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Negra Navidad: La época oscura de los remakes

Negra Navidad: La época oscura de los remakes | La Crónica de Hoy

Fotos: Especial

La industria cinematográfica ha entrado en una acelerada coyuntura tecnológica que ha sido marcada por los constantes señalamientos a la supuesta “falta de creatividad”, debido a las múltiples reinterpretaciones o remakes con las que la cartelera ha sido invadida durante los últimos años.

Sin embargo, aún con la existencia de un mercado saturado de historias recicladas, la maquinaria de negocios no se detiene y entrega trabajos como Negra Navidad (Black Christmas, 2019), una película slasher que intenta establecer un discurso bañado en la moralidad de las nuevas generaciones, pero que termina dejando de lado su propia esencia inicial.

La Residencia Macabra, como fue conocida en México, fue la primera versión de esta historia de terror, teniendo su estreno en 1974. El primer remake llegó en 2006, convirtiendo a Negra Navidad (2019) en su tercera versión. Dirigida por la actriz y guionista Sophia Takal (All the Light in the Sky, 2013), el filme sigue a un grupo de mujeres pertenecientes a una fraternidad universitaria y que, paulatinamente, descubrirán secretos oscuros de dicha institución.

El empoderamiento femenino es uno de los valores agregados en esta nueva entrega, convirtiendo a las protagonistas en voceras en contra de la violencia de género, pero que olvidan en la segunda parte de la película. Riley Stone, interpretada por Imogen Poots (Fright Night, 2011), es el personaje principal sobre el cual se evidencia la disparidad tonal de un guion que no desarrolla por completo todas las inquietudes sociales que propone.

El misterio que debe ir abriéndose paso a través de los ojos de los personajes, va saltando bruscamente por diversos géneros cinematográficos tales como el thriller, terror o incluso hasta la parodia, siendo inconcluso el camino que se debe interpretar, cayendo incluso a un nivel de parodia involuntaria.

La mujer tomando sus propias decisiones y luchando por sus ideales; la disputa de los géneros por encontrar un punto de comunión e igualdad; una posible conspiración estudiantil que se remonta a muchos años atrás; o incluso fuerzas sobrenaturales que se describen en el filme, son tan solo algunos de los hilos conductores que se van dejando de lado a través de los 98 minutos en pantalla, entregando un trabajo carente de cuerpo y coherencia.

La navidad se ha convertido en un escenario relevante para esta clase de historias; basta recordar clásicos como Never Year’s Evil (1980) o Gremlins (1984) para establecer un parámetro de dirección y estructura en la confección de una historia de terror navideña.

La industria se ha olvidado de aquellas historias atrevidas y que no temían en encontrar historias, personajes o escenarios inverosímiles o casi risibles, pero que poseían una coherencia en el universo de ficción que iban tejiendo a través de sus guiones. La facilidad con la que se desempolvan clásicos o filmes medianamente populares, para ser adaptados a nuestro contexto, se ha convertido en un ejercicio casi obligado para el cine, transformando el proceso creativo en una labor de mero ensamblaje y que con el paso de los años se evidenciará en la calidad del producto final, y Negra Navidad es prueba de ello.

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