Cultura


Mural de Orozco sigue sin restauración después del 19S

Reportaje. Apocalipsis, pintado en la bóveda del Templo Jesús Nazareno —también con daños—, ubicado a unas cuadras del metro Pino Suárez, es considerado el último mural que el artista pintó en la Ciudad de México. Abarca una parte del techo y ventanales, mismo que carece de cédula informativa que oriente a los visitantes; quién fue el autor, el nombre de la obra…

Mural de Orozco sigue sin restauración después del 19S  | La Crónica de Hoy

Desprendimientos de pintura y grietas son los daños que a simple vista presenta el mural Apocalipsis que el pintor José Clemente Orozco (1883-1949) realizó en la bóveda del Templo Jesús Nazareno, ubicado a unas cuadras del metro Pino Suárez y considerado el último mural que el artista pintó en la Ciudad de México.

Crónica visitó el templo que se localiza en República del Salvador 119, esquina Pino Suárez, Centro Histórico de la Ciudad de México, alcaldía Cuauhtémoc, y además de los daños que tiene el fresco, se pudo percatar que el inmueble presenta afectaciones por los sismos de septiembre de 2017.

A pesar de las peticiones de las autoridades religiosas, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) no han atendido la preservación del templo catalogado como monumento histórico por ser el sitio contiguo donde Hernán Cortés y Moctezuma se reunieron por primera vez hace 500 años, en donde yacen los restos del conquistador español y donde José Clemente Orozco plasmó su visión de la Segunda Guerra Mundial hace 75 años.

“Al mural nosotros no le podemos tocar nada. Para eso el INBA tiene un proyecto pero se tarda en ejecutarlo. Ya vinieron unas personas e hicieron una valoración, nada más que la respuesta fue que el templo no está catalogado en situación de peligro como lo están otras iglesias”, comenta el sacerdote Arturo Pérez.  

¿Qué iglesias sí están en peligro?, se le pregunta. “La Iglesia de la Santa Veracruz (ubicada en la calle 2 de abril, colonia Guerrero), la parroquia Nuestra Señora de los Ángeles (ubicada en Lerdo 178, colonia Guerrero), ambas están cerradas y también la Iglesia de Loreto (San Ildefonso 80, Centro Histórico de la Ciudad de México). En esas iglesias nos dijeron que sí habría atención”, responde.

¿Tiene daño estructural esta iglesia?, se le consulta. “Daño estructural hay, pero que haya peligro dicen que no”, indica. Arturo Pérez narra que hace un mes envió un escrito al INBA para solicitar la restauración de la iglesia, pero no ha obtenido respuesta.

“Hay un escrito que no nos han respondido, lo que queremos es restaurar y resanar pero no me respondieron, me dijeron que volviera a ir para que platicara con una arquitecta pero si ya metí el oficio ¿qué más quieren platicar?, yo sólo quiero el permiso para hacer el aplanado, resanar y pintar”, comenta.

LA GUERRA EN UNA BÓVEDA.  José Clemente Orozco fue el menos ideólogo de los muralistas. Así lo expresa Juan Villoro en el texto Viaje a Orozco. Vocación de incendio publicado en 2009 en la Revista de la Universidad de México; el autor indica que “a diferencia de Rivera o Siqueiros, (Orozco) no puso sus pinceles al servicio de un dogma. Con seca franqueza muestra su repudio por los héroes”.

Esa visión, añade el también Premio Crónica, hizo que Orozco se aventurara a pintar en la Iglesia de Jesús Nazareno, donde Hernán Cortés está enterrado.

“Junto al templo se encuentra el Hospital de Jesús, fundado por el conquistador en 1524, en el sitio donde se reunió por primera vez con Moctezuma. Se trata del hospital más antiguo del continente americano”, escribe Villoro.

Ahí, entre 1942 y 1944, Orozco pintó Apocalipsis, un mural que abarca una parte del techo y ventanales, mismo que carece de cédula informativa que oriente a los visitantes acerca de quién fue el autor, el nombre de la obra, el año en que se hizo y la técnica usada.

“Dicen que el muralista pintó más pero después lo borró, no lo puedo asegurar pero eso es lo que se cuenta”, comenta un trabajador de la iglesia. ¿Hacen visitas guiadas?, se le pregunta. “No, tenemos nuestro folleto donde contamos la historia de la iglesia y mencionamos la existencia del mural”, responde.

Juan Villoro escribe que Orozco, “fiel a su estilo, no respetó las sugerencias del ambiente. Si en otros muros había unido al conquistador y al indio, en ese sitio de reconciliación escogió el tema del Apocalipsis de san Juan, con complejas alusiones a la destrucción moderna traída por el nazismo”.

¿Qué le interesa a Orozco en la historia?, añade Villoro, “La encrucijada, la mezcla convulsa. No es casual que sus periodos predilectos fueran la Conquista y la Revolución y, en el plano ultraterreno, el Apocalipsis y los mitos de Prometeo y Quetzalcóatl”.

Apocalipsis es un fresco que pintó Orozco después de vivir en Estados Unidos y de ver los resultados de la Segunda Guerra Mundial. “Regresó a la Ciudad de México en 1934, trabajó en la Escuela Normal de Maestros y en la capilla del Templo de Jesús Nazareno, ahí está Apocalipsis, mural de su última etapa”, aclara en entrevista Jonatan Chávez, coordinador de voluntariado y servicios al público del Antiguo Colegio de San Ildefonso.

El experto en la obra de Orozco destaca que Apocalipsis es un preludio de lo que estaba sucediendo con el fin de la Segunda Guerra Mundial.

“La temática es muy contundente, él quiso trasmitir esa destrucción del hombre. Además, hacer la intervención de la capilla era un trabajo que emulaba las líneas de lo que en algún momento Miguel Ángel hizo en la Capilla Sixtina: la idea de la creación y el juicio final, ésa era la idea pero lo que Orozco hizo fue iniciar un trabajo sobre el caos, sobre el apocalipsis”, indica.

OROZCO EN LA CDMX. El edificio de la Ciudad de México que conserva en sus paredes el mayor número de murales de José Clemente Orozco es el Antiguo Colegio de San Ildefonso, ubicado en Justo Sierra 16, Centro Histórico.

Durante un recorrido por el museo, Jonatan Chávez, coordinador de voluntariado y servicios al público, explica que Orozco trabajó ahí durante dos periodos, a petición de José Vasconcelos: de 1922 a 1924 y de 1926 a 1927: los frescos que se aprecian en los tres niveles del inmueble suman 24.

“1922 y 1923 son los años en que realizó una serie de murales que ya no están porque los reemplazó. Interrumpió su trabajo pictórico en 1925 derivado de cuestionamientos, confrontaciones con los estudiantes y con las mismas autoridades de la preparatoria. Después, regresó de 1926 a 1927 e intervino el segundo nivel de San Ildefonso hasta que tomó la decisión de vivir en Estados Unidos”, precisa.

Sobre los murales que destruyó Orozco, el experto señala que sus temáticas eran humanistas, hacían alusión a los dones que el hombre recibe de la naturaleza. De esas obras, la única que decidió preservar fue Maternidad.

“Desde sus primeros trabajos Orozco fue un personaje que causó controversias. En Maternidad aparece esta mujer desnuda que muchos pensaron era la virgen desnuda cargando a un niño, lo cual para los años 20 resultó un escándalo”, platica.

Otro elemento que el pintor mexicano conservó de esos primeros murales, fue el rostro de Jesús que pertenecía al fresco Jesús destruyendo su cruz.

“Dejó la cara de un hombre harto, ¿harto de qué? Si lo vemos desde la acepción de la figura del Cristo mesiánico bíblico, Cristo es un hombre que llegó a salvar al mundo a través de su sangre. La reflexión es que ningún sacrificio por el ser humano sirve, porque no cambian, la gente sigue siendo avariciosa, pretenciosa, brutal”, explica.

Jonatan Chávez indica que encima del mural Jesús destruyendo su cruz, Orozco pintó La huelga donde plasma el rostro hierático de los huelguistas. “Son los rostros de cuando tenemos mucho entusiasmo por querer cambiar algo pero no funciona y todo sigue igual. Con esto podemos entender el contexto de los 20 del siglo pasado, un México convulsionado, postrevolucionario, un México que está en la algidez política”, señala.

Uno de los puntos neurálgicos en la obra de Orozco, opina el coordinador, son los actos humanos. “No critica sectores, critica situaciones en las cuales están implícitos los sectores. Orozco es un artista que, siendo su trabajo figurativo, tiene una carga de abstraccionismo muy contundente que te invita a leerlo. Otro elemento es que su obra es atemporal al abordar la condición humana”.

Destrucción del viejo orden y La trinchera son otros dos frescos que se ubican en San Ildefonso en los que aparecen hombres anónimos, muertos pero observando su pasado.

“Los libros de historia los escriben quienes ganaron pero aquellos que estuvieron en el campo de batalla y perdieron la vida no aparecen, Orozco rinde homenaje a esos personajes. Sin embargo, no tienen rostro porque es la propia situación la que te lleva a dimensionar que algo estamos haciendo mal al ocasionar muerte y dolor”, indica.

En los siguientes murales, la pincelada de Orozco se transforma más dinámica y satírica. Al respecto, Juan Villoro escribe que influenciado por José Guadalupe Posada, Orozco “conservó el pulso del caricaturista, no para causar un efecto cómico, sino para mostrar las incoherencias de la historia”.

“El conflicto es su alimento. Esto atañe tanto a los temas tratados como al sitio donde son expuestos. En la Suprema Corte de Justicia se burla de las limitaciones de la ley, en el Palacio de Gobierno de Guadalajara retrata el grotesco ‘carnaval de las ideologías’, en la Iglesia de Jesús alude a la Segunda Guerra Mundial, en la New School of Social Research de Nueva York pinta a Lenin, en Dartmouth College representa la ‘educación moderna’ como el estéril parto de un esqueleto”, sentencia.

Ejemplo de ello, comenta Jonatan Chávez son los murales Basura social y La ley y la justicia. “En el primero, Orozco reúne la historia y los símbolos de la humanidad, te dice que todo lo que hemos hecho no ha servido. Aparece la esvástica, elementos romanos, el laurel de los emperadores, el báculo, las tablas de los diez mandamientos, la monarquía y siempre hay pájaros de rapiña que viven del desperdicio y mantienen el statu quo”, detalla.

Sobre el fresco La ley y la justicia, Chávez precisa que es una obra donde la justicia es ciega, tiene un ojo tapado y pese a ello, debe mantener la balanza del equilibrio para darle la razón a quien lo merece, pero Orozco la retrata borracha, bañada de sangre y maniatada por la ley.

Otro mural de San Ildefonso es Los aristócratas, el cual también fue modificado por Orozco. “Había un sacerdote obeso con alguien encima que le pegaba pero el maestro decidió borrarlo. Conservó a las mujeres mostrando una doble moral, ataviadas con vestidos que les quedan ajustados y ajenas a la pobreza, porque aparecen pisoteándola”, indica.

 

Ficha técnica del Templo Jesús Nazareno

+ Monumento histórico desde 1931.

+ Siglo o periodo: XVI.

+ Superficie total (m2): 2222.00.

+ Materiales de construcción y acabado: Piedra, Madera.

+ La obra se inició hacia 1577; la dirección y la traza estuvieron a cargo de Claudio de Arciniega, hasta su muerte en 1593. A principios del siglo XVII se encontraba en el mismo estado en que lo había dejado su autor y permaneció sin su cubierta hasta 1684.

Maternidad, 1923-1924

Destrucción del viejo orden, 1926

La trinchera, 1926

La huelga, 1924-1926

La trinidad revolucionaria, 1923-1924

El banquete de los ricos, 1923-1924

Los aristócratas, 1923-1924

Alcancía, 1923-1924

Basura social, 1923-1924

El acecho, 1923-1924

La libertad, 1923-1924

El juicio final, 1923-1924

La ley y la justicia, 1923-1924

Revolucionarios, 1926

La familia, 1926

La despedida, 1926

Trabajadores, 1926

La bendición, 1926

Sepulturero, 1926

Mujeres, 1926

Los ingenieros, 1926

Hombres que beben agua, 1926

Cortés y La Malinche, 1926

Franciscanos, 1923-1924

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