Opinión


No bastan las buenas intenciones

 No bastan las buenas intenciones | La Crónica de Hoy

Estamos a poco más de un mes de que Argentina celebre las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias de la elección presidencial (11 de agosto), ahí se ratificará lo que parece ya inevitable, la confrontación entre la coalición Juntos por el Cambio, actualmente en el gobierno, encabezada por Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto como candidato a vicepresidente, y la oposición peronista, ahora llamada Todos, que llevará como candidata a la vicepresidencia a Cristina Fernández viuda de Kirchner y como aspirante a jefe de Estado a Alberto Fernández quien, entre otras cosas, ha sido jefe de gabinete de la primera presidencia de Néstor Kirchner.

No son los únicos candidatos, hay otras siete fórmulas que ocupan distintos espacios del espectro político, desde el neo-nazi Alejandro Biondini, los conservadores Juan José Gómez Centurión y Cynthia Hotton, los libertarios José Luis Espert y Luis Rosales, los nacionalistas José Antonio Romero Ferris y Guillermo Juan Sueldo, hasta los socialistas del Frente de Izquierda Nicolás del Caño y Romina del Plá, los también socialistas del Movimiento al Socialismo Manuela Castañeira y Eduardo Mulhall, y los peronistas no kirchneristas Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey .

A pesar de la variedad de los candidatos en este momento, es casi un hecho que los únicos que tendrán posibilidades reales de llegar a la presidencial del 27 de octubre serán las parejas formadas por Macri y Pichetto y por Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernández. El resto de los candidatos podrán negociar su declinación, antes o después de la primera vuelta, en función de su capacidad para despertar interés del electorado, aunque ya se sabe que hay declinaciones casi imposibles como los del MAS o el FDI al peronismo.

Para Macri la elección no será fácil. De entrada, no queda claro por qué decidió hacer a un lado a la actual vicepresidenta, Marta Gabriela Michetti, una mujer que le acompañó en la jefatura de gobierno de Buenos Aires y, en general, una operadora política eficaz que además es la viva imagen de la lucha de muchas personas con discapacidades físicas que, a pesar de ellas, logran destacar en sus actividades profesionales. Pichetto le garantiza a Macri las simpatías de un sector del peronismo, pero no queda claro si la fractura peronista es suficientemente honda para compensar los errores que cometió en la conducción de la economía y que implicaron una nueva devaluación, el retorno de la inflación, la salida de capitales locales y la indisposición de los foráneos a invertir.

En ello va una moraleja para México: no bastan las buenas intenciones de un gobierno si se repiten errores que, en el caso de Argentina, ya habían cometido gobiernos no peronistas como el de Raúl Alfonsín en los ochenta y el de Fernando de la Rúa a finales de los noventa. La estabilidad económica debe ser el primer bloque de cualquier programa de reformas, y además de la estabilidad se requiere algún grado de crecimiento y distribución de los beneficios de ese crecimiento. No hacerlo es lo que le ha dado nueva vida a Cristina Fernández, aunque sea sólo como candidata a la vicepresidencia, cargo que ya ocupó durante los ocho años de la presidencia de su marido. Además de la estabilidad, Macri tuvo problemas para mantener la coalición que lo llevó a la Casa Rosada en 2015. En varias elecciones locales, el Partido Radical fue por su cuenta separado del Pro, la Propuesta Republicana de Macri y, gracias a ello, perdieron gubernaturas.

Ojalá Argentina no se equivoque como lo hizo Brasil apenas el año pasado y elijan lo que sea verdaderamente mejor para ellos.

 

Manuel Gómez Granados

manuelggranados@gmail.com

 

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