Opinión


Nada que festejar

Nada que festejar | La Crónica de Hoy

Hoy se llevará a cabo en el Zócalo de la Ciudad de México un “Informe de Actividades” del Presidente de la República para festejar un año desde su triunfo electoral. Tal actividad, que la Secretaría de Gobernación pretendía transmitir en cadena nacional, será sobre todo un acto de propaganda política, una reafirmación de la nueva hegemonía que se construye desde el poder, una exaltación al culto de la personalidad del líder y una ratificación del consenso clientelar dirigido principalmente a sus seguidores. Esta actividad será más simbólica que informativa y adoptará la forma de un “bailongo”, en palabras del Primer Mandatario.

Se festejará una realidad paralela que no se relaciona con la vida que enfrentamos todos los días. Es lo que los teóricos de la sociología denominan: “la sociedad como realidad subjetiva”.

En un país cada vez más dividido, persisten fuertes señales de una próxima recesión económica, las promesas de campaña de un crecimiento del 2% para 2019 son reducidas mensualmente por los especialistas financieros y de continuar así no se logrará el 4% ofrecido para este sexenio. A ello se suma el creciente desempleo generado por la “austeridad republicana”, cuyo objetivo es la depuración de la administración pública de miles de empleados considerados no leales, ni confiables para el gobierno.

A ello le sigue la desaparición de importantes instituciones como el Instituto Nacional del Emprendedor, el Consejo de Promoción Turística y Pro México, entre otros organismos autónomos que se encuentran amenazados. Las grandes decisiones de infraestructura se caracterizan por la improvisación y la imposición como los casos del Aeropuerto de Texcoco, la refinería de Dos Bocas o el Tren Maya.

Sin embargo, los peores indicadores del retroceso nacional se observan en el ámbito de los derechos humanos. Continúa la grave crisis de desapariciones forzadas, feminicidios, ejecuciones extrajudiciales y tortura como método de investigación policial, además de asaltos, secuestros y homicidios. Los burócratas encargados de estos problemas muestran a la primera oportunidad su incapacidad, indolencia e insensibilidad para ofrecer soluciones.

Por si no bastara, existe desprecio para las víctimas, la sociedad civil e instituciones como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, estigmatizada por el mismo Presidente como “violadora de los derechos humanos”, por la recomendación 29/2019 relativa al “Programa para Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras” y que estuvo motivada por 204 quejas presentadas por 5,340 personas agraviadas.

Resulta preocupante la creciente militarización de la vida social iniciada ayer mismo con la puesta en funciones de la Guardia Nacional, como una apuesta ideal para enfrentar los desafíos de seguridad pública, pero que en los hechos estará al servicio de las políticas de contención migratoria de Donald Trump en las fronteras de nuestro país.

Se asoma un proceso de paulatina descomposición social representado por el incremento de la desigualdad y la pobreza que aumenta en cantidad y calidad.

También destacan los retrocesos del Estado laico y el empoderamiento de las iglesias, las divagaciones sobre una Constitución Moral para México, el burdo adoctrinamiento que se realiza desde los medios públicos de comunicación, así como la escasez de recursos para la cultura, la ciencia y la tecnología en manos de iluminados y fanáticos.

La 4T representa un retroceso al de­sarrollo democrático en todos los órdenes. Entonces señor Presidente, a un año de su triunfo se impone la pregunta: ¿qué es lo que Usted propone festejar?

 

Isidro H Cisneros

isidroh.cisneros@gmail.com

Twitter: @isidrohcisneros

agitadoresdeideas.com

 

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