o la obstaculizan. El segundo capítulo contiene una parodia de diversas deformaciones y anomalías del acto creativo, como la esterilidad, la elección vocacional equivocada, o la propensión al robo y al plagio. El tercer capítulo, contiene algunas reflexiones sobre el entorno del mercado y los incentivos institucionales que rodean el arte y que influyen en su creación y recepción”.

En la prosa libérrima y bien atemperada de un autor que domina en toda forma el arte del ensayo, algo hay de autobiográfico y de confesional, pero también algo de fabulación y de paródico. Describen sus alegatos en prosa una suerte de genuflexión erudita y mordaz frente al templo desacralizado de la creación contemporánea, frente a sus santones, sus demiurgos y sus demonios. 

“El prodigio del arte –escribe González Torres- transcurre entre la planeación racional y la intuición general, entre el esfuerzo sostenido y la espontaneidad festiva, entre la necesidad y la contingencia. (…) El accidente (de la creación) no es tan accidental y hay que esperarlo con el overol bien puesto, ya que lo más frecuente es que surja después de mucho tiempo de acumulación de materiales, de una larga incubación en el subconsciente. El gran arte no puede ser sólo improvisación y se requiere de un plan mínimo, de una hoja de navegación”. Esta descripción del acto creativo me parece que al mismo tiempo se nos presenta como una radiografía de nuestro ensayista.

“La capacidad para actividad y mantener el flujo creativo, para encausarlo de manera fecunda y compleja y para hacerlo gobernar nuestros actos es una manera de encauzar la creatividad en favor de la felicidad”.

Este conjunto de ensayos son de algún modo un alegato sobre la felicidad de la creación y por lo tanto su lectura en el año que recién concluye me deparó a su vez un encuentro con esa otra forma de la felicidad que es la lectura de lo que deslumbra, alienta y edifica.

 

edbermejo@yahoo.com.mx

Twitter: @edbermejo

 

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