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Multinacionales irrumpen en la carrera espacial

Incluyente. La nueva era espacial no es motivada por la carrera militar ni es una demostración de poder de dos naciones, sino que su dinamismo reside en la participación de la iniciativa privada y de esfuerzos multinacionales. A 50 años de la llegada del hombre a la Luna, Crónica relata algunas de las características de esta nueva carrera espacial, explicada por el astrónomo José Franco y por el divulgador Raúl Alva

Multinacionales irrumpen en la carrera espacial | La Crónica de Hoy

Después de algunos reveses, en febrero de 2018 la compañía ­SpaceX, elevó por los cielos del Centro Espacial Kennedy el cohete Falcon Heavy, un titán compuesto de tres poderosos cohetes los cuales no sólo pusieron en órbita a un Starman montado en un bello Tesla rojo, sino que además regresaron a Tierra en una coreografía ingenieril sin precedente, propia de un fino relato de ciencia ficción.

La hazaña fue posible a la visión del excéntrico Elon Musk, quien conjuntó a las mentes más destacadas para lograrlo. Será el Falcon Heavy, dijo, el cohete que pondrá en órbita a la humanidad no sólo para viajar de regreso a la Luna, sino llegar hasta Marte.

Cincuenta años después de que Neil Armstrong y Buzz Aldrin pisaron la Luna, los motivos, la tecnología y los actores que han emprendido una nueva carrera espacial son distintos a los de la Guerra Fría. Ahora hay más participantes y una cooperación internacional de agencias espaciales, pero también esfuerzos individuales para mostrar su poder ante los demás, como China. Todos los avances y posteriores alcances provienen de la misma historia, si el ser humano llega a Marte en 20 o 30 años, también serán producto de ésta.

“Es difícil poner un inicio al desarrollo espacial, puesto que hay muchos elementos que entran en juego, como los cohetes”, señala José Franco, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM y expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), quien recientemente publicó Alunizaje (Turner). “En este caso, a finales del siglo XVII, los ingleses lograron hacer de ellos un arma eficaz e importante; por otra parte, en el siglo XIX los estadunidenses y los soviéticos trabajaban en los principios de la aeronáutica”.

Sin embargo, un momento importante fue el desarrollo de los cohetes de Wernher von Braun para la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, relata. “Con éstos bombardearon Inglaterra y pensaban dominar todo el mundo. Les hubiera encantado poner una bomba atómica en estos cohetes”.

Al término del conflicto bélico, uno de los trofeos de guerra más apreciados eran los ingenieros en aeronáutica alemanes. Estados Unidos se llevó a Von Braun y a todo su equipo, mientras los soviéticos se llevaron a otro grupo para que trabajara con Serguéi Koroliov, y así desarrollar sus primeros misiles estratégicos.

En la Guerra Fría, en vez de poner cargas explosivas se implementaron sondas y satélites, en una era que inició con la puesta en órbita del Sputnik, en 1957, y siguió con los viajes orbitales de Yuri Gagarin y otros humanos pioneros, hasta ser coronado por el alunizaje del Apolo 11.

UNA NUEVA CARRERA. Los inicios de la tecnología y la era espacial arrancaron con lentitud, como suele ocurrir en campos pioneros de la ciencia; sin embargo, se espera que después de ello se acumule y dispare. “Así ocurrió con la física de Galileo y Newton, que creció exponencialmente en los siglos XIX y XX”, señala Raúl Alva profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), y divulgador de la ciencia experto en ciencias espaciales.

De forma similar, la tecnología espacial inició lento, con muchos ensayos y errores, pero entre 1957 y 1961 hubo un fuerte impulso, plataforma para el reto de llegar a la Luna en 1969. Sin embargo, dice el académico, después del clímax y finalización del programa Apolo (1972), la carrera se desaceleró hasta 1981.

En la década de los ochenta, el programa espacial soviético culminó con la puesta en órbita de la estación espacial MIR, con antecedentes de programas como el Salyut. La década de los 90 sería la de los transbordadores espaciales y la cooperación mundial con la Estación Espacial Internacional. A lo largo de este periodo, apunta Alva, se desarrolló la tecnología y exploración robótica en vez de las misiones tripuladas, las cuales son las que representan a la humanidad en Marte y más allá. Todo esto dejó mucho aprendizaje para desarrollar tecnología aplicada a la medicina, las telecomunicaciones, nuevos materiales, agrega.

“¿Cómo estamos ahora? Hemos pasado de una competencia militar y hegemónica a una colaboración internacional; a la par,  las empresas privadas, que antes eran sólo colaboradoras, ahora son quienes están poniendo los satélites y explotando la órbita baja de la Tierra”.

Empresas como SpaceX y Virgin Galactic encabezan esta nueva era, y si bien el conocimiento como el de la cohetería en el siglo XX fue estratégico y militar, apunta por su parte Franco, ahora ya no es exclusivo. “Por eso, las compañías privadas han comenzado a desarrollar sus propios satélites y han logrado cosas tan impresionantes como los cohetes de SpaceX, y que a su vez abaratan las misiones espaciales, puesto que ahora se pueden reutilizar”.

En esta tesitura, añade, las compañías han puesto en marcha una carrera espacial privada, compitiendo unas con otras para obtener las mejores soluciones y tecnología. “Primero tuvimos una carrera espacial dinamizada por la Guerra Fría; ahora será por las empresas que generen los proyectos que se vuelvan hegemónicos”.

Los intereses privados no terminan ahí, acota Raúl Alva, puesto que EU, China e India ya han mostrado interés en hacer minería, pero existen otras áreas de inversión, como el uso de tecnología espacial para el estudio de la Tierra, las telecomunicaciones y el turismo espacial. Esto trae consigo problemas legales que tienen antecedente desde la década de los sesenta con el uso pacífico del espacio y el llamado “derecho espacial”.

México podría participar en esta nueva era espacial, buscando resolver necesidades del mercado en áreas como las telecomunicaciones, señala Franco. La industria de los microsatélites requerirá de bases de lanzamiento, que el país podría desarrollar junto con estados del sur de EU. “Pero para ello se necesita visión e inversión y, para como están las cosas en el país, se ve complicado”, puntualiza el astrónomo.

El científico enfatiza que no se debe desdeñar que el desarrollo espacial ha dado una gran cantidad de insumos benéficos para la sociedad y, aunque hay consecuencias no deseadas, como la basura espacial, éstos han hecho la vida  cotidiana más ágil. “Los beneficios han sido muchos”.

La nueva era espacial seguirá y se vincula con su antecesora hacia nuevos horizontes en Tierra y fuera de ella. Los cohetes V2 de Von Braun fueron los padres del Saturno V que impulsó las misiones Apolo, recuerda Franco. Ahora, el Falcon Heavy, y otras tecnologías más forman parte de esa ascendencia terrestre en busca del espacio.

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