Opinión


No crucifiquen a Philip Rivers

No crucifiquen a Philip Rivers | La Crónica de Hoy

Ya está de más señalar que el juego de lunes por la noche en el Estadio Azteca cumplió con las expectativas, después de todo, no por nada se definió hasta los últimos segundos, sin embargo parece que la prensa se ha ensañado con Philip Rivers, el quarterback de estos pobres nómadas llamados Cargadores, un equipo que actualmente carece de identidad desde que fueron sacados, sustraídos o podría decirse hasta abducidos de su ciudad natural: San Diego.

La noche del lunes se supone que fueron el cuadro local en México, y sin embargo la mayoría coreaba las jugadas de Patrick Mahomes y los Jefes de Kansas City.

No pocas veces, y desde el inicio del juego, el mismo Rivers fue abucheado sin razón alguna, y me refiero a mucho antes de sus cuatro intercepciones.

Así, mientras trataba de entender esa saña contra Rivers y su equipo, me preguntaba qué podría sentir un jugador en especial y todo un conjunto que fueron mudados a la fuerza de San Diego a Los Angeles. Y que en el colmo de sus males, fueran a jugar a un país (México) en donde se supone serían bien recibidos por su gente, pues no hay que olvidar que mucha de la afición que los seguía en el Qualcom Stadium de la ciudad californiana eran mexicanos.

Y por si esa inhóspita reacción de la afición capitalina fuese poco, las cuatro intercepciones a Rivers terminaron por ser la madera con la que los medios y la gente han comenzado a hacer su cruz para colgarlo.

Sabemos que un comentario se vuelve tendencia y por ahí se van todos como fórmula para no errar, aun así ¿quién se ha puesto a analizar diferentes variantes de las estadísticas de ambos mariscales en el Azteca la noche del lunes?

Crucifican a Rivers por la cuatro intercepciones y haber completado sólo 28 de 52 pases, es decir un 53 por ciento de efectividad, pero quién ha volteado a mirar los números de Mahomes, quien completó apenas el 59 por ciento al conectar sólo 19 de 32.

Y si comparamos las estadísticas de ambos nos habla de que Kansas City envió menos jugadas aéreas porque es un equipo con un plan de juego más balanceado, no así Los Angeles, que exprimió el juego por aire, y eso no es culpa de Rivers.

Es verdad, fueron cuatro entregas de balón de su parte, ¿pero qué hay detrás de estas? El peso de un equipo sobre los hombros de un mariscal por el plan de juego establecido por su staff de coacheo, no por él, lo que lo llevó en más de una ocasión a forzar pases. Y si se trata de ser más puntillosos, basta con decir que la segunda intercepción en la línea de golpeo fue derivada de un golpe que le zafó el balón, más no envío de él. Y de la última, la desesperación absoluta de un tipo que sabe que ya todo depende de su brazo, después de todo no hay que pasar por alto que fueron sus envíos los que llevaron a la ofensiva de los Cargadores a recorrer casi 90 yardas para tratar de ganar el juego.

De la misma manera, no se debe ignorar que hace apenas dos semanas Rivers debió asimilar el cambio de coordinador ofensivo tras el despido de Ken Whisenhunt y la promoción del muy joven Shane Steichen de apenas 34 años de edad. Y si a eso le agregamos que su corredor estelar, Melvin Gordon también regresó con el equipo hace apenas unas semanas tras su pleito contractual, tenemos a un conjunto que ha sido armado y desarmado con el paso de la campaña.

Asimismo, ¿alguien ha pensado en por qué el plan de juego de Kansas City fue más conservador en el juego aéreo que Los Angeles?, porque no es lo mismo mandar 52 jugadas de pase contra sólo 32. En otras palabras, Andy Reid decidió proteger a su mariscal de posibles errores ante el tema de la dichosa altura de la Ciudad de México al no saber cómo podría desenvolverse, mientras que el coach Anthony Lynn supuso que podía ganar lanzando.

Es verdad que Rivers tiene 37 años, está en su temporada 16, su mecánica de lanzamiento es de las más feas de la Liga, nunca ha sido un pasador de envíos largos, sin embargo su éxito se ha basado en gran parte de su carrera en planes de juego de pases cortos y apoyado en un buen ataque terrestre; no olvidemos que algunas de sus mejores campañas fueron teniendo a un corredor como LaDainian Tomlinson y un blanco seguro en el ala cerrado Antonio Gates, ambos jugadores consistentes, cosa de la que hoy adolece y para muestra está el berrinche de Melvin Gordon que lo privó de su mejor hombre por tierra.

Rivers no es un jovencito, pero tampoco un cartucho ya quemado como Eli Manning, de los Gigantes, así que lo mejor sería evaluar su entorno y bajarlo de la cruz donde ya lo han colocado.

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