Opinión


Narcoborolismo

Narcoborolismo | La Crónica de Hoy

Déficit en el uso de materia pensante. En una lejana galaxia había un planeta llamado Hojaldra. Los hojaldras eran la especie viviente con más materia pensante. Aunque en honor a la verdad, este cronista de lugares remotos pudo documentar que se negaban a usarla. De ello da fe su accidentado periplo democrático.

Del chupacabrismo al pejismo. Tras un largo periodo en el que los presidentes de Hojaldra se pasaban la estafeta del poder ejecutivo causando estragos en la población, los hojaldras votaron en bloque por un proyecto llamado pejismo. Ya lo habían hecho antes pero Chacafox, un expresidente de larga lengua, evasor de impuestos y padrastro de un par de pillos, que tarde o temprano necesitarían protección, movió todos los hilos para instrumentar un fraude y una sucia campaña publicitaria para que lo sucediera Borolas, un hojaldra malencarado quien a su vez hizo lo que pudo para que terminado su periodo gobernara otro inepto: Copetes.

Hartos de la instrumentación de proyectos de planeta que tenían como fachada el progreso de Hojaldra, pero cuya finalidad respondía a un bien aceitado sistema de saqueo instrumentado desde las instituciones por corrientes iguales aunque de diferente denominación: chachalaquismo, borolismo y copetismo, los hojaldras votaron masivamente por Peje, quien enarbolaba un proyecto que a veces ni sus propios colaboradores entendían o lo llevaban a la práctica con dificultad: la Cuatro Hojaldra o 4H.

La mayoría de los intelectuales, incluidos aquellos que hacían extrañísimos negocios con los expresidentes, como la construcción de búnkeres, parecen coincidir que las corrientes presidenciales predecesoras a la 4H, incluida una llamada chuchismo que aunque diestra en el arte de la genuflexión para granjearse complicidades, nunca alcanzó la presidencia, provenían de una siniestra raíz común llamada chupacabrismo, cuyo más conspicuo representante era para muchos hojaldras la raíz moderna del mal.

El nuevo presidente prometió en campaña, gobernar sin corrupción y con el interés puesto en los hojaldras más desprotegidos. Tan pronto fue electo, dijo que le imprimiría al planeta un esquema nuevo para gobernar en el que no habría contemplaciones. Es decir, lo haría de manera diferente a las corrientes anteriores hermanadas por su afición al latrocinio. Cabe destacar que aquí hay una discusión con variados matices del que acaso retomaremos algunos para explicar un puñado de aspectos del comportamiento de aquellos habitantes.

El hecho es que mientras el presidente peroraba a la menor provocación ejercer su mandato sin deber ni temer nada, la corriente matriz y corrientes derivadas, quedaron reducidas a cenizas, aunque los pejistas de hueso duro solían añadir, sin reparar que las cenizas son materia inanimada aquí y en Hojaldra: «moralmente derrotadas».

Está oposición a la que algunos gustaban llamarla contrapeso y que organizaba marchas “ciudadanas” en un movimiento en el que chachalacos, borolistas y copetistas caminaban tomados de la mano de su servidumbre chuchista coreando consignas y reviviendo símbolos religiosos como Chucho Rey, era promovida por el expresidente Borolas.

Del borolismo al narcoborolismo. Para fines de comprensión llamaremos borolismo a todas las corrientes vencidas por la 4H, incluida la corriente matriz: el chupacabrismo. Pero si en la práctica el borolismo sucumbió con estrépito al dictamen de las urnas, en la teoría por sus vínculos con el crimen organizado se le empezó a llamar con una palabra que mejor los definía: narcoborolismo.

Tan pronto asumió el poder Peje les tumbó el negocio de robo de combustible y eso los enardeció. A muchos les congeló sus cuentas bancarias y eso los enfureció más. Después el poder judicial de Hojaldra puso tras las rejas a un puñado de pillas y pillos menores mientras otros se daban a la fuga. También fue aprehendido un narcodefensor de delincuentes de cuello blanco que gustaba salir fotografiado en eventos sociales al lado de sus clientes. Total que en menos de un año, la 4H quedó sorprendida con el tamaño del narcoborolismo al grado de que su presidente no le quería mover a menos que los hojaldras votaran en un referéndum por el enjuiciamiento a los expresidentes.

Robocop Luna. Investigaciones recientes en Pixar, planeta vecino, revelaron que el policía estrella durante el mandato de Borolas, Robocop Luna, el mismo a quien el expresidente encomendó la seguridad del planeta, era un peligroso delincuente detenido por proteger a una temible pandilla interplanetaria con la que se asoció Borolas aunque en el discurso solía fustigarla con ceño fruncido enfundado en casacas talla XL.

La protección a esta peligrosa sociedad, de la que también participaba Chacafox con sus regordetes hijastros, ocasionó un terrible baño de sangre en el planeta que con Copetes se agudizó, aunque él se asoció con otra pandilla ante la complicidad omisa de sus predecesores que nunca han dejado de perder.

Muertes, sangre, discurso hipócrita eran las constantes del narcoborolismo antes y después de la 4H. En otras palabras, ser borolista implicaba serle fiel a los principios del chachalaquismo, del propio borolismo y el copetismo más las otras corrientes que de tiempo atrás engendró el autoritario poder en Hojaldra y hacerse de la vista gorda ante el poder paralelo que promovieron los expresidentes que algunos hojaldras perdonaban y otros defendían: el narco. Los cada vez más escasos defensores del borolismo, asumían en la práctica la defensa del narcoestado que fortaleció Borolas aunque tenía ya larga data según una valiente cronista de Hojaldra amenazada de muerte por Robocop Luna.

Lo que sigue. Robocop Luna fue detenido en Píxar y el hecho puso a temblar al borolismo en su conjunto. Expertos en el uso de la doble moral se deslindaron del narcopolicía. Incluso el productor de su montaje más famoso promueve un amparo.

Sin embargo, el trancazo fue tan fuerte que al nuevo presidente no le quedará más remedio que olvidarse de sus referendos, limpiar su gabinete en el que hay narcoborolistas de toda laya y dejar de lado el doble discurso que incluso algunos de sus simpatizantes empiezan a cuestionar cada vez más. Prueba de fuego para el pejismo.

 

 

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